miércoles, 4 de junio de 2008

Pax vobiscum

Bajo con los niños a pasear a la perra. Está anocheciendo, no hace ni frío ni calor, y damos una vuelta hasta el río. Caminamos los cuatro sin ninguna prisa. Si la perra se para, nos paramos todos. Si sigue, seguimos. Los críos se turnan para llevar la correa. Yo me retraso unos pasos para poder verles. Todo está en su sitio. Todo está bien. Me pregunto por qué me en cuentro en paz en ese preciso momento. Reflexiono un poco (muy poco) y pienso que la falta de interés se ha convertido en el verdadero interés. Nada que perder, quizá algo que ganar. Pero no estoy seguro. No estoy seguro de que sea eso. La gente no cambia, como dice House.

El enano descubre el truco del arco iris en las bombillas que hay en la fuente, que ya están encendidas. Música por los altavoces, pero no muy alta, tapada por el ruido del agua, y por sí misma: es la misma banda sonora desde que conozco ese lugar. Todo me importa un güevo, pero todo me importa.

Pero claro, no podía ser tan sencillo. La sensación de que todo se irá a la mierda de una forma estrepitosa está por ahí. Así que sí, sí que tengo algo que perder. Tengo miedo. Mucho miedo.

Cojo mi bola de cristal e intento ver como serán las cosas dentro de un año. No veo nada. Y eso es nuevo. Hasta ahora, cada principio de curso, cada Navidad, cada primavera, cada verano, ha sido más o menos como el anterior.

Joder, creo que no me estoy explicando demasiado bien.

No sé si me gusta lo que veo, porque no sé interpretarlo. Pero ¿no acabo de decir que no veo nada?

2 comentarios:

Effie dijo...

80

Fredy dijo...

Llevo un rato leyendo tu blog y me está gustando mucho.

No te preocupes, se te entiende muy bien, demasiado bien.