viernes, 5 de septiembre de 2008

Bisturí eléctrico - 1

Estaba en casa de sus padres, con éstos, sus hermanos y cuñados, sobrinos, novia. Acababan de comer, los niños estaban viendo la tele, y los mayores leían o dormitaban en los sofás. Raúl estaba, como casi siempre, deprimido. Se encaró con ellos, y sin prólogo, preámbulo o introducción alguna a lo que iba a decirles, empezó su discurso:

-Vosotros diréis que estoy equivocado, o que estoy exagerando, o que soy un paranoico, y puede que lo último sea cierto. Pero no esperéis que cumpla con mi papel de hijo y empleado, que continúe trabajando en algo que me pone enfermo para que con mi nómina pague los recibos, que ponga buena cara en reuniones familiares que ni me van ni me vienen. No lo esperéis si cuando yo os digo que estoy verdaderamente jodido, que me encuentro mal, vuestra respuesta es que lo sentís, pero que vais a seguir con vuestra marcha diaria. O ni siquiera eso: os incomodáis con mis salidas de tono y os ponéis a mirar hacia el Peñón de Ifach. Si creéis que que ante eso me voy a quedar con los brazos cruzados, estáis muy, pero que muy equivocados.

Raúl salió dando un portazo. Apagó el móvil y se fue andando a lo que había sido hasta entonces su hogar. Por el camino sacó del cajero automático 500 euros, lo más que pudo. Ya en su casa buscó una mochila verde, metió dentro el portátil, tres mudas limpias y un neceser. De la cartera separó dos billetes de 50 y los guardó en el bolsillo de los pantalones. Se puso unas botas cómodas y una gorra oscura, de visera, sin dibujos. Pensó en marcharse con el coche, pero después recapacitó: si me voy, va a ser para que no me encuentren. Y con el coche me encontrarán. Así que se fue con lo puesto, la cartera, el dinero, las botas, la mochila. Salió a la calle y caminó hasta la parada de autobús. Buscó uno que le acercara a El Corte Inglés. Allí compró una mochila un poco más grande que la que llevaba, y de color gris. La pagó en metálico. Se metió en el aseo de hombres, buscó un retrete limpio y se encerró. Cambió de mochila todo su equipaje. Metió la vieja en la bolsa de donde había sacado la nueva, y salió a la calle. Cada vez que se encontraba con una cámara de vídeo-vigilancia, se escondía bajo la visera de su gorra. Dejó la mochila vieja en un contenedor de basuras de una calle poco transitada. Fue andando hasta la estación de autobuses. Buscó las taquillas de las líneas de transporte internacional. Compró con la visa un billete a Berlín. Sólo ida. Luego se fue a las taquillas de Auto-Res y compró otro billete para Badajoz. Sólo ida. Pagó en efectivo metálico, esta vez. Luego, con los dos billetes en la mano, salió nuevamente a la calle. Se sentó en las escaleras de la estación. Se dió cuenta de que una vez más no estaba sino intentando ser el centro del universo, en vez de desaparecer definitivamente. Las cámaras de la estación le habrían filmado comprando el billete para Badajoz, y allí le hubiesen localizado. Ahora tenía que decidir si seguía con su fuga o no. Si lo hacía en serio, debía buscar otro medio de transporte y otro destino. Si sólo quería llamar la atención, podía subir en cualquiera de los dos buses, para Berlín o para Badajoz. Le encontrarían.


"No puedo más. No me soporto", pensó. Estaba agotado. Siempre a punto de hundirse, nunca lo hacía. Empezó a llover. No se movió. Se dejó empapar por la lluvia. Se quitó la mochila y se encogió en posición fetal, tumbado en el suelo sobre su costado izquierdo. Así le encontraron los municipales antes de llevarlo al hospital. Cuando la policía llamó a su novia para avisarle de que lo habían recogido de la calle hecho un ovillo, nadie le buscaba. Ella estaba en casa, ocupándose de la cena, pensando en el mal rato que había tenido que pasar con sus suegros por culpa del subnormal de su novio, que una vez más se había escaqueado a la hora de currar en la cocina.

4 comentarios:

perogrullo dijo...

Me gusta mucho más su nueva versión de la noticia.

Borde dijo...

En realidad, la escribí antes de que se publicara la noticia. Pura casualidad.

perogrullo dijo...

Entonces es usted un visionario sin parangón.

Borde dijo...

Hombre, he cambiado alguna cosilla -el nombre del protagonista y su estado civil, para que coincidiera con el de la noticia- pero poco más.