Dios se sentó en su trono. En el puente, ante el cuadro de mandos. Pantallas, indicadores y esferas. Y un enorme botón rojo.
Pensó que ya era hora. No estaba seguro de si había hecho al hombre a su imagen y semejanza o si Él mismo se había dejado fascinar por su creación. Olvidada ya la opción de que el libre albedrío sirviera para hacer un mundo mejor no imaginado por su divino intelecto, últimamente había optado por la diversión. Pero la repetición del caos ya no entretenía. Ni los Cuatro Fantásticos. Ni Ironman. Ni siquiera Los Soprano.
Levantó la tapa que cubría el botón rojo y lo apretó. Júpiter comenzó a comprimirse hasta que toda su masa se concentró en un único punto. El Universo se rompió. Por el agujero se escurrió la Tierra como un reloj de Dalí.
Todo sucedió en un milisegundo.


3 comentarios:
Cada día antes de pasarme por aquí ,intento imaginarme de que hablará usted en su blog ese día .Intento inutil por mi parte porque nunca ,nunca he acertado por donde saldrían los tiros ese día.Me tiene deslumbrada su inagotable imaginación
Supongo que es un cumplido, si es así gracias. De todos modos, no hay tanta imaginación como parece. C'est la vie.
JAJAJA
(Risa malvada, claro)
Botón rojo.
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