viernes, 14 de marzo de 2008

Islas

Otras veces, cuando no vas a buscar viaductos, sales a la calle, y esquivando el tráfico descubres un edificio mágico. Y te paras en la esquina a contemplarlo. Y pasa una hermosa mujer, y te pregunta qué estás mirando. Y tú le contestas: "ese edificio". Y ella te dice que vive allí, y que si quieres verlo. Y respondes que sí. Y resulta que cuando cruzas la puerta del zaguán, entras en otro mundo. El ruido desaparece. Desaparece la suciedad. Aparecen los suelos de marmol encerados, las maderas cuidadas, las escaleras amplias, hechas para ser usadas, no como las que hacen ahora, que no son más que escaleras de incendios... y en el interior, un jardín. Y todo es paz.

Al final, la hermosa mujer me recordó con gran dulzura que debería irme a mi mundo. Le di las gracias por enseñarme el cielo y volví al ruido.

4 comentarios:

Akroon dijo...

Pero me asalta una pregunta... ¿te dijo si podías volver?

Borde dijo...

Alomojó.

Effie dijo...

Con el pedazo de oasis que tiene Usted y se va a otro a mirar.

Haga el favor de contemplarse el ombligo, leñe.

Borde dijo...

Srta Effie:

Con lo bonito que creía yo que me había quedado. Leñe.