viernes 3 de julio de 2009

Otro depósito sesentero



jueves 2 de julio de 2009

Sueño 38

Sueño que estoy dando una clase. Los alumnos son gente de mi edad, algunos son compañeros, también algún amigo del trabajo. No he preparado la lección, y doy un texto a los alumnos para que lo lean. Yo, al mismo tiempo, leo de un libro algo que parece filosofía, o ciencia política, plagado de citas de autores con nombres extraños. Probablemente sea consecuencia de haber estado leyendo una novela negra islandesa en la que los protagonistas parecían sacados de El Señor de los Anillos. Mientras leo, aunque entendiendo a duras penas lo que dice el libro, escribo en la pizarra algunas ideas para comentarlas después. Es una pizarra tradicional, verde, y uso tiza. Lo que he escrito no se ve demasiado bien, no he apretado bastante. Entra un bedel y limpia la pizarra, pero no borra lo que yo he escrito. Le doy las gracias. Un alumno me hace una pregunta que no entiendo. No es que no entienda la pregunta, es que no entiendo las palabras. Suenan como chasquidos. Sucede algo en el aula que me permite no contestar su pregunta (que no llego a entender). Sigo leyendo del libro, se acerca un alumno que me hace otra pregunta. Esta vez sí entiendo las palabras, pero no acabo de comprender lo que quiere decir. Quiere saber algo relativo a un nombre de los que he escrito en la pizarra y que está en el libro. Esta vez la escritura de la pizarra es más fuerte, como si hubiera repasado los trazos. Se pone a mirar el libro que tengo entre las manos, señala un párrafo que parece aclarar su duda y se sienta. Sigo concentrado en ese maldito libro con nombres islandeses. Dos niños suben a la tarima. No les hago demasiado caso. Voy a escribir algo en la pizarra, y veo que los niños han borrado todo lo que había escrito, que iba a servirme para continuar la clase. Me doy cuenta de que he tenido a los alumnos perdiendo el tiempo durante más de una hora, y que esperan aprender algo. Decido iniciar un debate sobre el texto que han leído. No sale demasiado bien. Entre los alumnos está A, yo lo sé, pero ella no levanta la cabeza del pupitre, no me mira, no le veo la cara. Eso me causa algo de malestar. Un alumno dice que les gustaría que yo expresara mi punto de vista sobre el texto. Se me ilumina la cara y digo con alegría "¡yo soy wittgensteniano!". La reacción no es la que esperaba. Algunos sonríen condescendientes, otros ponen cara de pasmo o desesperación, no estoy seguro. Decido proponer otra cuestión para debate: "¿pensáis que el poder, para que sea verdadero poder, tiene que ejercerse de vez en cuando de forma gratuita?". En realidad, la palabra gratuita no es la que buscaba. Buscaba la palabra "caprichosa", pero no viene a la cabeza hasta después de haber despertado. Creo que en ese momento me despierto y empiezo a darle vueltas al sueño. Me parece que me vuelvo a dormir, y tengo una ensoñación en la que, mientras veo a unos ciudadanos corriendo por una especie de puente sobre una autopista, perseguidos por unos policías que al poco tiempo se ponen unos guantes negros, pienso que el verdadero Estado debe ejercer su poder sobre el pueblo, de manera que el pueblo no pueda vivir sin el Estado, los ciudadanos deben depender para su subsistencia del Estado, éste debe facilitar la sanidad, la educación y la seguridad, y al mismo tiempo debe ser represor y policial, para no sólo ser necesario, sino también temido.

Luego, ya despierto, me da por pensar que los gobiernos liberales que hemos tenido por estos alrededores antes de la crisis no querían un Estado fuerte, su finalidad era que las necesidades de la población se cubrieran por el propio mercado; y el papel del Estado era únicamente el de alimentar a los agentes productivos del mercado, inyectando caudales públicos a una economía que en esos momentos no los necesitaba; y que ahora, cuando es necesaria la inversión pública y la reducción de impuestos, el Estado se ha encontrado con la caja vacía.

Pienso también que ideas como las de la ensoñación (Estado represor, policial, proveedor único de bienes y servicios esenciales) son peligrosas, conducen al Estado Socialista modelo soviético orwelliano. Pero no sé por qué antes de pensar en la URSS Orwell, me viene a la cabeza la URSS y el régimen nacional-socialista.

Ahora releo esto y me parece todo una soberana estupidez.

lunes 29 de junio de 2009

Depósito sesentero



martes 23 de junio de 2009

Libre asociación de ideas

frivolidad matrimonio adulterio niños niñas pequeños grandes ojos dos tres tristes tigres rayas tigres leones follar dormir morir puente viaducto moto rueda toro todo nada algo dios todo nada algo algoritmo neperiano neper napia nariz cáncer sol solenoide resistencia tortilla jamón hueso sopa caldero meter-y-sacar morcillas-en-aceite perlas abuelo guerra harto silencio extraño pensamiento

Vaya puta mierda.

lunes 22 de junio de 2009

El hombre invisible

Trabajo ahora en un sitio donde hay muchas moscas. En el zaguán. Es un edificio viejo, de techos muy altos. Cuando empieza a hacer calor decenas de moscas vuelan a media altura. Alguien, hace unos años, pensó que entraban desde la calle e hizo colocar unas puertas de cristal automáticas, de esas que cuando alguien se acerca se abren y se cierran solas. Están retranqueadas, para evitar que se abran cada vez que un peatón pasa por delante. El caso es que sigue habiendo moscas, así que o aprovechan el momento en el que alguien entra en el edificio para colarse, o vienen de dentro.

Todo esto lo digo porque el otro día pasó algo raro. En mi casa, en cada rellano, en lugar de un interruptor para la luz, también hay un sensor que actúa cuando detecta movimiento, como el de la entrada de mi trabajo. El chisme funcionaba bien, yo abría la puerta de mi casa, salía al rellano y la luz se encendía sola. Pero el jueves no se encendió. Di saltitos, agite los brazos, nada. A tientas busqué el botón para llamar el ascensor, y cuando se abrieron las puertas, el sensor detectó el movimiento y se hizo la luz. No le di mayor importancia hasta que llegué al trabajo y las puertas de cristal anti-moscas no se abrieron. Me puse a saltar como un batusi, y ni por esas. Tuvo que llegar alguien detrás de mí para que pudiera pasar. La ordenanza me saludó y sonriendo me dijo: "¡eres invisible!". No le di más importancia hasta que cuando a mitad mañana salí a tomar un café las puertas tampoco se abrieron. Como había bastante trasiego de gente, no se notó mucho y pude llegar a la calle. Para evitar problemas, al volver me quedé esperando a que alguien entrara, ponerme yo detrás y poder cruzar la puerta.

Los sensores volumétricos no me ven. Lo tengo comprobado. Ayer entré en casa sin desactivar la alarma, y no se disparó. Anduve por el pasillo, por el comedor, entré en el despacho y me acerqué a la caja fuerte... nada. Estando haciendo mis experimentos de invisibilidad, llegó mi mujer y la sirena empezó a aullar. Le tuve que mentir, le dije que me había olvidado de desarmar la alarma y que extrañamente no se había disparado. Llamamos a la central y mandaron a dos técnicos a revisar la instalación, cambiaron todos los sensores, por si acaso. Ni que decir tiene que los nuevos tampoco me detectan.

Estoy planteándome cambiar de oficio. Puedo entrar en cualquier sitio protegido con sensores de movimiento sin ser visto. Creo que este verano me voy a dedicar a vaciar pisos.

domingo 21 de junio de 2009

Copa America

Hoy Ayer me he quemado quemé los brazos. Por el sol. Iba paseando en la moto buscando un bar dentro del recinto del Puerto de Valencia para tomar una cerveza. Ni uno. Cero. Increíble. Hace un par de años había como mínimo media docena. ¿Por qué? ¿A nadie le apetece tomar algo mirando al mar?


Nota: A es el Bar La Aduana. Está justo en la entrada, técnicamente está dentro, pero desde su terraza no se ve el mar. Y es un bar de toda la vida. Quiero decir, que no es un bar nuevo que se montara después de las obras, está allí desde que tengo memoria. D es Casa Calabuig. Está fuera del recinto, y también es un bar de toda la vida.

La zona gris

Cuando escribo el título no puedo evitar pensar en La zona muerta, en La delgada línea roja o en El filo de la navaja, aunque no tengan nada que ver.

De vez en cuando alguien me riñe porque juzgo el mundo en términos de bueno o malo, blanco o negro, como lo pudiera hacer un niño pequeño. Recordaréis, o no, una entrada anterior que empezaba con las palabras "el bien y el mal son asuntos esenciales", en la que ya hablaba de estas cosas. Creo que no interesa mucho, pero escribir con la esperanza de que alguien me lea hace que me esfuerce por intentar expresar con claridad ideas que de otra manera jamás se convertirían en mensaje. Intento también que el mensaje sea entendible.

Cuando alguien me riñe por juzgar el mundo en términos de bueno o malo es como si me riñeran por sacarme los mocos de la nariz, hacer una pelotilla con ellos y lanzarlos por la ventanilla del coche. Ya sé que no debo hacerlo, que me riñan no sirve de mucho porque no tengo intención de dejar de hacerlo. También sé que hay una zona gris. Todos nos movemos en esa zona gris. Pero sigo juzgando en términos de blanco o negro. Y para no volverme completamente loco, ayer me acerqué a la zona gris para mirarla de cerca, y resultó ser como un cuadro puntillista: la zona gris no se hace mezclando en la paleta el blanco y el negro con mayor proporción de una pintura u otra. El gris son puntos de blanco puro sobre un fondo negro, o puntos de negro puro sobre un fondo blanco. A más puntos, tenemos un gris más claro (o más oscuro, si los puntos son negros sobre fondo blanco). Quiero decir que una acción compleja se puede descomponer en acciones más simples, y son las más simples las que son blancas o negras, no grises. Esto, en cierto modo, supone afirmar que las acciones simples son buenas o malas, nunca indiferentes. De lo cual no estoy muy seguro. (Tampoco estoy muy seguro de si una acción compleja es gris claro o gris oscuro por ser el blanco o el negro los dominantes. ¿Sería posible una acto complejo gris claro con un predominio de puntos negros?).

Así, hay gente excelente (fondo blanco) que de vez en cuando comete alguna mezquidad (un punto negro). Y hay gente despreciable (fondo negro) que de vez en cuando hace algo bueno (un punto blanco). Lo que me lleva a pensar que nos llama más la atención el punto blanco sobre el fondo negro que el punto negro sobre el fondo blanco: la buena acción del malvado es algo sorprendente, mientras que la mezquindad del santo es algo comprensible (nadie es perfecto). Lo que a su vez me hace creer que del alguna manera todos (¿o sólo yo?) tendemos más fácilmente a ver lo negro como lo normal, mientras que lo blanco es lo extraordinario.

Parece también que el fondo blanco o negro es algo propio de cada cual, y que sólo se puede pasar de un tipo de fondo a otro cubriendo totalmente el lienzo de puntos de su color contrario, lo cual en la práctica es imposible y estúpido, porque inevitablemente pintaremos un punto del color original del lienzo. Mantenernos eternamente evitando pintar puntos del color original no parece muy probable en términos estadísticos. Buda abandonó a su joven esposa y a su hijo, aunque dicen que ella le perdonó e incluso se convirtió en una monja budista, pero del hijo de Buda no tengo información. Para un occidental, ese abandono sería un punto negro sobre un fondo blanco. Un puntazo negro. Un tintero derramado sobre una sábana. Este comentario no tiene demasiado sentido, en cualquier caso.

Entiendo lo de los puntos negros y los puntos blancos. Desde el punto de vista del juicio, quiero decir. Incluso el puntazo de Buda lo comprendo, se podría justificar. Pero siguen sorprendiéndome (mentira: irritándome) las mezquindades aleatorias y gratuitas.

Releo lo anterior antes de darle al botón "publicar" y pienso que debo parecer un demente, pero no importa. ¿O sí? ¿Esto es un punto blanco sobre un fondo negro, un punto negro sobre un fondo blanco, una mezcla de puntos blancos y negros o simplemente una ventosidad que huele mal pero no tiene color?

miércoles 17 de junio de 2009

Qué siglo llevamos



lunes 15 de junio de 2009

Sueño 37

Hay una mujer de aspecto corriente, algo estropeada, que está en unos aseos para hombres, bastante sucios. Con la mano comprueba en un urinario que el grifo no funciona bien, que gotea. Ya digo que está todo bastante sucio. Va hacia la llave de paso del agua y la cierra para evitar que gotee el grifo del urinario. Se da cuenta en ese momento de que el agua lleva tal presión que reventará toda la instalación e inundará la casa inmediatamente. Avisa para que todos abandonemos el edificio. Yo busco las llaves de mis motos y dejo la casa.

domingo 14 de junio de 2009

Vamos allá

Estaba el otro día comiendo con unos amigos. Comentábamos el sketch de Eva Hache, el del Derechil. Uno de los comensales no lo había visto, y yo se lo expliqué. Probablemente no lo hice demasiado bien, porque el ignorante no entendió si el Derechil servía para volver a ser de izquierdas o para convertirse definitivamente en un neocón. La verdad es que no le reprocho la confusión. Dándole vueltas al malentendido, y tratándose de un medicamento prescrito para los desórdenes ideológicos, no es un desatino. Cuando vamos al psiquiatra con algo de angustia vital y nos receta ansiolíticos, lo que nos están dando es algo para que la mierda que nos produce desazón deje de producírnosla y el asqueroso mundo en el que vivimos nos parezca el mejor de los posibles. Pero volviendo al tema, el caso es que el hombre contó su periplo ideológico, que era justo el contrario al mal que el Derechil pretende curar: decía que él había sido de derechas, pero con el tiempo se hizo de izquierdas, o al menos eso es lo que pensaba. Así, de ir afeitado y con el pelo corto peinado hacia atrás, había pasado a dejarse el pelo largo y despeinado y bigote y barba permanente de cinco días. Pero al mismo tiempo contaba que llevaba a sus hijos a un colegio católico, que iban a tomar la comunión, etc. Y mirando un poco más en detalle su vida, lo único que tiene de izquierdas (y con reservas, porque con este criterio Pocholo Martínez-Bordiu podría ser un rojo) es la pinta: le gustan los coches caros, los pisos grandes y cerca del centro y no tiene una casita para los fines de semana porque no puede. Y su máxima aspiración es vivir sin trabajar. Vivir bien, además. Así que mi amigo quizá no necesite Derechil. Más bien algo que le vaya recolocando paulatinamente pero sin descanso de nuevo a la derecha.