El viernes pasado mi hijo tenía que ir a recoger las medallas del campeonato de futbito. Le acompañó mi mujer. Yo me quedé con mi hija, que no quería ir. A las 10 y pico de la noche aún no habían vuelto, y le hice la cena a la niña. Media hora más tarde llegaron madre e hijo. El hijo llorando.
-El niño está un poco triste...
-¿Por qué?
-Porque no le han dado la medalla...
-¿¡Por qué!?
-Porque unos padres le han dicho al organizador del torneo que como el campo no estaba en condiciones y como había llegado varias veces tarde a los partidos, le iban a pagar sólo la mitad de la cuota de inscripción. Y el organizador, cuando tocaba que subieran los pequeños a recoger las medallas, las ha metido en una caja y se ha marchado sin repartirlas.
-¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! ¿Qué padres?
-Mi hermano y Paco [amigo del cuñado y entrenador del equipo].
-Joooooder... [lo repetí dos o tres veces. Mientras, el niño, lloriqueaba. Lo abracé un poquito; me daba la impresión de que no entendía nada]. ¿Y eso se les ocurre el día de la entrega de premios, justo antes?
-Ya se habían quejado antes...
-Pero de no pagar, ¿habían dicho algo?
-No lo sé...
-Joder... son unos putos genios, Paco y tu hermano.
-Tienen razón.
-No. No la tienen. Y aunque la tuvieran, no la tienen.
-Tienen razón.
-Pero ¿cómo se les ocurre?
-No se imaginaban que el tío ese no repartiría las medallas.
-Y dime tú: ¿Qué otra cosa iba a hacer? Ya verás como el año que viene paga todo dios sin chistar.
-No se imaginaban que iba a hacer eso.
-Qué subnormales son.
-Sí.
-No. Yo me refiero a tu hermano, a Paco y a los demás padres gilipollas que se creen que el torneo de futbito de la urbanización es la Champions.
-Tenían razón.
-La mierda es que dije que no quería saber nada del tema; el año que viene, si me preguntas, te diré que por mí, mejor que no juegue el campeonato. Se suponía que el niño iba a divertirse, no a volver llorando de la entrega de premios por la gilipollez de unos padres que no sé en qué cojones estaban pensando. ¿Qué se han ahorrado? ¿Han pagado 15 euros, en vez de 30? Pues para esto, aún han pagado 15 euros de más. Joder. JODER. JODER.
-Mi hermano tenía razón.
-... [cara de cabreo, ya no sabia qué decir].
Al día siguiente, en la playa, mi hermana preguntó por lo de las medallas y me puse como una olla a presión. Le pregunté a mi cuñado (marido de mi hermana):
-Cuñado, contéstame a esto: si un cliente, antes de terminar una obra, te dice que no te va a pagar más que la mitad, ¿tú la acabas?
-No.
-Pues eso.
Mi mujer:
-Mi hermano tenía razón.
-Cojones. ¡No tenía razón!
Seguí blasfemando contra mi cuñado (hermano de mi mujer), Paco y los demás gilipollas que se tomaban en serio una liguilla de futbito de niños de 7 a 12 años Noté que la gente me miraba. Había levantado bastante la voz. Me metí en el mar y me quedé a remojo hasta que se me pasó el calentón. En la comida, mi padre, sin ninguna mala intención, sacó el tema. Y noté como mi madre le daba pataditas por debajo de la mesa para que lo dejara estar, no fuera que me saltara el diferencial. Es duro darse cuenta de que los demás piensan que no estás bien de la cabeza.
Por la tarde me enseñó mi mujer un sms en el que "alguien" decía que pasaran el domingo, a las 17:30, a recoger las medallas. Lo hizo un poco así como quien no quería la cosa. Yo lo miré también como quien no quería la cosa, y dije mi célebre frase: "no me cuentes nada de ese asunto".
Domingo, 18:00. Mi mujer vuelve del polideportivo con mi hijo pero sin medalla.
-Que no les han dado la medalla. ¡Es alucinante! ¡Y los pobres Gremlims [otro equipo de pequeñajos] que se habían puesto el uniforme y todo, allí, todos de amarillito, también sin medalla!
-No sigas, no me interesa.
-Mi hermano se ha puesto hecho una furia, es que se lo toma demasiado en serio.
-Es que tu hermano la ha cagado, e igual le remuerde la conciencia.
-Tenía razón.
- ... [no supe qué decir, o repetí lo de siempre: “no la tiene”; no lo recuerdo bien].
Dos días después, martes por la tarde, en el paseo. Mi mujer, mi hermana y mi cuñado (marido de mi hermana) estaban comiendo pipas sentados en un banco. Me acerqué. El adicto a las pipas es como el fumador: si le ofrecen género, no puede rechazarlo. Por hablar de algo, comenté que esas vacaciones no me habían cundido nada, que igual había sido por habérmelas cogido en tres pedazos, y porque la semana que estuve solo con los niños trabajé más que en la oficina.
Mi mujer:
-¿Trabajar?
-Sí, llevarlos al futbito, hacer la comida, ayudarles con los deberes, bajarlos a la playa, ducharlos, fregar...
-Trabajar es lo que hago yo todos los días, no lo que tú haces... si tuvieras que hacer siempre lo que yo... No te preocupes, el año que viene me cogeré las vacaciones para que no tengas que llevar ningún día el niño al fútbol.
Me quedé pensando un segundo y pregunté:
-¿Quieres decir que las vacaciones del año que viene girarán alrededor del campeonato de futbito?
Mi hermana y mi cuñado (marido de mi hermana) soltaron una carcajada. La cosa quedó ahí. Se marcharon a bañar a mi sobrina y a darle la cena y nos quedamos mi mujer y yo solos. Mi mujer me contó como le había ido el día:
-Esta mañana mi cuñada [mujer del hermano de mi mujer] me ha traído a sus niños para que les echara un ojo mientras se bañaban. No se encontraba bien de la barriga.
-¿Ha cogido el virus?
-No, cree que ha sido de los nervios.
-¿Nervios?
-Sí.
-¿Por qué?
-Es que ha discutido con mi hermano, pero dice que ya está algo más tranquila.
-¿Por qué han discutido?
- ... [inaudible]
-¿Cómo dices?
- ... [inaudible]
-Que no te oigo.
-Por el futbito.
-Ah.
-Es que mi hermano se lo toma demasiado en serio.
-Ya.
Y dejamos la conversación y nos quedamos cada uno pensando en nuestras cosas.
Esta entrada la redacté el 5 de septiembre de 2009, y la guardé como borrador. Pero hoy es de plena actualidad. Ha sido revisada y publicada en la madrugada del último domingo del mes de enero de 2010.