viernes, 16 de marzo de 2007

El segundo día del resto de mi vida

Hoy, reunión a primera hora. Susana Pérez, y su jefe Luis Manuel Casporro. Bajo a buscarlos a Control de Acceso jugueteando con mi boli Montblanc. Me doy cuenta, pero decido no metérmelo en el bolsillo de la camisa, para hacer un poco el fantasma. Porque tengo una intuición, que resulta ser cierta: ella está buena (una morenita de treinta y pocos que podrían pasar por veintitantos) y él es un pedazo de alcornoque con corbata, más o menos de mi edad. Cuando los veo, él me tiende la mano, se la doy, y ella también, pero le planto dos besos. Con dos cojones, que hoy me he acordado de echarme colonia.

La reunión es en mi despacho, me acompaña el asesor jurídico. La cosa va bastante bien. El pedazo de alcornoque no habla y a ella le parece todo estupendo. Los acompaño hasta la salida. Cuando me vuelvo a mi mesa me doy cuenta de que el alcornoque ha tenido a la altura de su vista, durante toda la reunión, mi Pack Edición de Lujo de la Trilogía de la Guerra de las Galaxias. Igual por eso no ha podido articular palabra.

Uno día de estos, mi frikismo me va a costar el puesto de trabajo.

Luego me ha llamado la concejala Estefanía Peláez. En tono autoritario me dice: "¿Borde?" ¿Cómo es posible que tenga aquí dos protocolos diferentes de distinta fecha?" Algo confuso, repito "¿dos distintos?" y me contesta, acusadora, "sí, los dos con tu escrito de remisión". Entonces tengo una feliz iluminación (normalmente no soy tan rápido) y le digo: "¿no será que cada uno trata de distinto asunto, y por eso son diferentes y de distinta fecha?" Una pequeña pausa, se oyen más voces, y responde: "ah sí. Vale. Ya está claro".

Y cuelga.

Las grandes reflexiones de la mañana de hoy han sido: si a Susana (la que está buena) le habré parecido interesante, si el alcornoque se ha dado cuenta de lo de Star Wars -decido esconderlo en un archivador, el pack de la trilogía, me refiero-, y cómo molo cuando me acuerdo de los expedientes que llevo entre manos.

viernes, 9 de marzo de 2007

De profesión, mis labores

Llevo toda la mañana viendo entrar gente en mi despacho, hablando por teléfono y contestando correos electrónicos. No me puedo creer que me paguen por esto.

Ayer salí a cenar con mis amigos, estuvo bien, yo me retiré enseguida, algunos siguieron y se tomaron un gin-tonic. Aunque bebimos bastante vino, no tengo sueño ni resaca.

Definitivamente hoy estoy salido. Aparte de eso, nada que contar. No tengo demasiadas ganas de trabajar.

domingo, 4 de marzo de 2007

Un sábado de mierda

Otra noche en el sofá. Me despierto a las 6:30, me tomo un café. Se despierta también la niña, tiene pipi. La acompaño al baño y la vuelvo a acostar. No se duerme, y mi mujer se mete en la cama con ella. Un rato después ya está todo el mundo en pie. Me ducho, me visto y llevo el coche al lavadero. El chapista me dijo el viernes que fuera de su parte, que me limpiarían los plásticos. Error. Esos trabajos no se hacen en sábado. Me voy sin lavar el coche. Recojo unas alfombrillas nuevas y un neumático viejo para no rallar el paragolpes trasero al aparcar. Voy al supermercado a comprar leche baja en lactosa. Llego a casa. Mi mujer me pregunta que si el sábado que viene dejamos a los niños con mis padres antes o después de comer. Le digo que lo que ella quiera. Dice que le da igual. Respondo "¡anda que a mí!". Se mosquea. Le gustaría que pasasemos un fin de semana fuera, para celebrar mi cumpleaños, y a mí no me apetece mucho, es muy caro, pero le dejo hacer. Por eso salto así cuando me dice que le da igual. Tenemos pirula y el día se tuerce. Por la tarde vamos al centro comercial, y mientras ella compra ropa para los niños en Zara, yo estoy con ellos viendo unas maquinitas de videojuegos. Volvemos a casa, tenemos otro pollo estúpido porque a mí me da un punto y ni siquiera cenamos. Ahora voy a repasar esto y me voy a la cama. Estoy cansado de dormir en el sofá.