lunes, 17 de diciembre de 2007

VIPS

-Aros de cebolla y bacon cheeseburger grande, al punto, por favor. Y cerveza.

-Sólo tenemos Carlsberg y Coronita-. La Carsberg de ayer no tenía casi gas; -Coronita, por favor.

A mi derecha, una nativa con un cubano negro y con bigote. Parece que habían tenido una relación, que él la chuleó y ella salió bastante dolida. Eso es lo que me imagino. El moreno es feo de cojones. Repartidor de Telepizza. Habla de su sueldo. Me doy cuenta de que, salvadas las distancias, no hay tanta diferencia entre el suyo y el mío. Me da por pensar en hacerme mensaka o algo así, y mandar a la mierda la calidad total, la mejora continua, los presupuestos, los contratos y los proyectos delirantes. Pero es más interesante escuchar al cubano y como la rubia nacional resentida marca distancias. Terminan de cenar, él quiere invitarle a un cubata. Ella contesta que no, que tiene que madrugar. Él también: a las ocho, dice. Se van.

Entra otra pareja. Él se parece a Bustamante. El mismo pelo. Vaqueros caídos, enseñando el calzoncillo. Muy musculado, carne de gimnasio, coca-cola light. Habla elevando mucho la voz. Por eso sé que tiene veinticinco años (marzo del 82) y que es diskjockey, que gana una pasta gansa, que no le gusta salir por la noche si no es para trabajar. A pesar del gimnasio y de los veinticinco años, el culo que enseña por encima de los pantalones bajos parece gordo y blando. Ella tiene 24 años (noviembre del 83). Melena castaña, culo respingón, botas con tacón alto. Tontean. Creo que ya he oído bastante, pido la cuenta, pago y me voy. En la tienda compro dos botellas de agua.

Entro en el hotel. Al día siguiente, al dejarlo, me dice el de recepción que tengo algo del minibar. Pongo cara de no entender y niego. Luego le aclaro que seguramente serán las dos botellas de agua mineral que compré el día anterior. Eso será, contesta.

Hace frío. Dejo el equipaje en consigna. El invernadero de Atocha es una sauna. Salgo, voy al Retiro, busco una terraza y pido un café con leche. Mientras me lo tomo, un gorrión se caga encima de mí. Miro hacia arriba con gesto de reproche. Parece que al gorrión le importa un güevo. O siendo un pájaro, un cojón.

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