lunes, 30 de junio de 2008

Weeds


El otro día me costó un poco dormirme. Me tragué Weeds, y me enganchó desde la cabecera. Una viuda madre de familia que cultiva marihuana para mantener su nivel de vida y que vuelve a casarse con un agente de la DEA, junto con una ristra de personajes disfuncionales (como diría Vindicador) peligrosamente parecidos a nuestros queridos vecinos, amigos y parientes. Interesante y educativo.

lunes, 23 de junio de 2008

Tengo trabajo nuevo

Le estaba contando a un amigo que tengo trabajo nuevo.

A la media hora de entrar me encuentro como si estuviese nadando en un puré tibio, sin tropezones que molesten pero tampoco que sirvan para agarrarme; si me muevo mucho me hundo, y si me quedo quieto, también. Hay que aletear, pero poquito, sin hacer aspavientos. Al final de la jornada llego al borde del plato e intento librarme de los grumos de patata.

Hay gente que consigue convertirse en pan frito y flota sin mancharse. Incluso cuando les dan un cucharazo y los mandan al fondo vuelven a la superficie.

Pero yo me empapo. Y no acabo de quitarme los grumos de patata en todo el día, aunque ya esté fuera del plato. Hasta que me meto una sobredosis de televisión y aire acondicionado y me duermo en el sofá. Pero al día siguiente llego recién duchado y ¡chof!, otra vez lleno de puré.

lunes, 16 de junio de 2008

Sea Stars

Foto de Sator Arepo

Delicado equilibrio

Nos levantamos por la mañana y sale agua caliente por la ducha. La nevera enfría y hay leche dentro. Café en la cafetera. El autobús se detiene en la parada, y nos lleva al trabajo. El segurata nos reconoce, nos deja pasar. Hay una mesa, una silla, un ordenador, un teléfono. Hay miles de antenas para que podamos hablar por el móvil, millones de kilómetros de cable para poder leer esta mierda; satélites dando vueltas. Unas bacterias viven en nuestras tripas y hacen que caguemos correctamente. Periódicos en los kioskos. Hay policías y semáforos. Ambulancias y bomberos. Cajeros automáticos de donde sale dinero como por arte de magia. Comida en el plato. Un euro cuarenta para tomarte tranquilamente un quinto en el bar de la esquina. Basura en la tele a todas horas por si nos desvelamos.

Que fácil debe ser que todo se vaya al carajo.

¿O no?

sábado, 14 de junio de 2008

Fundamentos de las organizaciones burocráticas

"Y aconteció que otro día se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Y viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde? Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen negocios, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes. Entonces el suegro de Moisés le dijo: No haces bien. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el negocio es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los negocios a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer. Además inquiere tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y constituirás a éstos sobre ellos caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez. Los cuales juzgarán al pueblo en todo tiempo; y será que todo negocio grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo negocio pequeño: alivia así la carga de sobre ti, y llevarla han ellos contigo. Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás persistir, y todo este pueblo se irá también en paz a su lugar. Y oyó Moisés la voz de su suegro, é hizo todo lo que dijo. Y escogió Moisés varones de virtud de todo Israel, y púsolos por cabezas sobre el pueblo, caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez. Y juzgaban al pueblo en todo tiempo: el negocio arduo traíanlo a Moisés, y ellos juzgaban todo negocio pequeño. Y despidió Moisés a su suegro, y fuese a su tierra."

(Del Éxodo, creo).

lunes, 9 de junio de 2008

Un asunto menor

"Estaba en la peluquería, dándole vueltas a un asunto de índole personal (de índole personal, qué bárbaro), cuando el peluquero anunció que me iba a quedar calvo enseguida. Y a ti se te va a morir tu madre, respondí para mis adentros. Las ampollas, añadió tratando de hipnotizarme con su mirada a través del espejo, tenían una eficacia probada. Pregunté cuánto costaban y me dijo que 120 euros (ciento veinte), casi veinte mil pesetas. Si me hubiera dicho 30 ó 40 euros, tal vez me habría dejado timar para no discutir. Pero sentí que había sobrepasado todos los límites. Además, el que estaba calvo era él, no yo.
- ¿Tiene usted madre? -pregunté.
- Sí -me respondió.
- Pues cuídela y vaya a verla con frecuencia, que luego uno se arrepiente de no haberle prestado más atención.
El hombre, desconcertado, continuó cortándome el pelo mientras yo regresaba al asunto de índole personal (cada vez que escribo «índole personal» siento una punzada en el estómago). Pero ya no lograba concentrarme en él. Comencé a darle vueltas a la idea de que aquel tipo había intentado estafarme 120 euros (ciento veinte) y me pregunté si tengo la expresión característica de los que se dejan engañar, de modo que me dirigí a él de nuevo.
- Óigame, en confianza. Usted y yo sabemos que esas ampollas no sirven para nada. Y no me importa, están ahí, pertenecen a una marca conocida y usted cobra una comisión por cada caja. Pero por qué me ha elegido a mí.
El hombre se quedó pensativo y al rato, en vez de responder a mi cuestión, preguntó por qué le había mencionado a su madre. Por mi parte, tras guardar silencio unos segundos, le pedí que me dijera por qué había intentado venderme unas ampollas que no servían para nada. No respondió. Yo tampoco volví a abrir la boca. Terminó su trabajo, pagué y me fui. La escena ocurrió hace tres días o cuatro días y cada poco regresa a mi memoria (a mi conciencia, si he decir la verdad) provocándome un malestar difuso. Se trata de uno de esos asuntos menores con una capacidad de emponzoñamiento mayor. La vida está lleno de ellos."

Juan José Millás. Levante-EMV, 4 de junio de 2008.

miércoles, 4 de junio de 2008

Pax vobiscum

Bajo con los niños a pasear a la perra. Está anocheciendo, no hace ni frío ni calor, y damos una vuelta hasta el río. Caminamos los cuatro sin ninguna prisa. Si la perra se para, nos paramos todos. Si sigue, seguimos. Los críos se turnan para llevar la correa. Yo me retraso unos pasos para poder verles. Todo está en su sitio. Todo está bien. Me pregunto por qué me en cuentro en paz en ese preciso momento. Reflexiono un poco (muy poco) y pienso que la falta de interés se ha convertido en el verdadero interés. Nada que perder, quizá algo que ganar. Pero no estoy seguro. No estoy seguro de que sea eso. La gente no cambia, como dice House.

El enano descubre el truco del arco iris en las bombillas que hay en la fuente, que ya están encendidas. Música por los altavoces, pero no muy alta, tapada por el ruido del agua, y por sí misma: es la misma banda sonora desde que conozco ese lugar. Todo me importa un güevo, pero todo me importa.

Pero claro, no podía ser tan sencillo. La sensación de que todo se irá a la mierda de una forma estrepitosa está por ahí. Así que sí, sí que tengo algo que perder. Tengo miedo. Mucho miedo.

Cojo mi bola de cristal e intento ver como serán las cosas dentro de un año. No veo nada. Y eso es nuevo. Hasta ahora, cada principio de curso, cada Navidad, cada primavera, cada verano, ha sido más o menos como el anterior.

Joder, creo que no me estoy explicando demasiado bien.

No sé si me gusta lo que veo, porque no sé interpretarlo. Pero ¿no acabo de decir que no veo nada?

martes, 3 de junio de 2008

Que jodío es el amor

En la cafetería del tren, dos tipos bebiendo cerveza y drogándose con unas pastillas de sabor amargo y que no se deben tomar con alcohol, porque se te va la olla si lo haces, "pero es que yo soy muy bruto". Uno es grandón, con barba y pelo cortos y los lóbulos de las orejas perforados. El otro lleva rastas. El de los lóbulos perforados llora la pérdida de su último novio, reprochándole que le diga que le echa de menos como amigo, que le llame cariño y que acaben follando cada vez que se ven. El pobre no entiende nada. "Soy moderno pero no tanto". Bebe y se empastilla.

En el coche una mujer con tres teléfonos móviles reclamando a su operadora los 18 euros gratis por portabilidad que le han tangado y además protestando porque no puede hacer llamadas por haber agotado su saldo, a pesar de que es de contrato. Mantiene dos conversaciones a la vez. "No cuelgue señorita", le dice a la telefonista a la que está empalando del mismo modo que lo haría el Príncipe Vlad si hubiesen existido móviles en la Rumanía del siglo XV, mientras atiende la otra llamada (juraría que también es una reclamación).

No puedo más. Voy a la cafetería y pido un whisky con hielo. Ahí siguen el maricón con su amigo, los dos ya muy sonrientes, pero manteniendo el equilibrio. Me llevo la copa a mi asiento. Turista va prácticamente vacío.

Ponen una película francesa en el vídeo. Trata de un buen chico que se enamora de una buscona, que lo deja sin blanca, por lo que él mismo no tiene otra salida que convertirse en un buscavidas y que al final consigue que la chica se enamore de él. Me quedo medio dormido, no sé como acaba, pero creo que él se larga con una joven millonaria y desvalida para sacarle los cuartos.

Me fijo en el aseo en el que entra el de los lóbulos perforados para no entrar yo. Llámememe aprensivo, si quieren, pero no sé que efectos tienen esas pastillas que está tomando con cerveza en lugar del preceptivo zumo de naranja.

Próxima estación, Albacete.

Que jodío es el amor.