martes, 20 de mayo de 2008

García-Calvo


Leo en la primera página de los períodicos que Roberto García-Calvo era el magistrado de las intrigas, que su muerte restablece o deshace, no sé muy bien, el equilibro de poderes en el Tribunal Constitucional.

Recuerdo cuando estaba en el Tribunal Central de Trabajo. También era profesor de Laboral. Dictaba apuntes con una voz bastante uniforme. Le llamaban "mono-tono". Siempre con el mismo volumen, siempre a la misma velocidad. Un habitual de la última fila, en una lección en la que García-Calvo apretó un poco el ritmo, exclamó: "¡para, coño!". García-Calvo paró. Miró al muchacho, que se dio cuenta de la barbaridad que había hecho. Al estudiante se le puso la cara de todos los colores. García-Calvo no dijo nada. Sonrió y aflojó.

Insistía en la naturaleza tuitiva del Derecho del trabajo. Fue especialmente apreciado por sus alumnos y parecía un hombre compasivo.

Me cuesta creer algunas historias que cuentan de él, así que he decidido no creérmelas.

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