jueves, 28 de enero de 2016

El puto blog

Veo que la primera entrada visible de este blog es bastante vieja ya. De 2006, concretamente. Y estamos en 2016, cosa que digo aquí para no hacerme trampas a mí mismo y editar la fecha del post con la opción de programar. En 2015 no publiqué nada. Y me digo que bueno, son unos cuantos años, y que durante esos años han pasado cosas (con esta frase me recuerdo a Mariano) y sin proponérmelo mi vida ha dado un giro de 360º (como Pablo según Pedro). Pero que sí, que estoy en el mismo sitio que estaba entonces, al menos en ciertos aspectos. En otros no. Ya no monto en bici. No bebo vodka y gin tonics sólo si no hay más remedio. Leo poco, en vacaciones no más. No hago fotos. Tampoco tengo ganas de escribir: ocurrió después del verano de 2011, no preguntéis por qué, no lo sé ni yo, simplemente pasó; o descubrí que por la noche es mejor dormir, ver la tele o beber cervezas que escribir cosas que nada más interesan a tres o cuatro personas tirando por lo alto; o se impuso la realidad de tener que madrugar más (por cuestiones que no vienen al caso) ergo la de necesitar meterme antes en la cama; o los recortes de Mariano me dejaron fuera de combate; o resultó que no tenía nada que contar, o lo que tenía que contar era bastante estúpido (que es lo mismo que no tener nada que contar).

Releo y veo que los aspectos de mi vida que han cambiado consisten esencialmente en haber dejado de hacer cosas.

Y si hoy me siento delante del ordenador es para ver si se me pasa este tedio este que tengo encima (ostras, el ordenador con el que escribo es el mismo que tenía en 2006; otra faceta de mi vida que no ha cambiado, sólo un poco refurbished. El ordenador, no mi vida: la crisis y la apatía han dejado huella). Y quizá también como propósito de año nuevo, con algo de retraso, como todo lo que hago.

Y pasado tanto tiempo me parece que los blogs personales ya no se llevan. De hecho, estuve tentado de reconvertir esta cosa en un blog temático, mirad un poco más abajo si queréis, ahí queda como parte de mi legado, la verdad, me costó un huevo redactarlo y no creo que lo haga más.

A propósito de lo que queda y lo que no, es cierto que algunas entradas las retiré. La vida da tantas vueltas (o sólo una completa, de 360º) que nunca se sabe qué puede pasar.

Lo de los blogs temáticos lo decía porque he visto un anuncio en la tele en el que sale un helicóptero con una "bloguera de moda", y me he quedado algo acojonado, no sé, con la sensación de que ser bloguero a secas, contar así porque sí lo que a uno se le ocurre es cosa de otros tiempos.


Aunque en realidad no sé por qué me preocupo. Además de una bloguera de moda hay un abogado en prácticas, un padre de familia y una estudiante buscando piso. Sólo se quedan sin adjetivo el policía y la prometida, que además sólo enseñan la placa pero no la pistola ni el novio.

Hasta pronto, espero.

viernes, 14 de noviembre de 2014

La ciudad devastada


Decido dar una vuelta a mitad mañana. Camino sobre el chirriante suelo técnico hasta los ascensores, pulso y monto en el primero que llega para bajar. Zaguán, hall o lobby, cruzo la puerta giratoria -es curioso que hayan optado por una puerta giratoria para un lugar como éste (lobby, lobby)- y salgo a la calle. Me dirijo hacia el río. Veo una pasarela en la que no me había fijado antes, está fuera de mi ruta de acceso y también de la de escape. Es una plataforma metálica, pintada de amarillo, su anchura apenas permite el paso de alguien que la cruce en dirección contraria. Los barrotes rodean al transeúnte, abajo, izquierda, derecha, arriba, pero no resguardan del viento ni de la lluvia. Más o menos en el centro hay una construcción de hormigón y acero. Está sobre un estanque con dos compuertas que se supone que regulan el caudal entre un charco superior y el inferior. El edificio tiene escaleras, vanos de puertas y ventanas, algunos tapiados o enrejados. Falta suelo en algunas superficies, quizá por precaución, puede que por negligencia. No recuerdo haber visto ningún cartel prohibiendo el paso. En la pared junto a la pasarela, una pintada: "La Biblia es una historia muy buena, pero no es una historia cierta", o algo así. Tres pequeños pentagramas abajo a la derecha. Asomo la nariz entre los barrotes; abajo, junto al agua, unos espacios que no sé como definir albergan lo que parece ser la cama de alguna persona que duerme allí de vez en cuando. Sigo caminado. En la otra orilla edificios residenciales con bajos comerciales. Una mutua de accidentes de trabajo. A un lado una gasolinera y el aparcamiento de un hipermercado. Al otro lado, más o menos cada cincuenta metros, un local en alquiler o venta de lo que fueron oficinas de bancos o cajas. Pilotes de acero para evitar alunizajes. Una frutería pakistaní. Una farmacia. Una asesoría jurídica cerrada. Una fracasada cafetería pretenciosa, ahora los cristales tapados con papeles. Un estanco sin clientes.

Me siento en un pequeño parque entre las persianas bajadas de los locales comerciales. Intento tomar alguna nota, no llevo nada para escribir y el teléfono móvil me parece más que nunca un triste plástico en el que jamás encontraré consuelo. Tampoco sé qué anotar. Me digo a mí mismo que debo recordar cada paso que dé, casa cosa que vea.

Hora de volver. Cruzo de nuevo la pasarela, cómo será aquello de noche. Al fondo de los cuatro planos que forman la jaula de hierro que es el camino se ve una persiana echada con un graffiti. No recuerdo lo que dice.

Cerca de mi destino veo personas que no son del barrio, injertadas allí por los mismos motivos por los que cerraron las oficinas de bancos o cajas o asesorías jurídicas y por los que el estanco está vacío. Personas extrañas que salen de las Torres de Mordor para desayunar en cafeterías nuevas  en bares obreros que llevan allí toda la vida repartiendo platos con olivas, bocadillos king-size, cerveza y carajillo y que ahora tienen que adaptarse a la demanda de tostadas con tomate. Esas mismas personas devoradoras de tostadas con tomate, y yo también, al acabar la jornada montaremos en vehículos galácticos y conduciremos a través del hiperespacio hasta llegar a nuestras casas. Materia a través de agujeros de gusano.

miércoles, 30 de julio de 2014

El retrato

Hace seis años un amigo que juega al tenis, toca la guitarra, monta en Vespa, hace fotografías y se gana la vida con un restaurante coreano, me cazó cerca del Mercado Central y me hizo una foto, así, sin pensarlo mucho. Yo iba vestido de faena, pero el resultado me gustó especialmente (quizá porque es el único retrato medio reciente que tengo). Lo enmarcamos y lo colgamos con otras fotos de familia hechas por nuestro amigo tenista, guitarrista, vespista y korean-chef. Es la foto que pongo en mi currículum vitae y la que uso como avatar en los sitios donde no me preocupa dar la cara y mi verdadero nombre.

Paso por delante de ella todos los días varias veces, pero no sé por qué hace un par de semanas me quedé mirándola. Era como el retrato de Dorian Gray pero al revés, es decir, la cruda realidad. El retrato se había quedado en 2008, yo no. Parecido corte de pelo, parecida barba, mismas gafas. Parecida ropa, tuve que tirar aquel impermeable naranja porque perdió su principal función, he buscado otros de color naranja sin éxito, este año se lleva el rojo y el pistacho. Pero bueno, la foto es en blanco y negro y me compré un chubasquero gris, así que podría mantenerse la impresión general. Me miro el pelo: el corte es el mismo, pero no la cantidad. El bigote: más poblado para esconder una cicatriz que antes no estaba ahí, un accidente, algo que hizo que aparcara las motos más de lo que ya lo estaban. Las gafas: el esmalte prácticamente ha desaparecido. La sonrisa: también, creo. Digo creo porque por mucho que lo intente soy incapaz de sonreír delante del espejo. Pero lo peor es la mirada.

En 2008 aún había esperanza.

miércoles, 12 de febrero de 2014

La lechera


Toda la familia en el coche. Un grupo de furgonas del CNP están aparcadas junto a la Plaza de Toros. Comento: "cuánta lechera". Mi hijo de 12 años me pregunta por qué se llaman lecheras. Contesto inmediatamente: porque de ahí salen los policías repartiendo leches. Es tan obvio que me sorprende mi propia respuesta. Siempre había pensado que las llamaban lecheras por parecerse a los antiguos vehículos de reparto de leche, digamos que no le había dado demasiada importancia a la etimología de la palabra. Pero creo que mi subconsciente ha estado trabajando estos dos últimos años y ha colado en el consciente el verdadero sentido de la palabra. Lechera.

Después de escribir esto, busco en la Wikipedia: "En España coloquialmente furgón policial, conocido así porque en los años 70 eran vehículos Seat blancos". Qué candidez la de los 70, Dios los bendiga.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Another brick in the wall

En estos momentos soy incapaz de escribir.

¿Por qué? Llevo haciéndolo, de una forma u otra, desde los 18 años.

lunes, 23 de diciembre de 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

Sobre la Ley 10/2010, de 9 de julio, de Ordenación y Gestión de la Función Pública Valenciana

Este post se aparta bastante de la temática habitual del blog. Trata sobre una cuestión que probablemente importe poco a los que (aún) se pasan por aquí, pero es una cuestión a mí me ocupa y me preocupa. Así que aviso de qué va esto (el título de la entrada ya es una pista): la Ley 10/2010, de 9 de julio, de Ordenación y Gestión de la Función Pública Valenciana (LOGFPV).

Voy a intentar escribir todo esto sin mirar ninguno de los textos legales a los que haré referencia hoy. Por agilidad y por no aburrir demasiado. Toco de oído, pues.

La Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP) establece, en el marco del artículo 149.1.18º de la Constitución, las bases del régimen estatutario de los empleados públicos. Esto significa que contiene una serie de preceptos que constituyen el núcleo de la regulación de la Función Pública (permitidme que lo escriba con mayúsculas, aunque hoy en día sea política y seguramente ortográficamente incorrecto), núcleo de obligado cumplimiento en todo el Estado pero que puede ser desarrollado por el propio Estado, en el exclusivo ámbito de su Administración, y por las Comunidades Autónomas en el propio respectivo.

Se dice que el EBEP es una norma asimétrica: sus aspectos básicos descienden a cuestiones que podrían entenderse como parte de la potestad de autoorganización de las Administraciones públicas (como el régimen de permisos y licencias) con rango de mínimos, mínimos que inicialmente pusieron el listón tan alto que nadie protestó. Quiero decir que no levantaría ampollas, al menos entre los empleados públicos, una norma que con carácter básico reconoce (por primera vez que yo sepa) el derecho a percibir dos pagas extras anuales que incluyan la totalidad de las retribuciones básicas y las complementarias del puesto de trabajo, o que establece el número mínimo de días de vacaciones (por poner dos ejemplos simplones) y en muchos casos por encima de lo que estaba regulado de manera uniforme, aunque no básica, por todas las Administraciones públicas (AAPP). Y además permitía que cada AAPP añadiera las mejoras que considerara oportunas en lo que a condiciones de trabajo se refiere (salvo cuestiones salariales, cuyo límite máximo global lo establece anualmente la Ley de Presupuestos Generales del Estado; no era mi intención hacer tantas salvedades, no creo que esto lo lea mucha gente, pero si lo lee algún experto creo que son necesarias). En otras materias fundamentales y que en mi opinión requieren una mínima uniformidad en todas las AAPP, como las situaciones administrativas (más) o régimen disciplinario (menos) deja amplio margen de desarrollo a las Comunidades Autónomas (CCAA). Para acabar de esbozar el panorama general, determinados preceptos básicos entraron en vigor transcurrida la vacatio legis del EBEP, mientras que otros lo harían cuando por las CCAA se dictara la normativa de desarrollo correspondiente.

A fecha de hoy, salvo error u omisión, las únicas leyes de desarrollo del EBEP dictadas por las CCAA son la Ley 10/2010, de 9 de julio, de Ordenación y Gestión de la Función Pública Valenciana, la Ley 4/2011, de 10 de marzo, de Empleo Público de Castilla-La Mancha, y como rara avis, la Ley 3/2007, publicada sólo unos días después al EBEP, por lo que no lo desarrollaba inicialmente (la tramitación fue paralela) y sigue ajustándose a lo básico de la Ley 30/1984, de 2 de agosto, de medidas para la reforma de la Función Pública, aunque su posterior modificación por Ley 9/2012 si debió tener en cuenta el EBEP.

En estas líneas voy a ceñirme a la ley valenciana, la LOGFPV, que puede presumir de ser la primera norma autonómica de desarrollo del EBEP, con lo todo lo bueno y todo lo malo que tiene eso de ser los primeros en algo.

La pregunta es ¿por qué los primeros? Y no es fácil la respuesta. Y se me ocurren varias razones por las que resulta difícil entender las prisas valencianas en desarrollar el EBEP. Por ejemplo, la peculiar configuración del empleo público de la Generalitat (valenciana). La ya derogada Ley 10/1985, de 31 de julio, de la Función Pública Valenciana y sus sucesivos textos refundidos mostraban una Administración en la que inicialmente los cuerpos de funcionarios no existían, y posteriormente nacieron unos pocos como algo raro.

Acabo de hacer una pausa y me ha dado por pensar para qué escribo esto, si la cagada ya está hecha y arreglarla, si es que se puede, requerirá tantos años como los que hicieron falta para que el experimento de la Ley 10/1985 (Administración sin cuerpos) fuese lo suficientemente estable para funcionar. Porque yo creo que al final funcionaba, en un equilibrio inestable, pero equilibrio a fin de cuentas. Pero lo que yo crea sobre la difunta Ley de la Función Pública Valenciana es otra cuestión.

Bien, el caso o la cosa es que una Administración sin cuerpos, en la que únicamente se hablaba de puestos de trabajo de administración general, especial y laborales (perdón, y eventuales, claro) tuvo que ir organizándose en colectivos (rebaños), distinguiéndose unos por las funciones para cuyo desempeño fue seleccionado el personal (las de los puestos de administración general: participación en la producción de actos administrativos) y otros, aunque teóricamente estaban destinados también para facilitar la producción de actos administrativos, en realidad se caracterizaban bien por la titulación exigida en el acceso (ingenierías varias, Arquitectura, Psicología...) bien por propio contenido de las pruebas selectivas, que limitaba el desarrollo profesional de los seleccionados a los puestos de trabajo reservados para el colectivo. Por decirlo de alguna forma, los colectivos eran algo parecido a los cuerpos, pero mucho mas difusos tanto en cuanto a la identificación de sus integrantes (simplemente intuida) y a su creación: no por ley, sino por una sencilla resolución administrativa no publicada ni notificada. El concepto de colectivo pretendía ser un dato instrumental pero iba mucho más allá, como ya habréis sospechado.

A este gazpacho debemos añadir la inicial laboralización de la Administración, con su origen en la Ley 30/1984 y a la que puso fin la Sentencia del Tribunal Constitucional 99/1987, tras la cual los gestores del Estado y de las CCAA tuvieron que ordenar nuevamente sus relaciones de puestos de trabajo (RPTs) a través de lo que coloquialmente se llamó "funcionarización". Este término no existe en el diccionario de la RAE, pero podría definirse como "acción o conjunto de acciones cuyo fin es convertir un contratado laboral de la Administración en funcionario de carrera". El Estado optó por la modalidad concurso-oposición con cupo restringido, una version ultra-light de lo que es o era el acceso por turno libre, mientras que la Generalitat (valenciana), a través de la Ley 1/1996, de cuyo nombre completo soy incapaz de acordarme (algo así como de adaptación del régimen jurídico del personal la naturaleza de los puestos que ocupa) estableció una innovadora modalidad de forma de acceso a la condición de funcionario que fue ni más ni menos el curso selectivo con evaluación continuada. El modelo estuvo a punto de acabar en el Tribunal Constitucional, y sospecho que no llegó a ese punto por el hecho de que el PP acababa de llegar al Gobierno de España cuando el PP también gobernaba en la Generalitat (valenciana). El invento tuvo tanto éxito que fue copiado por unos y otros, y por supuesto volvió a incluirse en la LOGFPV a pesar de que poco antes fue declarado inconstitucional con ocasión de una modificación de la ley de la función pública asturiana. El resultado de la funcionarización en la Generalitat (valenciana) fue el nombramiento de funcionarios de carrera de administración general (de fácil identificación) y de administración especial sin identificar el colectivo al que pertenecían. Esto reventó un poco la estructura, pero no supuso gran obstáculo por ello al tratarse de una Administración relativamente pequeña en la que todos se conocían y sabían de dónde venía cada cual. De hecho, desde que culminó la primera funcionarización en 1999 hasta la fecha no se ha intentado solucionar el problema, por lo que probablemente no lo fuera.

Desde 1985 hasta 2010 los puestos de trabajo se fueron configurando a medida de las necesidades de la Administración de la Generalitat (valenciana), de los acuerdos suscritos con los sindicatos y de los fallos de las sentencias de lo contencioso-administrativo. Se aprendió mucho, algunas cosas elementales, otras no tanto, y otra vez en mi opinión, en lo que a RPTs se refiere, en los últimos años pocas veces la Generalitat (valenciana) tuvo que acatar fallos que exigieran adaptaciones del sistema. Alguna cosa hubo, sí, pero explicarla aquí y ahora costaría más que el interés que pueda tener. La cuestión es que funciones y requisitos de puestos singularizados y no singularizados fueron perfilándose de manera que las retribuciones se adaptaron a su contenido, en cuanto a requerimientos de preparación, dedicación, responsabilidad, experiencia y dificultad técnica. El detalle de las funciones de los puestos llegó, en casos, a ser muy exhaustivo; y los requisitos de acceso, definidos a través de colectivos, adecuándose a las exigencias de formación de quienes debían desempeñarlos.

A estas alturas del post supongo que alguno se preguntará qué tiene que ver todo esto con la LOGFPV y cuándo empezaremos a entrar en materia. Dadme algo de cuartelillo.

El EBEP contiene muchas cuestiones nuevas y desarrollables que permiten configurar un nuevo modelo de Función Pública, aunque no tantas como proponía el famoso informe de 2005 de la conocida como "comisión de expertos": el directivo público profesional, la evaluación del desempeño y la carrera profesional horizontal (por ejemplo). Y luego otras que quizá no pretendían tener mayor relevancia pero que en el caso de la Generalitat (valenciana) eran cruciales. Me refiero concretamente a la organización de los funcionarios en grupos, subgrupos, cuerpos, escalas y agrupaciones profesionales funcionariales. Me explico: si bien en la mayoría de las AAPP el personal pertenecía a cuerpos y escalas, en la Administración de la Generalitat (valenciana) no (salvo esos pocos cuerpos de los que os he hablado más arriba y que se salían del planteamiento general). Porque los cuerpos tenían su origen, en su mayoría, en normas anteriores a la Constitución, y la Ley 30/1984 lo único que hizo fue poner algo de orden en el ámbito de la Administración General del Estado. Pero NO con carácter básico. Sin embargo, el EBEP es básico en lo referente a la pertenencia de los funcionarios a cuerpos, escalas y agrupaciones profesionales funcionariales. Quizá sin medir las consecuencias que pudiera tener en AAPP como la valenciana. O sí. Ni idea.

Si leemos en diagonal la LOGFPV, veremos que introduce pocas novedades. El directivo público profesional queda bastante pobre, y la evaluación del desempeño no se regula, se deja su desarrollo a la aprobación de posteriores normas reglamentarias. En la práctica, la entrada en vigor de la LOGFPV no supuso ningún cambio importante, aparte del derivado del desconcierto de los gestores, que no entendían como era posible que se derogara la anterior normativa y sin embargo se siguiera aplicando.

Por fin llegó el primer desarrollo reglamentario: el Decreto 56/2013, sobre el procedimiento de clasificación de puestos de trabajo y aprobación de las RPTs. Y unos meses después, el 17 de septiembre de 2013, la primera RPT en la que se definían los puestos de trabajo haciendo referencia los grupos y subgrupos del EBEP y a cuerpos, escalas y agrupaciones profesionales funcionariales en lugar de a administración general, especial y a colectivos de titulación o funcionales. Y aquí se abren varios melones. Los requisitos deben reconducirse a cuerpos, escalas y agrupaciones profesionales funcionariales, con restricciones que antes no existían y que requieren un proceso de análisis que no fue demasiado transparente. Las funciones también se definen de nuevo en la mayoría de los casos por remisión a las de los respectivos cuerpos, escalas o agrupaciones profesionales funcionariales. Y los anexos de la LOGFPV las definen en ocasiones de forma excesivamente genérica. En lo que se refiere a los funcionarios (y la mayoría de los laborales), deben integrarse en esos cuerpos, escalas o agrupaciones profesionales funcionariales, pero no siempre cuentan con las titulaciones exigidas para acceder a los mismos, lo que nos conduce a una serie de normas a veces algo oscuras e incluso contradictorias recogidas en las disposiciones adicionales de la LOGFPV. Algo que me intriga particularmente es como se determinan las funciones de un puesto susceptible de ser desempeñado por funcionarios de más de un cuerpo o escala, cuando se definen como "las propias del cuerpo o escala al que esté adscrito". Quiero decir, si los requisitos de acceso a un puesto son pertenecer a la escala de Trabajo Social, o a la de Educación Social, o al cuerpo de Psicología, y las funciones de unos y otros son distintas, ¿qué se espera del ocupante del puesto? ¿Que las desarrolle todas, aunque sólo pertenezca a un cuerpo o escala, o que las funciones del puesto sean las del cuerpo al que pertenece quien lo desempeña? Nos encontramos ante un rompecabezas de difícil (no imposible) encaje cuya finalidad es que cada funcionario o trabajador continúe haciendo lo mismo que venía haciendo con anterioridad y por el mismo precio. Esto es una simplificación, lo reconozco, pero también es mi percepción.

Entonces, si la LOGFPV supone para la Función Pública valenciana un giro de 360º (sí, de 360º) ¿para qué tanta prisa por ser los primeros?

No sé si continuará esto.

sábado, 5 de octubre de 2013

Epicidad o la vida no es un anuncio


Epicidad. La primera vez que oí la expresión fue en boca de Willyrex, un muchacho que sube a YouTube vídeos comentados de gameplays. Y cada vez que veo el último anuncio de Nespresso, o alguno más antiguo de Red Bull o Voll-Damm, me viene a la cabeza el palabro. Me entran ganas de ser ejecutivo rompedor, músico, bailarín, explorador, tenista, surfero, motorista vagabundo, boxeador, jugador de rugby, paracaidista, bombero, reportero de guerra, pintor, pedorra, ecologista pro, mafioso de depósito de contenedores, montañero, skater, biker, piloto de avión o de Fórmula 1, traceur, espeleólogo, jugador de basket, piragüista de aguas bravas, saltador, DJ, astronauta. Me entran ganas de ir a por ello aunque me equivoque, aunque me cueste el coche, un par de dientes, mi próximo ascenso, pasar frío, hacerme daño, perder la cabeza, las formas o la legalidad, aunque haga el ridículo, me gane el desprecio o la soledad. Pero viviendo como yo quiero hasta las últimas consecuencias. Y quizá, y sólo quizá, llegar a ser quien soy. Y tomarme una cerveza a morro que acaba de servirme una camarera jamona en un bar mostoso, o un cafelín de máquina en mi despacho de doscientos metros del ático de un rascacielos de cristal en la City. Un barbudo con chupa de cuero raída o un master of the Universe con perfecto peinado y afeitado y nudo de corbata de precisión.

La cosa es que ya soy quien soy, supongo que el creativo quiso decir "ser quien quieres ser", y eso es lo más difícil de saber. Supongo que algunos se conforman con pasarlo bien, o con ser ricos, famosos, poderosos, o con tener una vida trascendente, mirar atrás y ver algo de grandeza. O con todo a la vez.

Si miro hacia atrás lo que veo no me gusta demasiado. Si miro hacia delante tampoco. Doy un segundo vistazo. ¿Como quién quiero ser? Difícil. Hasta hace poco no me cambiaba por nadie. Obviamente, querer ser como alguien y cambiarse por ese alguien no es exactamente lo mismo. No querer cambiarse por nadie añade un matiz: la esperanza de poder ser uno mismo, pero mejor. Continúo sin cambiarme por nadie, pero fantaseo con ideas absurdas. Un trasplante de cerebro o de cuerpo. Volver a nacer, retroceder en el tiempo. Una segunda oportunidad. Eso puede significar que creo sinceramente que la he cagado de manera irreversible. Que ya no puedo ser mejor.

Me cuesta mucho escribir. Puede que no tenga nada que decir.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Encefalograma plano

Tengo la manía de buscar explicaciones para todas las cosas. Hasta para las que no las necesitan: esto ha pasado, no ha tenido impacto en el funcionamiento del mundo ni de las vidas de los que lo habitan, es banal, irrelevante, punto. Pero no. Hay que pensar y pensar y pensar, con interrogatorio, tortura incluida si es preciso, versión cilicio o autoflagelación.

Un blog. Un puto blog en el que he escrito de todo, desde historias de amor hasta mi propia versión de la técnica del contramanillar en motocicleta. Una especie de fuerza ajena me empujaba al teclado cuando me venía una idea a la cabeza, y la escribía y la reescribía, publicando, revisando y volviendo a publicar. Así durante 5-6 años. Y de repente  o de repronto, nada. Desapareció el fondo y la forma. Las motos están en el garaje cubiertas de polvo, igual que el acuario vacío, las botellas de Canadian Club, los amigos, las cajas de legos y los libros. Dejar hacer y oír en lugar de vivir y contar lo vivido.

Quizá sea porque he visto cosas que jamás creí que ocurrirían y me han dejado pasmado. O simplemente, porque todo es  más plano. Encefalograma plano.