domingo, 4 de marzo de 2007

Un sábado de mierda

Otra noche en el sofá. Me despierto a las 6:30, me tomo un café. Se despierta también la niña, tiene pipi. La acompaño al baño y la vuelvo a acostar. No se duerme, y mi mujer se mete en la cama con ella. Un rato después ya está todo el mundo en pie. Me ducho, me visto y llevo el coche al lavadero. El chapista me dijo el viernes que fuera de su parte, que me limpiarían los plásticos. Error. Esos trabajos no se hacen en sábado. Me voy sin lavar el coche. Recojo unas alfombrillas nuevas y un neumático viejo para no rallar el paragolpes trasero al aparcar. Voy al supermercado a comprar leche baja en lactosa. Llego a casa. Mi mujer me pregunta que si el sábado que viene dejamos a los niños con mis padres antes o después de comer. Le digo que lo que ella quiera. Dice que le da igual. Respondo "¡anda que a mí!". Se mosquea. Le gustaría que pasasemos un fin de semana fuera, para celebrar mi cumpleaños, y a mí no me apetece mucho, es muy caro, pero le dejo hacer. Por eso salto así cuando me dice que le da igual. Tenemos pirula y el día se tuerce. Por la tarde vamos al centro comercial, y mientras ella compra ropa para los niños en Zara, yo estoy con ellos viendo unas maquinitas de videojuegos. Volvemos a casa, tenemos otro pollo estúpido porque a mí me da un punto y ni siquiera cenamos. Ahora voy a repasar esto y me voy a la cama. Estoy cansado de dormir en el sofá.