miércoles, 24 de octubre de 2007

Más Alaris

Una vez más en el tren. Quinto recorrido en tres días. Estoy mirando por la ventana: hay niebla sobre los campos de cereal. Acaba de pasar un Arco en dirección contraria. Déjenme que me embelese un poco.

Ya he vuelto. Poco dura el glamour de La Meseta, pero existe. En mi época de estudiante tuve que hacer este recorrido muchas veces, en tren algunas, las más en autobús. No sé por qué, de aquellos tiempos recuerdo La Mancha como tierra seca y amarilla. No estaba a gusto. No elegí ni los estudios, ni el centro, ni la residencia... Ha pasado el tiempo, y veinte años después veo germinar el trigo (no ahora, entiéndanme), la tierra no es amarilla, es roja y rica en hierro. Veo las vides, las parideras abandonadas, las encinas en medio de los campos de trigo, los surcos del arado, las viejas fábricas de sémola, los parques eólicos. Como diría un amigo mío, me he reconciliado con La Meseta. La Meseta no tenía la culpa de que a mí no me gustase estudiar en Madrid.

Estoy con el Cardhu. Soy más de gin-tonic, pero por alguna razón, en el tren pido whisky. Dicen que Cardhu es de chicas, pero la alternativa es Chivas, que me sabe a rayos. Voy a intentar conseguir una segunda dosis. Espero no acabar como la colega del masaje en los pies de ayer: a las 18:00 se supone que tengo que estar medio lúcido para hacer lo que tengo que hacer en Madrid.

Lo de la segunda dosis puede ser todo un éxito, si lo consigo: hasta hace poco me daba corte repetir pan. Ahora lo pido antes de acabar el primer chusco. Uno lo uso para mojar la salsa de lo que sea que sirvan de caliente, y el otro, lo unto con la terrina de mantequilla. Hay que llenar la panza.

Aquí está la azafata. Voy a intentarlo. Discúlpeme un minuto.

Ya. He pedido otra botellita de Cardhu. Y la amable azafata me dice que me lo trae. Estoy hecho un mayor.

Este viaje de ida parece más tranquilo que los anteriores: no suenan teléfonos, nadie grita al móvil. No entra el sol por la ventanilla, no hace ni frío ni calor. No siento ningún malestar, tengo batería en el portátil, he dejado el odioso 6233, llevo mi querido 6131, y para conectarme a Internet me han dado una express card. Llevo ropa cómoda, no como ayer, que tenía la impresión de ir vestido de payaso. Estoy encantado. Llámenme pijo, pero ahora soy razonablemente feliz.

Acaba de llegar el segundo Cardhu. Esto de pedir lo que quiero y conseguirlo (dentro de los límites del orden social y penal) es para mí motivo de orgullo y profunda satisfacción.

Pasa en dirección contraria un mercancías. Parecen vagones telescópicos. Me gustan los trenes. Si algún día tengo tiempo y espacio, me dedicaré a construir una hermosa maqueta en escala N. A los Reyes Magos les suelo pedir alguna locomotora, y mi buen amigo reconciliado con Madrid me regaló un convoy Talgo III de Ibertrén descatalogado. Los vi en su día en E-bay por casi 100 euros, de segunda mano.

Voy a orinar. Por el camino veo a un tipo con un portátil Sony Vaio de ¿11 pulgadas? ¿es eso posible? Ni siquiera sabía que fabricaran ese tipo de cosas. Yo estoy bastante contento con mi HP de 14". Llego al aseo. Siempre hay alguien con menos puntería que uno: todo el suelo está meado. Posiblemente, las paredes también. Me abstengo de tocar nada con las manos. Subo y bajo la tapa del water con el pie.

Llueve ahí fuera.

Viaje alucinante

Otra vez en el tren hacia Madrid. Más o menos misma zona del vagón. En el pasaje hay bastante inconformismo: nadie se sienta en su sitio. Que si me cambia el asiento para ponerme con mis amigas, que si puedo sentarme ahí porque me duele la cadera o es que necesito estirar la pierna, que tengo un esguince. El interventor flipa un poco y deja hacer. En Játiva se sube una pija que reclama su plaza junto a la que ocupa el del esguince, luego dice que le da palo (literal) y se busca otro hueco. Pero en Albacete se ve ella misma desplazada por un nuevo viajero y acaba junto al cojo. La moza no está mal, pero se ha cascado dos o tres benjamines. O sea, va algo achispada. El tipo le dice alguna que otra palabra amable, y ella se engancha. El muchacho resulta ser un empleado de mi misma empresa, cuyo nombre me suena aunque nunca nos habíamos visto. Le reconozco por el papel con membrete que exhibe y porque intenta hacer alguna llamada por el móvil (los móviles no quieren funcionar en el Alaris, pero él no lo sabe, pobre) y cada vez que lo hace se identifica. La ciudadana que se sienta a su lado sigue dándole palique y empinando el codo: más benjamines, vino, pacharán. Es una osssea, y como arrastra bastante la lengua, se le nota más. Azafata de Air-No-Sé-Qué, economista, 38 años, auxiliar de clínica, no para de hablar. Me recuerda a mi primera jefa cuando estaba algo pasada de copas. Además, tiene la misma edad que ella cuando trabajamos juntos. Tantos benjamines, vinos y pacharanes hacen su efecto y la tipa se tiene que levantar a mear. Me apiado del compañero y me presento. Empezamos a comentar algunas cosillas del trabajo. Ella vuelve de mear. Se mete en la conversación y se empeña en decir que soy abogado. No sé qué idea tendrán ustedes de los abogados, pero ni llevo traje, ni corbata, ni siquiera me peino ni me afeito. Luego me dice que lo parezco por la pinta de paria que tengo. Igual sólo conoce a penalistas. A estas alturas la tipa ya lleva una cogorza de que te cagas. El del esguince, para aliviar la tensión del tensoplast que lleva, se quita el zapato.

Y la vecina le coge el pie y empieza a hacerle un masaje.

Intento no poner demasiada cara de alucine. Empieza ella a decir que le molan mogollón los pies, y todo ese rollo piedófilo que no comparto (digamos que soy de los piedófobos: si puedo, cuando follo, me dejo los calcetines puestos, para evitar tentaciones). Expreso a la espontánea masajista mi asco por esa parte del cuerpo humano. Ella se sorprende, se ríe, y pedo como va, me dice: cómeme el pie!" No tengo más remedio que contestarte: "yo te como lo que quieras menos el pie". Carcajada etílica. Pero ella no suelta el pinrel del colega. Al final, llegamos a Atocha, y ella confiesa: "estoy un poco borracha". Nos despedimos.

Vaya viaje.

martes, 23 de octubre de 2007

Un post largo, pastoso y plagioso

Estoy en el tren camino de Madrid. Saco el portátil de la mochila y lo enciendo. Es la primera vez que lo hago. Quiero decir, es la primera vez que utilizo el portátil mientras viajo. Otras veces me quedo mirando como lo hacen otros, con cierto escepticismo, sorna, burla interior, no sé si me explico: joder, que seguro que ha habido tiempo para hacer lo que sea que estén haciendo con el portátil mientras atravesamos La Mancha a 200 km/h (a ratos) o ya lo habrá después. Pues bien, esta vez soy yo el tipo del portátil. Y no estoy redactando un informe, ni preparando una presentación, ni haciendo una hoja de cálculo. Ni consultando el correo electrónico. Estoy escribiendo un puto post en el bloc de notas; seleccionaré, copiaré y pegaré cuando tenga conexión a Internet.

Me acabo de interrupir a mí mismo: nos pasan una encuesta de control de calidad para Renfe o lo que sea (creo que la empresa se llama Alta Velocidad-Larga Distancia). Comienzo a rellenar casillas. Leo una pregunta que dice que indique, del 1 al 10, mi grado de satisfacción con el viaje que estoy realizando. Dejo el boli: acabamos de salir, y si pongo un 7 y luego tenemos 2 horas de retraso, tendré que hacer un tachón en el formulario, y no me gusta hacer tachones. Guardo el impreso en su sobre y sigo con esto.

Lo dicho: el post. Me dice la amiga Effie que no sea tan vago como ella y que actualice más a menudo. Ayer escribí algo, lo publiqué, y esta mañana lo he releído. Me ha parecido tan cutrón que lo he guardado como borrador. Creo que eso no está muy bien visto en el mundo blogger, porque si alguien había enlazado al susodicho post, pues va a tener un enlace roto. Pido disculpas por ello, pero he de pulirlo, he de documentarme algo más. Effie, por cierto, usted tiene mucho correo que atender, y siempre responde a los comentarios de sus lectores: no es vaga en absoluto.

Ando algo espeso últimamente. Quisiera confesarme con alguien que no fuera mi médico. Es bueno, pero es caro, y bastante frío en el trato. ¿Tendrá una opinión no profesional sobre mí? Si así fuera, ¿qué pensará? ¿que soy un pijo malcriado? ¿un pijo renegado? ¿un inmaduro? ¿una fuente de ingresos que hay que cuidar? (me acabo de acordar de Joan Ignasi Pla y la frase de Blasco "hay que cuidar a este candidato". Parece que los más preocupados por la dimisión del chico de Adzaneta d´Albaida son los del PPCV).

Otra vez dando rodeos. Me acuerdo de J.J. Millás, de sus armarios y de sus bolsillos. Leí que había ganado el Premio Planeta. Me alegro por él. Algunas veces presiento su percepción de lo irreal. Otras veces, lo irreal es más real que lo real, y empieza la locura. Normalmente vivo en lo irreal, en la locura, pero llevo un tiempo que creo que me estoy asomando a lo real. ¿O será al revés, y he estado viviendo en lo real, lo real es la locura, y estoy inventándome una irrealidad que me resulta más cómoda para mudarme a ella? ¿Es más loco montarse en una irrealidad para ser razonablemente feliz que ser un desgraciado realista? El caso es que el paisaje está cambiando: me dicen que tengo que pensar en mí mismo si no quiero acabar medicadito hasta las cejas. Y lo hago, pero no sé, insisto, si ese nuevo punto de vista egocéntrico es real o irreal: ¿soy yo más importante que los demás? ¿Me debo a mí mismo antes que a nadie? ¿Eso es así en términos absolutos, o sólo porque el hecho de haber antepuesto lo que los demás esperaban de mí frente a lo que yo mismo quería para mí me ha convertido en lo que soy? Hay gente feliz, o aparentemente feliz, que vive para cumplir los deseos de los demás. ¿O es su deseo satisfacer a los demás? Eso lo puedo entender. ¿Será que he sido siempre un egoísta altruísta, es decir, una persona íntimamente centrada en mí, pero externamente complaciente con los demás, pero que internamente se rebela a esa complacencia ? ¿Quería yo algo para mí? Creo que no; soy culpable de no tener voluntad [Dios, qué espantosamente mal suena esto (29/12/2012)].

La barra espaciadora hace "ñic" cada vez que la pulso. Supongo que no se le puede poner 3-en-1. ¿Alguna sugerencia?

Sigo. Queda aún el 77% de la batería. Me la pienso pulir. En la encuesta haré una sugerencia: tomas de alimentación para portátiles en los vagones. Tampoco consumen tanto, ¿o sí?

Me parece algo pretencioso decir que algo está a punto de suceder: normalmente no pasa nada. Nunca ha pasado nada. ¿Aspiro a vivir plácidamente, como parece que vive la mayoría de la gente? A lo mejor no puedo, no quiero vivir plácidamente, y tengo que vivir en el filo de la navaja.

Se me pasa por la cabeza coger a mi vida como a un calcetín y darle la vuelta. Puedo hacerlo. Puedo hacerlo hoy, puedo hacerlo mañana, puedo hacerlo en cualquier momento. La cosa es ¿basta con saber que puedo hacerlo, o tengo que hacerlo? Como le pasaba al viejo Harry Haller, me temo que el saber que hay una manera para acabar con el sufrimiento no acaba con el sufrimiento. Hay que ir al Teatro Mágico. ¡Sólo... para... lo... cos!

¿Iré al Teatro Mágico? ¿estoy ya en él? Todas las muchachas son mías. Y disfruto con el sabor de la sangre en mi boca. ¿A qué distancia estoy de cagarla? ¿estoy en lo real, en lo irreal? ¡dime dónde estoy, los tengo delante, detrás, a qué distancia, en qué carril, dime algo, joder!




Le voy a meter una hostia al del otro lado del pasillo. No hace mas que gritar por el móvil. Claro, el teléfono se corta en el Alaris. Pero eso no es motivo para gritar. O igual hay cobertura pero el terminal decide no dar servicio para no oír a su dueño. Estos trastos van a ser inteligentes de verdad.

Digo que tengo que vivir en el filo de la navaja porque hacerlo plácidamente me parece imposible. Pienso que la placidez está reservada para los budas, para los tontos y para los yonkis colocados. Igual estoy equivocado, igual hay más budas que los que estamos dispuestos a reconocer. Pero para mí es evidente que no soy ningún iluminado. La ira, el miedo, la angustia, la lujuria, la ambición, el apego, la venganza, están muy presentes, demasiado presentes. Ahora mismo estoy viviendo de una manera que hace sólamente 10 años me parecía inadmisible (iracundo, lujurioso, vengativo). Pero me dicen que eso está bien. No exactamente que está bien, pero que no pasa nada: la moral es elástica, la moral se subordina al bienestar. La moral es inmoral si es causa de estados patológicos del alma. [Dios, otra vez qué espantosamente mal suena esto (29/12/2012)].

Van a llegar las toallitas calientes en unos minutos. Oh. Ya están aquí. Sigo más tarde.

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Han pasado siete horas. Cambio de recorrido. Llegaron las bandejas, el tren a Madrid, hice lo que tenía que hacer y vuelvo. Sirven la cena pronto. Queda una hora y media para llegar. El coche traquetea tanto que estoy pensando en el aterrizaje de cabezas del que nos hablaba Davara cuando era un profesorcillo de informática jurídica ("el ordenador consta de CPU, de períféricos y de unidad de almacenamiento", o algo así). Espero que los modernos discos duros de los portátiles estén diseñados para los traqueteos de las ¿modernas? líneas de ¿alta velocidad?

En el viaje de ida, dejé la encuesta a mitad rellenar en la redecilla que hay frente al asiento. Llegó la muchacha que la repartió y se la llevó sin preguntar. Yo estaba bastante absorto con la peli "El último rey de Escocia". Me ha hecho gracia el personaje. Era un asesino loco pero simpático. Últimamente estoy viendo muchos déspotas, cretinos, carisma-cero, incompetentes y cutres en el poder. Un despota como Dios manda parece un soplo de aire fresco ante tanta mediocridad. Ando algo quemado con la clase política: están haciendo infalible el estereotipo ese de que el nuevo hace bueno al anterior. Dicen polladas como "soy muy ético", "tengo gran experiencia como directivo" o "estamos para servir a la sociedad". A continuación muestran su indecencia, incompetencia y adicción al poder, respectivamente. No es que espere otra cosa, pero prefiero a los sinvergüenzas declarados que a los que se creen que ser honrado consiste en colocar a todos los colegas en el pesebre público. Sin solución de continuidad (soy ético ergo coloco a mis colegas, son del partido y son muy buenos -y una mierda). Que de verdad los hay así, no me lo estoy inventando. Bueno, que les voy a decir que ustedes que no sepan ya.

Me he cascado mi botellita de somontano y estoy con el Cardhu. Como decíamos esta mañana... que fácil es perder el hilo. Al lado hay un par de periodistas (dos gráficos, chico y chica, llevan dos cámaras de vídeo enormes). Nadie grita al móvil.

Si alguien ha sido capaz de llegar hasta aquí, que levante la mano. Yo ya no sé qué contar que tenga algo que ver con lo que he escrito hasta ahora. Así que, como dijo aquél, en boca cerrada no entran moscas.

Se me olvidaba: viva Ferrari y que le den a Alonso, por mucho que la prensa ahora lo quiera convertir en un "sportman". Y Hamilton me la suda, que quieren que les diga. Y el vídeo de Juventudes Socialistas no es una parodia: está basado en hechos reales. Cambién el cocodrilo por un caballito de "Polo". Existe. Lo juro, coño.

Buenos días. Y buena suerte.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Ya sé que lo hago todo mal

Cuando empecé con este blog, me leí las cosas que había que hacer para tener más visitas. Al poco tiempo, me cansé de tanta historia y dejé de aplicar las recetillas esas que supuestamente dan más tráfico: no tengo tema definido, no soy constante en mis entradas, no consigo formar parte de ninguna comunidad de "bloggers" (sólo he encontrado un enlace a este y es de un blog que lleva sin funcionar desde antes del verano).

Vale, no pretendo presentarme a ningún concurso ni nada de eso, pero es bastante desesperanzador ver cada día que no hay comentarios nuevos, y que las visitas no son más de 5 al día, incluídas las mías...

Y al menos un poquito, miente quien diga que le importa un carajo que no le lean. Para llevar un diario íntimo basta con una libreta o su equivalente digital (¿el OLPC?).

Esto último no ha sido demasiado elegante, pero tampoco creo que me sirva de nada.

Besos a todas y abrazos a todos.

martes, 16 de octubre de 2007

Tripas on the road

Una semana entera de vacaciones. He dormido mucho, he paseado, he leído, he cenado por ahí. No he hecho nada especial. Ayer, tras un largo discurso con el doctor consigo zafarme de la medicación a cambio de ser un buen chico. Veremos cuanto duro. De todos modos dije en la consulta una serie de cosas de las que yo mismo me sorprendí, y salí de bastante buen humor. Alego SQT, ver más abajo.

En la calle, una rata muerta, atropellada, con las tripas esparcidas sobre la acera.

Cruzando correos con Effie, hasta que de repente dejó de contestar. Hoy leo una respuesta a mi comentario en su blog. ¿Fue bonito mientras duró, Srta. Effie? Suyo afectísimo, etc.

SQT o burnout. Se van, dice el especialista. Prefieren morirse de hambre antes que volver a su trabajo habitual. Abogados que escriben novelas rosa.

Interesante síntoma-definición:

Estados de fatiga o frustración son el resultado de la devoción a una causa, estilo de vida, o relación que fracasó en producir la recompensa esperada.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Gestión del cambio

Tengo dudas acerca de si publicar o no publicar esto, pero bueno, voy a hacerlo. Hoy un tipo de Vitoria ha venido a explicarnos lo que han estado haciendo en su empresa durante los últimos diez años. Recuerdo que es más o menos lo que se hizo en la mía hace diez años: o sea, cuando ellos empezaron, nosotros ya habíamos terminado. Pero lo curioso es que si en su empresa se han dedicado a pasar, durante esos diez años, de la situación A a la B, en la mía, que estabamos en B desde 1997, ahora vamos otra vez a A. Y seguro que el ideólogo de este último cambio tiene razones tan convincentes como las del vasco que nos ha contado su metodológico y decenial proceso para pasar de A a B.

Creo que la cosa consiste en no estarse quieto.

martes, 9 de octubre de 2007

She's back from London

Lo de la ropa colgando de la rejilla del aire acondicionado funciona.

Hoy un tipo ha hecho una pregunta en la reunión. No se le oía. Alguien le ha pedido que hablara más alto. El caracojones se ha levantado de la silla y ha seguido hablando con el mismo volumen. Super-gracioso.

Estoy empezando a odiar Vips.