martes, 11 de septiembre de 2007

Otro viaje a Madrid. Días 1 y 2

De nuevo por Madrid. Intento meter en un solo post todo lo que se me ha pasado por la cabeza desde que me subí al tren.

El efecto clase preferente: bajar borracho del vagón en la estación de destino. Llego al hotel, dejo la maleta y salgo zumbando para llegar a tiempo a clase. Las mismas caras. Profesores distintos. Un tostón. Me pregunto para qué cojones tenemos que gastar tiempo y dinero en echar una tarde viendo cifras y gráficos que no tienen demasiado interés. Ceno en Vips. Mismas camareras. Llego al hotel, enciendo la tele. Hablo por teléfono con mi mujer, veo la tele y me duermo.

Segundo día. Me despierto pronto, veo las noticias, llamo por teléfono. Me meto en una conference-call absurda con mi jefe y otra gente del trabajo. Varias llamadas. Aún estoy en calzoncillos, no me he duchado, no he tomado café, son las doce. Procedo: me ducho, tomo café. Me acerco al Reina Sofía: martes, cerrado. Media vuelta. Paseo del Prado, Museo del Prado. Exposición temporal: Patinir. Me recuerda a El Bosco.




Como en Vips. Más llamadas. Llego al hotel: la habitación sin hacer. Me tumbo. Llega la doncella (¿aún se les llama así?). Salgo y le dejo hacer su trabajo. Vuelvo a clase. En contra de lo esperado, el profesor es EXCELENTE. Me llama la atención algo que, en realidad, estaba previsto: antes del verano, un ponente (catalán, con un acento muy cerrado) puso algunas diapositivas con texto en catalán. Un tipo-alumno que se considera gran jurista (se sabe el Título I de la Constitución de memoria, cosa que se empeña en demostrar siempre que tiene ocasión) le indicó que debería haber traducido los textos al castellano (aunque se entendían perfectamente). Hoy, el profesor (vasco, esta vez) nos casca un powerpoint en inglés. Nadie dice ni pío. La verdad es que no me sorprende, pero me da algo de pena. Por cierto, un compañero le da un repaso al gran jurista y le tapa la boca por un ratito. A ver cuanto le dura.

Salgo de clase. Mensaje de mi mujer. Le digo que me llame, si puede. Me voy a cenar. Para variar, de tapeo. Ceno bien y barato. Salgo a la calle, y miro a la gente por si me encuentro con eZcritor. No le veo. Estoy en lo que él dice que es su barrio. Me meto en un irlandés a tomar una copichuela. Llama mi mujer. Nos ponemos mutuamente al corriente. Después de colgar, estoy un rato mirando su foto. De paso, aprovecho y borro un montón de fotos gilipollas que tenía en la tarjeta del móvil. Apuro la copa, pago y vuelvo al hotel. Escribo esto y compruebo el correo. Hasta mañana.

No hay comentarios: