miércoles, 2 de diciembre de 2009

Magia

Cerrar el puño, embragar, dar patada hacia abajo en la palanca del cambio, soltar embrague, embragar, dar otra patada hacia abajo en la palanca del cambio, soltar embrague y presionar maneta del freno, aflojar presión, embragar, empujar suavemente la palanca del cambio hacia abajo, luz de punto muerto encendida, soltar embrague, dos metros hasta el vehículo de delante, metro y medio, un metro, manillar ligeramente girado a la izquierda, moto clavada manteniendo presión en la maneta del freno: de repente todo se ha detenido, los dos pies están en las estriberas y guardo el equilibrio, espero a que la moto se incline a derecha o izquierda para sacar uno u otro pie, pero sigue vertical. Magia, hasta que poco a poco la moto cae ligeramente a la derecha, saco el pie de la estribera y lo apoyo en el suelo.

Por un momento se había parado el reloj.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Rilette de cabracho

Lunes. Entro en el coche. Veo a Santi Millán, justo en la fila delante de la mía. Dejo mis trastos y me siento. Mando varios SMS anunciando que ya estoy en el tren y que Santi Millán está en el vagón. Febril intercambio de mensajes "haz foto"-"me da corte"-"disimula"-"imposible"-"pues entonces un autógrafo". Llega un tipo y se pone a su lado. Bastante sumiso, a la orden de Santi pide la prensa, la Coca-cola, el café. Me agacho a coger algo de mi mochila, y debajo del asiento de Millán veo una cosa blanca y peluda: un perro, un westie exactamente. Santi viaja con un perro bajo su asiento. Más tarde veo la jaula donde debería estar el animal, vacía, junto al resto del equipaje de la estrella. Llega la comida. Santi empieza a exclamar, a repetir con sarcasmo torcido: "¡Qué maravilla de comida! ¡Qué festín! ¡Qué explosión de sabores! ¡Y en este tren, que apenas hace ruido al desplazarse!". Su acompañante, colega, amigo, esclavo, amante o lo que sea le ríe la gracieta. No es más que un menú típico de Renfe. Sí, cansa la cuarta vez en cuatro días que te sirven Rilette de cabracho con salsa de yogur a las finas hierbas, gajo de limón y pepino, estofado de ternera al Oporto acompañado de guarnición de pasta orechietti con setas y fruta cortada (la fruta cortada es lo que mejor se tolera), pero joder, no sé. Es como si me estuvieran diciendo que soy un manso que come la misma mierda durante una semana entera, que soy un pringui. Que igual lo soy, pero me molesta oírselo a un héroe de la tele.

Como me han pedido fotos, aprovecho y saco una del perro. Luego, Millán se duerme y su cogote asoma por el lado izquierdo del respaldo de su asiento. Lo fotografío también. El perro está muy bien educado. Las fotos desenfocadas. Maldito móvil.

Leo en el periodico que empieza la campaña de vacunación contra la gripe A. Santi Millán arranca a toser, los mocos se acumulan en su garganta, probablemente estará formando un hermoso esputo que si no se lo traga a saber a dónde irá a parar. Mejor permanecer en la ignorancia y no pedir el asiento 4C del coche 1 en los próximos viajes.

A mi derecha, al otro lado del pasillo, una mujer que, seguramente como consecuencia de dos conversaciones reivindicativas con la azafata, con entrega de hoja de reclamaciones incluida, ha conseguido que le sirvan una ensalada con pimientos y pollo asado en lugar de Rilette de cabracho con salsa de yogur a las finas hierbas, gajo de limón y pepino, estofado de ternera al Oporto acompañado de guarnición de pasta orechietti con setas y fruta cortada, digo, la mujer del menú alternativo arranca también a toser. Se gira hacia la ventana de emergencia, levanta los brazos, los apoya contra el cristal. Me quedo observándola por si necesita ayuda, por si hubiera que gritar (¡por fin!) "¿hay algún médico en el tren?", pero no, no es necesario. Toma aire y después una infusión. Lleva unas zapatillas muy raras, con la suela curva, como si fueran balancines. No sé si son los famosos zapatos masai de los que hablaba el Sr. Mantel.

El acompañante de Santi se le acerca para decirle algo. Prácticamente se le tira encima, parece que quiera comérselo. Estamos llegando a Madrid. Oigo un sonoro eructo. Después de aflojar la presión interior, el ilustre pasajero canta para deleite de sus compañeros de viaje:

Quiero dar las gracias
Por las canciones
Que nos cantan
Los maricones

(Versión libre de "Thank You for the Music", de ABBA).

[...]

Luego resultó no ser Santi Millán, soy un desastre con los nombres, era Fernando Tejero con su perro Woody. O Woody Allen con Soon Yi. O Yoko Ono con John Lennon. O Jack Lemmon con Walther Matthau. O Mari Carmen con Rodolfo. O Sandra Bullock con Jesse James.

Menos mal que no le pedí el autógrafo.

***

Llevo, para los ratos tontos, una ¿novela? de un escritor español relativamente conocido al que yo no conocía. Antes de comprarla, visito su blog, leo el resumen redactado por él mismo, parece interesante, trata sobre el mito de la desaparición, o sobre lo difícil que es no ser nadie. Además me la habían recomendado. Empiezo a leerla, encuentro algunas perlas. Pero esas perlas no consiguen evitar que pronto empiece a sentir algo que no había notado nunca: quiero lanzar el libro por la ventanilla del tren. Por suerte las ventanillas del tren no se pueden abrir y eso me da algo de tiempo para pensar en lo que su autor tardó en escribirlo, lo que quiso decir, lo que le costó encontrar editor... por malo que sea ha de valer algo. Pero cada vez que leo dos páginas seguidas de esta ¿novela? vuelve la maldita idea. Cuando ya no puedo más cojo una libreta y un lápiz y empiezo a escribir los nombres de artistas y escritores citados en el libro: Tarkowski, W.G. Sebald, Max Brod, Ettore Majorana, Roberto Bolaño, Georges Perec, Fleur Jaeggy, Lobo Antunes. Relleno cinco hojas del cuaderno con nombres, y eso sólo con los que aparecen hasta la página 168, leyendo en diagonal, seguro que me he dejado más de uno. Sé que algunos son reales, otros suenan reales. Si a los nombres de los escritores y artistas añadimos los de los lugares donde se desarrolla la historia y los de los personajes, la lectura se hace espesa, hay que volver atrás una y otra vez, todo son nombres y calles con nombres de personas.

Se me ocurre borrar de mi MP3 toda la música de grupos indies y llenar el hueco con Bach y Mozart y Beatles y Rolling y Lou Reed, y que mi próximo libro en la mochila sea de Torrente Ballester o de Somerset Maugham.

En la tienda del Reina Sofía veo un libro de Georges Perec. Estoy a punto de cogerlo. Luego pienso que no es buena idea, que ya llevo bastante peso. Compro un lápiz, mejor. Recuerdo a Fernando Sánchez Dragó cuando dijo el otro día algo así como que la curiosidad mata al 80% de los gatos. No estoy seguro de que lo mío sea curiosidad.

Por fin es viernes.

Dios mío, ¿qué me está pasando?

domingo, 8 de noviembre de 2009

Domingo, día del Señor

Falta pollo para el cocido, a pesar de que en la nevera hay un cajón con más de cinco kilos de carne embolsada y congelada. Voy a por una bandeja de muslos a Opencor, y de paso compro el periódico y el pan. Me pongo en la cola. Detrás de mí, una vieja con un carrito. Lleva una revista, una barra de pan y algo más en lo que no me fijo, sólo me llama la atención que usa el carrito para apoyarse, como andador. Muy maquillada, el pelo cardado y tintado color paja. Cuando avanza la cola y yo doy un paso, ella da dos. Lógicamente pronto llega el momento en el que en lugar de estar detrás de mí, está a mi derecha ligeramente adelantada.

Hoy estoy algo flojo, no tengo ganas de discutir y menos con una vieja que usa el carro como andador, pero no dejo de disgustarme un poco. Me da por pensar que la clave de la superviviencia de la especie está en la mezquindad. En la de la vieja, en la mía. Y en la tuya.

Por suerte todas las cajas están abiertas y cuando llega mi (¿o su?) turno dos cajeros llaman a la vez a "¡el siguiente!", no es necesario discutir. Pago sin mirar a la cajera, ni a la vieja, ni a los que todavía están en la cola, y me voy por la puerta de atrás. Será por eso por lo que no me quedo con las caras de la gente: porque no las veo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Alaris 22-10-2009

No sé muy bien por qué al tren que va de Valencia a Madrid y de Madrid a Valencia le siguen llamando Alaris si en realidad se trata de un Alvia a la ida y de un Alaris a la vuelta (a veces también un Alvia a la vuelta) pero bueno, da igual. He sacado el ordenador, he pinchado el pendrive, he abierto la carpeta "blog", y con el botón derecho del ratón (no es un ratón, no sé cómo se llama el dispositivo apuntador de un portátil) he seleccionado "nuevo-documento de texto". Y resulta que hay un fichero que se llama alaris22-09-09.txt. Si tengo tiempo y batería miraré qué fue lo que escribí ese día 22 de septiembre de 2009 que se quedó en el pen.

Iba a decir que no sé por qué me sorprende que el guardia jurado de la ENA me salude como si fuera de la casa. En realidad llevo tres años pasando por allí una vez al mes. Así que como iba diciendo, no sé por qué me extraña que no me pida la acreditación y que me salude como si fuera un empleado más. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que una cosa trae a la otra, y una cosa es la charla sobre la gestión del tiempo en la que se habla del envejecimiento demográfico español, y la otra las reflexiones adolescentoides que me provoca. Supongo que aunque sea más o menos fastidioso asumir que todos vamos a morir algún día, teóricamente lo tenemos claro. Pero jode que una señora que podría ser tu madre, cargada de bisutería cara, te diga, con cifras y datos: "eh, pringao: yo me jubilo el año que viene; pero tú no sabes cuándo te jubilarás; ni yo, ni nadie; pero a los 65 seguro que no; ni a los 70. Y si algún día te jubilas y tienes hijos, no te podrán atender cuando caigas enfermo; y si no tienes hijos, el Estado [así, con mayúscula] tampoco te podrá atender. Gracias al avance de la Ciencia [también con mayúscula] vivirás muchos años enfermo y solo, y morirás en un hospital con la única compañía del respirador y de la máquina que hace 'bip'. Ah, por cierto: mi tipo marginal del IRPF es el 43%, así que gano más de 52.360 euros al año, y tú no".

Me acuerdo del artículo en EL PAIS del domingo sobre la Generación X (o de los chicos con el síndrome de Peter Pan, o baby-boomers). No sé. Supongo que no hay nada que perder. Yo me entiendo.

En el tren (por cierto, RENFE es un pequeño caos. En ese caos me sorprenden las azafatas capaces de sonreír a un pasaje desconocido, confundido y borrego; luego me acuerdo de la sonrisa profesional, esa cosa que nos explicaron -y que enseñaron a los empleados de la cadena de hoteles NH y supongo que después del éxito del invento, a mucha más gente del gremio de la hostelería y/o del sector turístico- para inmediatamente preguntarme si con los años las patas de gallo y las arrugas de expresión serán enfermedad profesional causada por la sonrisa profesional en esta categoría profesional), digo (el paréntesis ha sido más largo que el resto del párrafo), digo, en el tren pasan El niño con el pijama de rayas, y llego a oír el final. Siempre me ha fascinado la eficacia de la maquinaria del Estado (con mayúscula) ejerciendo el horror con la misma indiferencia (o interés) con la que recauda impuestos. Me pasó con El lector, con la historia de Maurice Papon y con Hannah Arendt y el rollo sobre la banalidad del mal y la burocracia prusiana.

Supongo que como civilización tenemos exactamente lo que nos merecemos.

Y me acuerdo de esa frase de Sergi Puertas que decía algo así como que nos empeñamos en entretener, y no nos entretenemos ni a nosotros mismos, (o parecido, buscad en Google "un gran fractal de mierda" y lo encontraréis, hoy no tengo ganas de documentarme). No intentamos entretener. Creo que intentamos no morirnos.

Esto está lleno de "nosés", de "supongos", de paréntesis y de preguntas que no me atrevo a hacer.

He leído el fichero alaris22-09-09.txt. Resulta que ya lo publiqué. ¿Tendré Alzheimer como Maragall? Cuenta en un reportaje que empezó a sospechar que padecía la enfermedad después de sus primeros dejà-vus y sensaciones físicas de inmaterialidad. Yo empecé a tener dejà-vus y sensaciones de físicas inmaterialidad (más bien experiencias de extracorporeidad) en la adolescencia. Recuerdo un dejà-vu completamente banal, pero lo recuerdo, la memoria es así de rara, montaba mi Orbea Furia en lo alto de la calle donde mis padres tenían el chalet en el que veraneábamos. Era la hora de la siesta, no había un alma, todo el mundo estaba viendo la tele o durmiendo, y yo parado a la sombra de un pino, junto a la acera, contemplando el paisaje. Y ya está. Yo pensaba que los dejà-vus eran una señal divina de que todo iba OK, hace ya mucho que no tengo dejà-vus, creo que ando algo perdido. Los episodios de viajes extracorpóreos sucedían casi siempre cuando me concentraba con las Matemáticas (así, con mayúscula). Era como si me contemplara desde fuera de mí. Como si fuese a la vez sujeto y objeto de observación. Intentaba resolver una integral y estaba a la vez concentrado en el problema y viéndome cómo me concentraba. Mientras tanto mi madre me avisaba de que la cena estaba lista. Y me sentaba a la mesa totalmente ido. Era como un autómata consciente. No me drogaba. Muy raro. Muy raro.

Ya no me fijo en los campos de trigo de La Meseta. Sólo leo el periódico, como, me levanto a mear, escribo y oigo música. Estaba en la primera temporada.

En el tren huele a conejo al ajillo. Es imposible. ¿Será el Alzheimer?

¿Cuándo dejaré de intentar entender?

4 de noviembre de 2009, publicación/actualización: he puesto unos cuantos enlaces, en el viaje no pude. Aún no tengo internet móvil.

domingo, 25 de octubre de 2009

Más abajo aún

Y para acabar de hundir a Ric más allá de donde alcanza la barra de desplazamiento vertical, corto y pego este artículo publicado en el suplemento vida&artes del diario EL PAIS de hoy.

«La generación 'peter pan' está hipotecada

España tiene casi 8 millones de treintañeros, nacidos al final del 'baby boom' - Están desencantados y altamente endeudados - Son consumistas y buscan en el ocio la nostalgia de su infancia


Josep Garriga 25/10/2009

En Estados Unidos se les bautizó como kidults -del inglés kid (niño) y adult (adulto)-. En Latinoamérica optaron por un juego de palabras en español, adultescentes, por la unión de adulto y adolescente. Y en España los sociólogos prefieren definirles como treintañeros bajo el síndrome de Peter Pan, mientras que los expertos en mercadotecnia les llaman Generación X. Constituyen, según los últimos datos demográficos del Instituto Nacional de Estadística, el segmento de población mayoritario en España, con casi ocho millones de personas y, en consecuencia, representan una bolsa ingente de consumidores.

Son los últimos hijos del baby boom de los setenta y, en general, todos responden a los mismos patrones. Constituían la generación mejor preparada pero que se ha dado de bruces con un mundo que ha cambiado repentinamente ante sus narices. Ahora deben construirse una nueva realidad y piensan, quizá con razón, que ya están llegando tarde. Son unos jóvenes que rompieron esquemas, abrieron nuevos caminos a base de luchas sociales y, de golpe, se ven amarrados a una hipoteca o, por el contrario, tienen que regresar al nido familiar, a esa casa de la que ansiaban emanciparse. En definitiva, un final de trayecto infernal. Y se dicen: "Yo no entiendo nada".
El único refugio que les queda ahora es su retorno a la etapa juvenil. Pero como retroceder en el tiempo se antoja imposible, mantienen las mismas actitudes y formas de ocio que entonces. Por eso se les llama kidults, adultescentes o Peter Pan.

El problema de los treintañeros arranca -y nunca mejor dicho- de su pecado original: su propio tamaño generacional. No es que nacieran muchos: nacieron demasiados. La tasa de fecundidad alcanzó los 2,8 hijos por mujer fértil. Este estigma les ha marcado desde entonces: masificaron las aulas de las escuelas, después las del instituto, las de la Universidad y, una vez con el título debajo del brazo, las colas de demanda de empleo y las oficinas del paro.

El sociólogo Enrique Gil Calvo apunta que, además de su peso demográfico, los treintañeros heredaron el objetivo de emanciparse con un piso de propiedad, una cultura enraizada en España e Italia, pero no en el norte de Europa, donde el propio Estado promueve y subvenciona el alquiler. "Aquí el Estado del bienestar sólo se entiende para la gente mayor, en ningún caso para los jóvenes", abunda Pau Miret, sociólogo del Centro de Estudios Demográficos. "Y en España las presiones para comprar una vivienda eran muy fuertes y constantes", agrega. El porcentaje de vivienda en propiedad en España se sitúa en el 92% frente al 6% de alquiler.

Pero ¿cómo comprar una vivienda con un contrato temporal y sin estabilidad laboral? La Generación X fue la primera que firmó hipotecas a 35 y 40 años vista. "Se hipotecaban no sólo por el hecho de comprar un piso, sino porque significaba comprarse la emancipación que ansía todo joven. Y los bancos se aprovecharon de este efecto llamada", resume Lorenzo Navarrete, decano del Colegio de Sociólogos de Madrid. A esta presión familiar y social -"con un alquiler estás tirando el dinero", les recriminaban- se sumó la bajada de los tipos de interés y unas entidades financieras que les recibieron con los brazos abiertos.

Sin embargo, su situación se asemeja a la del pez que se muerde la cola. El primer pilar para la transición al mundo adulto es el mercado laboral, porque supone la base para el resto de transiciones. Es decir, la compra de la vivienda, la creación de una familia y los hijos. Pero si el primer pilar no es lo suficientemente sólido o se resquebraja, se hunde el resto y con ello, incluso, la trayectoria vital. De ahí que la edad de emancipación en España se sitúe entre las menores de Europa, en el 45,6% del total de jóvenes. "Poco a poco se multiplica el efecto porque hasta que no consiguen el capital para dar la entrada del piso o un contrato estable van aplazando su salida de casa. Pero continúan pensando que la compra de una vivienda es la mejor inversión, incluso como apuesta biográfica, porque el título universitario no basta", insiste Gil Calvo, que denomina a este grupo Generación H, por la hipoteca. Un informe de Estados Unidos evidencia que los treintañeros representan la primera generación que, en términos relativos, gana menos que la de sus propios padres.

"Es la primera generación en la historia de la humanidad que no ha tenido que hacer lo que hacían sus padres. Y esto crea incertidumbre. Además, les ha fallado el tótem de la vivienda", comenta Gerard Costa, profesor de Marketing Social de la escuela de negocios Esade. Y Navarrete, de acuerdo con este análisis, apunta otra frustración: "Se pelearon por todos y con todo el mundo y, en muchas ocasiones, tiraron la toalla para poder irse. Y ahora casi no disfrutan de esas conquistas sociales que ellos consiguieron. Es una generación a la que debemos mucho y ellos, a su vez, también deben mucho, pero a los bancos".

Este turbulento contexto ha creado, según la mayoría de sociólogos, una generación desencantada, desorientada, perpleja, aplastada, con sensación de pesadez, con enormes y constantes dudas porque el mapa de rutas que trazaron sus padres ya no les sirve y han de orientarse con uno nuevo en blanco y con unos valores diferentes. "Es una generación desencantada, que no se ha adaptado, que podría romper pero no lo han hecho y esto comporta un desgaste. Pero yo el eje lo veo por las dudas ya que se han encontrado sin red de protección y tienen una sensación de oportunidad perdida", resume Gerard Costa.

Los treintañeros casados que buscan descendencia calcan, en su mayoría, esos parámetros de constantes dudas, considera Gil Calvo. ¿Sabré hacer bien de padre?, se preguntan. "Están atemorizados por hacerlo mal. Pero incapaces de imponer autoridad a los hijos optan por mimarles y por sobreprotegerles. Los protocolos de sus padres no les sirven y ahora carecen de manual de uso", comenta. Pero incluso en ellos -la pareja- se da una contradicción: culturalmente son transgresores y modernos pero sociopolíticamente conservadores. "Es una mezcla contradictoria y ambivalente", añade este sociólogo.

Ese conservadurismo se aprecia también en su inmovilismo laboral y en su visión del mundo del trabajo. Para sus padres el éxito y progreso profesional representaban una meta; en cambio, los treintañeros tienen otra escala de valores y dan mayor importancia a otra serie de elementos como el ocio y a colmar sus emociones. De ahí que, como subraya Costa "las empresas hayan entrado a degüello en este segmento de edad".

La eslóganes publicitarios de la tienda de muebles Ikea reflejan, con exactitud, la situación personal y el estado de ánimo de los treintañeros. "Donde caben dos, caben tres" no iba destinado a las parejas que querían ser padres sino a los treintañeros llamados boomerang, los que regresan a casa de sus padres después de una etapa frustrada y frustrante de emancipación. Y los hay en número. "Redecora tu vida", era un anzuelo para esta generación que no entiende nada perpetuo y desencantada, señala Pilar Alcázar, periodista y autora del libro Entre singles, dinkis, bobos y otras tribus, sobre las oportunidades de negocio destinadas a estos grupos de treintañeros. Y por fin, "La República independiente de tu casa", es sinónimo de búsqueda de emancipación, incluso en el seno del hogar. También va dirigido a quienes viven solos. Y la Generación X es la más abundante. Según la última EPA, del tercer trimestre de 2009, en España hay 539.300 viviendas unifamiliares de personas activas en este segmento de edad.

El consumo de los treintañeros va ligado sobre todo al ocio entendido como retorno y nostalgia de la etapa juvenil, porque implica también un cambio de valores. "Antes estaba mal visto que una persona tuviese un punto infantil, le llamaban niñato, pero ahora es diferente", añade Alcázar. "Es un segmento más consumidor. Cuando era joven entrevió estas cosas, pero lo disfrutó con limitaciones. Ahora lo puede hacer con amplitud", incide Costa. Y Navarrete apunta su explicación sociológica: "El síndrome de Peter Pan es la garantía de mantener la equidistancia entre sentirse integrado y, al tiempo, también libre. Aun pensando ya como adultos conservan más actitudes y atributos juveniles. Una lucha contracultural". También es cierto que los términos juventud y juvenil se han estirado e incluyen a personas de 34 años que son y se sienten jóvenes.

Los estudios de mercado y, en definitiva, los hábitos consumistas de estos treintañeros no fallan. En Barcelona, por ejemplo, se han agotado las famosas muñecas Baby mocosete. No las han comprado los padres para sus hijos, sino la mamá para su disfrute. El pasado fin de semana, la película de dibujos animados Vicky el Vikingo batió record de taquilla. La mayoría de espectadores eran treintañeros con su prole. Lo mismo sucedió en 2005 con Mortadelo y Filemón. Los ejemplos se extienden a los musicales de Mecano, Abba o Queen. O a la reedición de filmes como Star Wars. O a los anuncios: la recuperación del espot en blanco y negro del gel Legrain-París y el "Anda, los donuts". Y cómo no, a la play station o el Scalextric.

"En cuanto al ocio son unos jóvenes que gastan mucho. Pero ahorran en cosas prácticas, porque no dejan que les tomen el pelo. Utilizan las compañías aéreas low cost o los outlet de ropa. Pero, en cambio, gastan mucho en satisfacer sus emociones y en caprichos", afirma Alcázar. Y Gerard Costa lo ejemplifica: "La figura de Jockey de Batman cuesta más de 200 euros y ha sido todo un éxito. Y los de Tim Burton se agotaron". El Baby mocosete supera también los 200 euros».

Malditos sociólogos de mierda.

Estrategias de superviviencia familiar

Siempre había pensado que, cuando varias parejas salen juntas a comer o a cenar, era una grosería machista que los hombres se sentaran en un extremo de la mesa y las mujeres en el otro.

Hasta anoche.

Esta estupidez sirve también para mover un poco hacia abajo la foto de Ric. Me parte el corazón verle así. Sé que es una cobardía, pero prefiero mirar hacia otro lado. Pasemos esta página de nuestras vidas.

sábado, 10 de octubre de 2009

Calamares rellenos


Hoy he actualizado mi perfil de Blogger. Me he convertido en el único blogero de Blogger que tiene entre sus intereses los calamares rellenos. Espero que por poco tiempo. Anímense y únanse a mí.

Cada vez los hago de una manera diferente, no tengo un estándar, así que lo que escribo a continuación indica sólo la forma en la que los he preparado hoy. Intentaré ser lo más exacto posible en las cantidades, pero me temo que suelo cocinar a ojo.

Ingredientes:

Ocho calamares medianos (de un palmo, aproximadamente).
Una cebolla.
300 gramos de tomate frito.
Colas grandes de gambón congeladas (unos 350 gramos).
Un puñado de piñones.
Un filete de lomo de atún congelado.
Un litro de caldo de pescado (yo gasto Aneto, pero ustedes mismos; también se puede usar agua, o comprar arreglo de pescado y pasarse dos horas mirando como hierve la sopa).
Cuatro patatas grandes.
Harina, sal, aceite, pan rallado.

Preparación:

Se pica la cebolla. En una cazuela grande se sofríe a fuego lento. Cuando empieza a estar transparente, se añaden las patas y las alas de los calamares, que previamente hemos cortado en trozos muy pequeños. Poco después añadimos el atún, que hemos troceado en dados. Enseguida, las colas de gambas, que las hemos dividido cada una en dos o tres pedazos, depende del tamaño. Se añade sal (a gusto de cada cual). Luego, el tomate frito y los piñones. Se deja que haga "chup-chup" durante cinco o diez minutos, a fuego lento, removiéndolo si fuera preciso para que no se pegue al fondo de la cazuela (lo digo porque este verano tuve que cocinar en cazuelas ajenas y se pegaba todo-todo, y lo que se pegaba, se quemaba, y contaminaba todo el guiso).

Pasados esos cinco o diez minutos, se retira del fuego y con una espumadera se sacan los calamares, las gambas, el atún, los piñones y se colocan en una fuente, para que se enfríen. Dejamos en la cazuela el caldo restante.

Mientras se enfría el relleno, se pican los dos huevos duros y se añaden al susodicho relleno, removiendo todo para que queden bien repartido.

Cuando el relleno esté templado (fundamentalmente, para evitar quemaduras), se introduce en las bolsas de los calamares con una cuchara de postre. No hay que embutirlos del todo, porque luego, al cocer, encogen. Se cierran con un palillo. Si sobra relleno, se guarda.

Pasamos los calamares ya rellenos por harina y se sofríen. Luego se colocan en la cazuela donde quedaba el resto de caldo resultado del sofrito del relleno.

El relleno sobrante se puede triturar y añadirlo a la cazuela. A continuación, el litro de caldo. Se pone a fuego fuerte, y cuando empieza a hervir, se baja a fuego lento. Antes de eso hemos cortado las patatas en trozos medianos. Esos trozos se añaden a la cazuela cuando hierve todo. Se deja un rato hasta que la patata esté hecha y los calamares blandos. Aproximadamente, 15 minutos. Depende de la calidad de las patatas y de otras variables. Si se quiere espesar la salsa, se puede añadir pan rallado.

Lo de las patatas no es muy ortodoxo, pero es que mis hijos comen mucho y así se sacian. Además resulta un guisote muy adecuado para mojar pan. Hay quienes en lugar de patatas cuecen arroz aparte y lo sirven como guarnición. Mi familia los prefiere con patatas.

Otras veces, en lugar de atún, he puesto panceta, o jamón cocido. También se puede utilizar magro de cerdo. Puede no ponerse huevo, o añadir ajo, o una hoja de laurel. Es todo un universo de posibilidades el de los calamares rellenos.

Cuando los pruebe, les diré qué tal me han salido.


ACTUALIZACIÓN (21:20): está mal que yo lo diga, pero estaban de rechupete.

domingo, 4 de octubre de 2009

Things the Grandchildren Should Know II

Antes de entrar en materia, una frase que he leído hoy en un foro y que me recuerda algo que me pasó el viernes en el trabajo:

No discutas con un idiota. Te obligará a bajar a su nivel y allí te derrotará con su experiencia.

* * *

Dicho lo cual, vamos al tema. Un colega me dijo, con mucho sentido común, que sobre el asunto de la crítica, para ser templado, mejor no hacerla. O se recomienda algo encarecidamente o se pisotea. Y si no has recomendado cien cosas antes, mejor no andar pateando si no tienes vocación de Risto Mejide.

Yo soy templado, qué le vamos a hacer.

Anoche terminé Things the Grandchildren Should Know (TGSK), autobiografía de Mark Oliver Everett, "E", lider de la banda Eels. La primera cuestión es que se anuncia su inminente publicación traducida al castellano por la editorial Blackie Books, así que para los que no estén cómodos leyendo en inglés posiblemente valga la pena esperar hasta noviembre, fecha prevista de su lanzamiento.

La segunda tiene que ver con determinados libros en los que el protagonista es un suicida. Hace mucho tiempo leí El lobo estepario, de Hesse. Hace algo menos me recomendaron la biografía de Ludwig Wittgenstein, y más recientemente aún el título La familia Wittgenstein. Seguro que hay más, pero no los recuerdo ahora mismo o no los he leído. Harry Haller era un suicida, muchos Wittgenstein eran suicidas. La hermana de Mark Everett intentó suicidarse varias veces y al final lo consiguió, y él mismo reconoce haber pensado sobre el tema. La muerte (o la vida, según se mire) es el asunto central de TGSK. Y aparte de contener una reflexión sobre la muerte inevitable e imprevisible junto con una exaltación del carpe diem y de la música como vía de salvación y superación personal (lo que desde mi criterio lo convierte en un libro de suicidas, exactamente igual que El lobo estepario), Everett se revela al principio como un niño inseguro que no tuvo una figura paterna de referencia, para después reivindicarse a sí mismo y reconciliarse con sus difuntos y distantes padres. A algunos posiblemente les parezca una historia ñoña (yo creo que lo es). Sin embargo la he leído rápidamente y con gusto, a pesar de que no me manejo especialmente bien en inglés. También os digo que no pienso comprar la edición española (Blackie Books). No quiero llevarme la desilusión de una mala traducción, aunque por la pereza de no usar el diccionario sólo haya intuido el sentido de muchas páginas.

TGSK, libro imprescindible para los fans de Eels: influencias musicales, por qué, cómo y cuándo "E" parió sus álbumes. Para los coleccionistas de libros de suicidas, una pieza más.

Más información, aquí.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Alaris 22 de septiembre

En el Alaris hace un calor extraño que sólo encuentro en el tren: no puedes escapar de él, sofoca y es seco y húmedo a la vez. Estoy algo sudado, la ropa se me pega al cuerpo, me siento sucio. Igual la culpa no es del tren, lo mismo es que llevo casi 16 horas corriendo de un sitio para otro con un portátil a la espalda. Debería darme una ducha antes de acostarme, aunque llegaré tarde a casa y me dará pereza y lo más probable será que me meta en la cama directamente. Es mi cuarto trayecto en dos días. Ayer fue todo un poco caótico, no me había enterado de las obras en Puerta de Atocha, ni de que el tren ya no para allí y lo hace en Atocha-Cercanías y luego en Chamartín, así que perdí algo de tiempo haciendo el gilipollas Castellana-abajo-M30-arriba mientras la nación española recibía en Cibeles a Gasol, Ricky, Garbajosa y compañía. Hoy he hecho menos el paleto-en-la-gran-ciudad y he ido andando desde la estación hasta donde coño fuera que tenía que ir (diez minutos).

Ya no sirven Cardhu, en su lugar ofrecen Glenfiddich. Me suena la cara del tipo que está sentado junto a mí: claro, esta mañana íbamos también en el mismo tren. Oigo un móvil. "Tu-tu-ti-tuú, tu-tu-ti-tuú". Es el mismo tono (o politono, no sé cuál es la diferencia exacta entre una cosa y otra) que el que uso en mi Nokia, un fichero mp3 que ya no me acuerdo de dónde lo saqué porque lo voy copiando de terminal en terminal desde hace al menos cuatro años, es el timbre de los teléfonos de la UAT de Jack Bauer. Pero el mío suena peor, más mate. Miro a mi alrededor, quiero ver la jeta del tipo que lleva en su móvil el mismo tono (o politono) que yo y que suena mejor que el mío. Ya está, al otro lado del pasillo en diagonal, una fila delante de mí (o detrás de mí, porque ambos vamos sentados mirando en dirección contraria al sentido de la marcha). Será más o menos de mi edad, canoso y algo calvo. Parece alto, pero no lo juraría, a veces la gente engaña estando sentada.

La azafata que sirve la cena esta noche es la misma que sirvió la comida ayer, pero ayer no robé los cubiertos, así que hoy puedo hacerlo sin que me acuse de ladrón reincidente. Tengo una pequeña cubertería de Renfe en casa, la voy completando poco a poco. Coño, si va a ser la cubertería más cara de la historia, con lo que me está costando podría comprar una de plata.

Un hombre con corbata se levanta de su asiento para hablar por teléfono. Creo que quería ir a la plataforma, pero se coloca junto a la puerta de los retretes. Sin querer, escucho lo que dice, una frase hace que le preste atención: "mañana si eso quedamos un poco antes y lo hablamos... yo creo que nosotros, conceptualmente [sic] lo que tenemos que hacer es tirar la piedra y esconder la mano..." Sigue hablando. Parece que al día siguiente tiene una junta general de accionistas, porque habla de los consejeros y del gallinero. Se le nota preocupado porque no hay muchos temas que tratar, e igual en menos de media hora terminan (hay una norma no escrita según la cual una reunión de trabajo que dure menos de dos horas no puede considerarse una reunión de verdad). No sé si la gente es consciente de cómo se oyen las conversaciones en el tren. El miércoles se encontrará con su colega en el despacho de Garrigues. Me fijo en él cuando vuelve a su butaca. Traje azul marino, camisa celeste con cuello blanco. Ahora mismo está delante de mí (o detrás de mí, porque ambos estamos sentados mirando en dirección contraria al sentido de la marcha de tren) con un portátil encendido, como la mitad de los pasajeros del coche. Intento ver qué cojones hace, pero no puedo. No parece una hoja de cálculo, más bien un procesador de textos. Sí, ahora se ha levantado para dejar salir a la mujer que se sienta a su lado y alza el portátil por encima de su cabeza, veo toda la pantalla, está usando el Word 2003. Abogado con una probabilidad del 90%.

En el tren viaja un antiguo jefe de mi antiguo trabajo que afortunadamente no me recuerda o aparenta no recordarme (yo evito saludarle, no le culpo). Para compartir mi descubrimiento he mandado dos o tres SMS y me ha dado por acordarme de la inercia. En aquel antiguo trabajo teníamos un edificio que se caía, y tardamos en cerrarlo dos o tres años desde que los técnicos diagnosticaron una patología estructural. Luego, otros dos o tres años en empezar las obras de rehabilitación (problemas financieros). Dos años hasta finalizar las obras. Casi un año en equipar el inmueble. Finalmente llegó el momento de la reapertura, para tener que cerrarlo de nuevo dos meses después. Creo que hacía falta algo más de energía para arrancarlo de su estado de reposo, a pesar de que estuviera terminado y equipado. Seguimos con problemas de financiación, dirá alguien, pero no es más que inercia. Poner algo en marcha cuesta tanto como pararlo. Ese es el mayor defecto y la mayor virtud de mi profesión (o mi sector, como se dice ahora; ya no tenemos profesiones, tenemos sectores).

El antiguo jefe de mi antiguo trabajo lleva cinturón y tirantes. Un hombre precavido.

sábado, 19 de septiembre de 2009

viernes, 18 de septiembre de 2009

Puerta de entrada

Utilizo como puerta de entrada al Universo Nocilla el blog de Fernández Mallo. Cuando pincho los enlaces de la columna de la derecha y empiezo a saltar como una pulga de blog en blog, me encuentro con que es un universo masculino, en el que cultivados jóvenes-adultos utilizan palabras como oximorón, antaño y hogaño y escriben libros titulados "La estética de lo originario en Jünger", "Mutantes. Narrativa española de última generación" o "Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus" y que reciben críticas en las que sus obras son calificadas como "caleidoscopios ficcionales", "maquinación literaria que llega para lavar la cara de los géneros literarios", "virtuoso experimento", que "enfocan la vida contemporánea desde los antípodas de la ingenuidad y el aburrimiento del mimetismo presuntamente objetivo, y nos brindan una agradable sorpresa con su visión cáustica de la humanidad posmoderna". Hablan de Adorno como "el sudoroso mártir" y de cosas como la "izquierda heideggeriana" (que por supuesto es un oximorón), de Sloterdijk (¡me lo encuentro hasta en la sopa, ahora!) y afirman que habían sido buenos frankfurtianos hasta que hasta que leyeron un libro sobre el surgimiento de la nueva izquierda que les confinaba a ser una empresa académica. Citan a Coppola y a Jarmusch, escuchan Lou Reed y Leonard Cohen, y miran a Sabina por encima del hombro: "para mí Sabina es como Georgie Dann con sus canciones del verano, y nunca los he escuchado, salvo cuando, sin más remedio, suenan como música de fondo en algún lugar".

Pura tecnología C2C (*).

(*) Con 2 Cojones.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Fin de semana indie

Mr. E o simplemente E


Leo en algún sitio algo sobre la Generación Nocilla y me pongo a buscar, encuentro el blog de Agustín Fernández Mallo. De ahí, referencias a Eels, el Sr. Chinarro y la trilogía Nocilla Dream, Nocilla Experience y Nocilla Lab, que aún no es una trilogía porque la última aún está publicada (que yo sepa). Me hace gracia la pinta de gafapasta de Agustín Fernández Mallo (AFM le llaman algunos) y mucha más gracia la de Mr. E o simplemente E, el líder de la banda Eels. Leo una entrevista hecha al Sr. Chinarro, o Antonio Luque (no sé si en este caso son equivalentes o Antonio Luque es la persona y Sr. Chinarro el grupo musical, y por lo tanto me estoy refiriendo al escritor y al grupo de la misma manera cuando no son la misma cosa ¿o sí?) y publicada en El País, y me hacen gracia estos fragmentos:


EP3. ¿Quiere ser una máquina?

A. L. Una máquina de hacer hits y tener avión privado y yate y todo eso.
EP3. Miente, no quiere ser eso.

A. L. ¿Por qué no? Se vive poco tiempo. ¿Tú no lo quieres?


[...]


EP3. ¿Se aburre de sí mismo?
A. L. Yo no me aburro jamás. Se me van los días volando. Estoy tan tranquilo sabiendo que en nada y menos habré muerto. La gente se olvida, yo no.

Dos referencias a la muerte en una entrevista de 22 preguntas, casi un 10%. No está mal.

Busco dónde oír Eels, encuentro algo en Youtube y en el sitio oficial de la banda (se pueden descargar algunos archivos mp3 gratis), mola. Voy a FNAC, seguro que allí encuentro las Nocillas publicadas, efectivamente, están bastante a la vista. Las compro. De paso, me llevo un pack de CD's de Lou Reed de oferta: hay que ver, hay que ver: cinco CD's originales, menos de 20 euros. ¿Veis como si se puede? Pero estábamos hablando de mi fin de semana indie. Me leo en dos días Nocilla Dream, esta noche empezaré con Nocilla Experience, acabo de cargar en mi reproductor MP3 Hombre Lobo, de Eels, e inmediatamente haré lo mismo con Ronroneando, del Sr. Chinarro (o Antonio Luque). Leo sobre los indies en la Wiki, de ahí voy a los hipsters y a los gafapastas.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Hells Angels 65


Estoy obsesionado con las fotos de los Hells Angels de la revista LIFE. Obsesionado, fascinado. Fascinado. Esas motos, simples, sobrias, ligeras. Las gafas, los pelos, las barbas. Los chaquetones militares, los chalecos, las botas.

Ayer tuve una reunión preparatoria de una clase que tengo que dar para gente de mi oficio. Para dar la clase en condiciones me debería leer un par de documentos algo largos y espesos. No tengo ningunas ganas. Cuando salí del centro donde se celebró la reunión, tomé por equivocación el camino que me llevaba hasta la salida hacia Barcelona. Iba con la Harley, el casco abierto y ropa de calle, en mangas de camisa, ni siquiera llevaba una cazadora de algodón. Me relajé y decidí rodar hasta el próximo cambio de sentido. Separé las rodillas y apoyé el la mano izquierda sobre el muslo, sujetando el manillar sólo con la derecha, como si fuera un jodido ángel del infierno de Berdoo en 1965. No iría a más de ochenta por hora. En un momento determinado pude oler el salitre del mar.

Lo último que se me habría ocurrido en ese momento hubiese sido ponerme a leer el par de documentos algo largos y espesos.

Ya no tengo edad para convertirme en un rebelde hippie motociclista. Empecé tarde con ese rollo. Debería estudiarme esos papeles, preparar los powerpoint y escribir un artículo o dos sobre el asunto. Pero no tengo putas ganas. Habría seguido rodando hasta que entrara en reserva, llenara el depósito y se volviera a vaciar, hasta que me doliera tanto el culo que tuviera que parar, hasta que se hiciera de noche y tuviera que buscar donde dormir, para luego al día siguiente volver a empezar a rodar y a rodar, sin parar, hasta que entrara en reserva, llenara el depósito y se volviera a vaciar, hasta que me doliera tanto el culo que tuviera que parar, hasta que se hiciera de noche y tuviera que buscar donde dormir para luego al día siguiente volver a empezar a rodar y a rodar, sin parar, hasta que me gastara todo el dinero en gasolina.

Estoy atrapado en el tiempo, hasta dentro de mi cabeza. Mirando fotos de gente que se tomaron antes de que yo naciera, para fijarme cómo vestían, qué gafas llevaban, qué botas calzaban, qué motos montaban, cómo las preparaban, para vestir igual, calzar igual, montar la moto más parecida. Porque esas fotos me embelesan, y esos nombres: Magoo, Terry the Tramp, Norton Bob. Hostia, qué felices se les veía. Qué años de hacer lo que les salía de los huevos, mientras aquí el modelo a seguir era Manuel Fraga Iribarne.

Joder. Acaba de entrar mi mujer para recordarme que haga la declaración de la renta. Me enfado, le digo que nunca se me olvida cumplir con mis obligaciones tributarias, pero que siempre lo hago el último día, es una costumbre, que me deje estar.

Joder. Joder. Joder.

Mañana comunión. Me vestiré como si fuera rico y católico y sonreiré a los curas, a los padres y a las madres, y miraré con cara de póker a los debutantes con sus trajes de 600 euros y sus PSP, IPod, cámaras digitales y ordenadores portátiles: algún día no muy lejano yo también pasaré por el aro.

Rodar, rodar y rodar. Like a rolling stone?

(Este post lo escribí en mayo, pero no llegué a publicarlo. Por eso lo de la renta y las comuniones. @Hoy, 12 @de @septiembre, mientras @lo corregía -siempre la [n-x] corrección antes de publicarlo, después haré los x cambios restantes, es la marca de la casa, la vista previa no es suficiente sensación de publicidad- mi mujer se ha acercado cuatro o quince veces a preguntarme si tiraba o no semanales de El País antiguos, dónde guardaba instrucciones de legos, revistas de coches y de motos, cargadores de reproductores MP3 y cosas así. Y mi hija me ha enseñado su estuche nuevo de High School Musical, lo ha vaciado entero encima de la alfombrilla del ratón, me ha pedido que arreglara el cierre de la cremallera que se había roto "solo", luego toda la familia quería saber qué destino le dábamos a terminales de móvil viejos, aquellos Ericsson T28 de tapita que se abrían apretando un botón, cómo molaban... esas interrupciones me molestan, me ponen de mala leche; pero cuando estoy solo, como cuando tengo que pasar la noche en un hotel por trabajo, las echo muchísimo de menos... tendré que solucionar este asunto, la tendencia a la soledad y el dolor de la soledad y el dolor de la compañía. Ya pensaré algo).

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Sopa de fideos (actualizado)

Llevo varios días con la idea de escribir algo relacionado con la sopa de fideos, y no sé muy bien cómo hacerlo. La sopa de fideos es real, pero no es sólo agua, grasas, algunas proteínas, harina de trigo y sal. Es algo más. Es imposible explicar con el lenguaje humano lo que es la sopa de fideos a aquéllos que todavía no saben lo que significa. Así que simplemente intentaré contar lo que me pasó con la sopa de fideos. A lo mejor, recordando la situación y la sensación, consigo encontrar palabras que se ajusten lo mejor posible a lo que sucedió en aquel momento.

El lunes, a la hora de cenar, otra vez en casa después de pasar cinco o seis semanas fuera, entré en la cocina y vi en la encimera un cazo con sopa de fideos. Pequeño, de acero inoxidable, sin tapa. A su alrededor, sobre la vitrocerámica y formando una especie de corona de moho blanquecino, destacaban las manchas del caldo que había rebosado al hervir, cayendo sobre la placa caliente y que al evaporarse de forma casi instantánea (como cuando derramas un poco de agua sobre un trozo de metal al rojo) había dejado un residuo seco parecido a las incrustaciones de cal que se forman en los tanques de los acuarios.

Era el cazo. El cazo que representaba la ceremonia de todas las noches consistente en llegar a casa a las 8, dejar la mochila y el casco, quitarse las botas y, mientras los niños se duchan, entrar en la cocina, poner algo de caldo en el puchero, y cuando rompe a hervir, echar dos puñados de fideos, ver como se derrama la sopa sobre la placa vitrocerámica incandescente y se evapora casi en el acto, dejando un residuo seco parecido a las incrustaciones de cal que se forman en los tanques de los acuarios. Cada noche, de lunes a viernes. Y el olor. El olor de la sopa de fideos, como el olor a meado, a casa de viejos.

Y entonces de repente me di cuenta, como si me hubiesen disparado y una bala de diamante me hubiera atravesado la frente, y pensé: Dios mío, que genialidad. El genio. La voluntad de hacer aquello. Perfecto, genuino, completo, cristalino, puro. Y entonces comprendí de que ellas eran más fuertes que nosotros. Porque ellas podían hacer sopa de fideos sin tener esa sensación de asco. Si los hombres tuviéramos ese carácter nuestros problemas terminarían rápidamente. Tener humanidad y al mismo tiempo ser capaz de hacer sopa de fideos sin sentimiento, sin pasión, sin juzgar; porque el juicio es lo que nos hace vulnerables. Y entendí la importancia de la sopa de fideos. A la sopa de fideos hay que respetarla, hay que temerla. Porque aunque hierve, no quema como un café recién hecho o el cañón de un M-16 después de haber vaciado el cargador o el tubo de escape de una moto a 140 ºC. Consume. Se instala en el cuerpo, en las narices, en la ropa y se convierte en parte de uno. La sopa de fideos está dentro. Pero no hay que odiarla. La sopa de fideos tiene cara, y tienes que hacerte amigo de la sopa de fideos. El caldo y los fideos son tus amigos. Si no son tus amigos, entonces son tus enemigos. Son enemigos reales.

martes, 1 de septiembre de 2009

Niebla

A las siete de la mañana había algo de niebla sobre los arrozales de Sueca. Era bonito, nunca los había visto así, era niebla de verdad y no el humo de la quema de la paja después de la siega. Pero no podía conformarme con eso y disfrutar de la vista. "Niebla. Eso es que no hay nada de viento. Hoy hará un calor de la hostia".

Llego a El Perelló, me paro en el semáforo, en la primera línea de la parrilla de salida. Cuando salgo por el puente que salva la gola de El Perelló, miro hacia La Albufera. No hay niebla. Tampoco puedo conformarme con la simple explicación de cuando el sol empieza a despuntar, la niebla normalmente se levanta. He de buscar una razón maligna. "Seguramente había niebla en los campos de Sueca porque la sierra de Corbera los protegía del Poniente (1). Hoy hará un calor de la hostia". Me paso el resto del camino observando las copas de los árboles y los juncos al lado de la carretera, intentando adivinar si se doblan hacia la derecha, la izquierda o permanecen perfectamente inmóviles. En la gola de Puchol miro a derecha e izquierda también, para ver si el agua está rizada en el lago o en el del mar. Pero está como un plato en ambos lados (2).

Luego resulta que no. Que no hace un calor de la hostia. Hace el calor de siempre (de la hostia). Pero yo tengo que empezar el día con optimismo.

Mañana será otro día, digo yo.

(1) Poniente es el nombre que se le da en Valencia al viento caliente y seco que en verano viene, precisamente, de Poniente, o sea, del Oeste. Es especialmente molesto, la gente se mete en casa, cierra puertas y ventanas y enciende los aparatos de aire acondicionado, si los tiene. Eso hace que en la calle haga aún más calor. La sierra de Corbera quedaba más o menos al Oeste de donde yo estaba.
(2) Cuando sopla Poniente, la Albufera está rizada y el mar plano. Cuando sopla Levante, es al revés.

viernes, 31 de julio de 2009

Magnífico Prullàs 2

"Por primera vez comprendía que todo se reducía a una fórmula sencilla: que los años no habían pasado en balde para él, que se había hecho mayor y que acababa de vivir el último verano de su juventud. Ahora se veía a sí mismo como lo que era: un hombre adulto sin oficio ni beneficio, y sin otro futuro que la nostalgia. Sólo era, en definitiva, una pieza de aquel prodigioso engranaje, limpio de mérito y culpa, simple heredero de un pasado en cuya construcción no había participado, pero cuyas consecuencias estaba obligado fatalmente a aceptar. [...] Ahora comprendía que aquélla era la vida que le había sido destinada y que hasta tanto las circunstancias no dispusieran lo contrario, todo esfuerzo encaminado a cambiarla estaba condenado de antemano al fracaso."


Eduardo Mendoza, Una comedia ligera.

Sí, me repito. Esto ya salió antes, hace exactamente 11 meses, y hoy tengo más o menos la misma sensación que entonces. Quiero decir, tengo la misma sensación al principio de las vacaciones de este año que al final de las del año pasado, y no sé si eso es bueno o malo. Tengo intención de llevarme un librillo de Sloterdijk, varias historias del inspector Maigret, La piedra lunar (que no es de Maigret; estaba buscando precisamente novelas de Simenon cuando entró en la librería un amigo, yo andaba algo perdido, no encontraba nada que me gustara. Cogió el libro de un expositor, me preguntó si la había leído, le dije que no. "Pues léela". Miré el precio, edición de bolsillo, era barata y la compré). Se supone que tengo que trabajar algo en mis actividades extralaborales (la docencia y la formación y esas cosas que cada vez me entretienen menos). Así que me llevaré el portátil, y de paso, los discos duros donde he metido todos los ficheros que tenía en el PC de sobremesa y que ya no utilizo (me he acostumbrado al portátil, los visionarios tenían razón). Quisiera poner algo de orden en los ficheros, ahora es una especie de caos. No he conseguido la mierda esa del internet móvil prepago de Movistar, no sé por qué lo anuncian por la tele si no hay tarjetas en las tiendas. Así que no tendré Internet. Mejor. Quiero desengancharme una temporada de la red. Como si fuera una sardina.

El pasado fue el verano de Eduardo Mendoza. Este tiene toda la pinta de ser el verano de Simenon. Simenon. Toda su vida viviendo en el mismo pisito del Bulevard Richar Lenoir hasta su jubilación; entonces se va a vivir al campo, a una casa que compró en en Meung-sur-Loire. La compró tres años antes de jubilarse, por lo visto. A los 63.

Aún tengo algo de tiempo.

A los que os vayáis de vacaciones, felices vacaciones; a los que no, que os sea leve. Y a todos, hasta septiembre si Dios quiere.

miércoles, 22 de julio de 2009

El semáforo

Hay dos chicos que veo por las mañanas camino del trabajo. Lo mismo pueden tener 16 años que 28, con esa edad indefinida que caracteriza a algunas personas discapacitadas. Visten a su propio modo, de una manera que no haría nadie que yo conozca, da la impresión de que ellos mismos escogen la ropa de su armario sin fijarse demasiado en los colores, o de que a quienes les ayudan a elegirla y a ponérsela no les preocupa que la camiseta no combine con el pantalón. Unas veces los encuentro sentados en un banco, a la sombra de un árbol, esperando sin hablar a que llegue el autobús. Abren y cierran sus mochilas y miran, imagino, si está el bocadillo, la botella de agua o la manzana que supongo que alguien ha preparado para su almuerzo. Otras veces me los cruzo caminando hacia la parada; andan los dos con dificultad, como siguiendo un vía crucis, pero uno de ellos sujeta amorosamente por el cuello al otro, ayudándole a cruzar el semáforo. Y ese gesto, en ese momento del día en el no soy más que un niño yendo al colegio, hace que se me parta el alma.

domingo, 12 de julio de 2009

La importancia del contexto

Un hombre habla con su mejor amigo. Le cuenta que se va un par de días a un balneario de vacaciones, con su padre, al que hace poco le diagnosticaron un Alzheimer incipiente. Le preocupa tanto el irse de vacaciones (es un adicto al trabajo) como pasar dos días con su padre: su relación está bastante deteriorada, desde hace años, antes de que empezara a manifestar los síntomas de su enfermedad. También se muestra algo escéptico acerca de las virtudes del balneario, pero su padre se niega a ir a un hotel de ciudad para hacer turismo cultural, cosa que por otra parte el hijo entiende. El amigo le da ánimos, le dice que tenga paciencia y que no dude en llamarle o mandarle sms'. Nuestro hombre dice que así lo hará y se despide de él dándole un abrazo.

Cuando llega al balneario se encuentra con una auténtica ruina. El edificio sobrevive en el mismo estado que hace 50 años, con el mínimo mantenimiento. En el dormitorio tras una pequeña puerta hay un retrete. La pila del lavabo está en la misma habitación y no hay ducha, es un balneario. El hombre se disgusta un poco con su padre por su empeño en ir ese maldito sitio, y discuten. Salen algunos trapos sucios, los de siempre, y su enojo aumenta. Se van a la cama sin hacer las paces, los dos son demasiado orgullosos como para pedir perdón. Le cuesta coger el sueño, y cuando está a punto de hacerlo su padre (comparten habitación) empieza a roncar. No consigue dormir en toda la noche y la pasa cavilando sobre su fracaso como hijo, sobre el fracaso de su padre como padre, sobre el fracaso de los dos como padre e hijo... y llega a la conclusión de que ya no tiene arreglo y menos ahora, cuando previsiblemente su padre irá perdiendo facultades y la solución será cada vez más difícil. En el desayuno no cruzan palabra, ni siquiera se miran a la cara.

Su padre se levanta para acabar de asearse, el hombre decide quedarse en la terraza fumando un pitillo. Saca el móvil y con la cabeza aún en su insomnio manda un sms a su amigo:

"Ya no queda nada".

Su amigo en ese momento está saliendo de una reunión para meterse en otra. El trabajo se le acumula encima de la mesa. En los dos últimos años sólo ha tenido un par de semanas de vacaciones, está cansado y quiere irse a la playa con su familia. Lee el mensaje en dos segundos y en cinco contesta:

"Eso es porque disfrutas".

El hombre aplasta la colilla en un cenicero y entra en el bar del hotel del balneario. Pide un café y un sol y sombra. La vieja que está detrás de la barra no sabe lo que es y le sirve una infusión con una bolsita de té y otra de manzanilla.

Nunca antes se había sentido tan solo.

sábado, 11 de julio de 2009

GPS moto

Estos días he estado buscando un GPS para moto. Las dos opciones más comunes en el mercado son el Tomtom Rider y el Garmin Zumo. Los dos rondan los 500 €. Pero hay opciones más baratas: una funda estanca que se ajusta al manillar con dos cintas de velcro y una batería adicional. Todo sin cables:


Lo fabrica Extrem Weather y lo podéis encotrar aquí. La funda más la batería cuesta alrededor de 100 €, portes incluidos. Las opciones van desde los 50 €, sin batería, hasta los 150 €, con auriculares, cargador, puntero. Teniendo en cuenta que se puede encontrar un GPS normalito (Tomtom o Garmin, no hace falta irse a marca "el chino") para coche por unos 100 €, es una buena opción.

Actualización:

También está esto, que sale bastante bien de precio (40 $ más portes):


Actualización 2:

Finalmente, el anclaje RAM-MOUNTS (lo de arriba) me ha salido por 62 euros en el distribuidor local; más 99,95 del GPS Garmin Nüvi 205 (que compré para el coche), hace un total de 161,95 euros. En el peor de los casos, 300 euros menos que el Tomtom Rider o el Garmin Zumo.

domingo, 21 de junio de 2009

Copa America

Hoy Ayer me he quemado quemé los brazos. Por el sol. Iba paseando en la moto buscando un bar dentro del recinto del Puerto de Valencia para tomar una cerveza. Ni uno. Cero. Increíble. Hace un par de años había como mínimo media docena. ¿Por qué? ¿A nadie le apetece tomar algo mirando al mar?


Nota: A es el Bar La Aduana. Está justo en la entrada, técnicamente está dentro, pero desde su terraza no se ve el mar. Y es un bar de toda la vida. Quiero decir, que no es un bar nuevo que se montara después de las obras, está allí desde que tengo memoria. D es Casa Calabuig. Está fuera del recinto, y también es un bar de toda la vida.

La zona gris

Cuando escribo el título no puedo evitar pensar en La zona muerta, en La delgada línea roja o en El filo de la navaja, aunque no tengan nada que ver.

De vez en cuando alguien me riñe porque juzgo el mundo en términos de bueno o malo, blanco o negro, como lo pudiera hacer un niño pequeño. Recordaréis, o no, una entrada anterior que empezaba con las palabras "el bien y el mal son asuntos esenciales", en la que ya hablaba de estas cosas. Creo que no interesa mucho, pero escribir con la esperanza de que alguien me lea hace que me esfuerce por intentar expresar con claridad ideas que de otra manera jamás se convertirían en mensaje. Intento también que el mensaje sea entendible.

Cuando alguien me riñe por juzgar el mundo en términos de bueno o malo es como si me riñeran por sacarme los mocos de la nariz, hacer una pelotilla con ellos y lanzarlos por la ventanilla del coche. Ya sé que no debo hacerlo, que me riñan no sirve de mucho porque no tengo intención de dejar de hacerlo. También sé que hay una zona gris. Todos nos movemos en esa zona gris. Pero sigo juzgando en términos de blanco o negro. Y para no volverme completamente loco, ayer me acerqué a la zona gris para mirarla de cerca, y resultó ser como un cuadro puntillista: la zona gris no se hace mezclando en la paleta el blanco y el negro con mayor proporción de una pintura u otra. El gris son puntos de blanco puro sobre un fondo negro, o puntos de negro puro sobre un fondo blanco. A más puntos, tenemos un gris más claro (o más oscuro, si los puntos son negros sobre fondo blanco). Quiero decir que una acción compleja se puede descomponer en acciones más simples, y son las más simples las que son blancas o negras, no grises. Esto, en cierto modo, supone afirmar que las acciones simples son buenas o malas, nunca indiferentes. De lo cual no estoy muy seguro. (Tampoco estoy muy seguro de si una acción compleja es gris claro o gris oscuro por ser el blanco o el negro los dominantes. ¿Sería posible una acto complejo gris claro con un predominio de puntos negros?).

Así, hay gente excelente (fondo blanco) que de vez en cuando comete alguna mezquidad (un punto negro). Y hay gente despreciable (fondo negro) que de vez en cuando hace algo bueno (un punto blanco). Lo que me lleva a pensar que nos llama más la atención el punto blanco sobre el fondo negro que el punto negro sobre el fondo blanco: la buena acción del malvado es algo sorprendente, mientras que la mezquindad del santo es algo comprensible (nadie es perfecto). Lo que a su vez me hace creer que del alguna manera todos (¿o sólo yo?) tendemos más fácilmente a ver lo negro como lo normal, mientras que lo blanco es lo extraordinario.

Parece también que el fondo blanco o negro es algo propio de cada cual, y que sólo se puede pasar de un tipo de fondo a otro cubriendo totalmente el lienzo de puntos de su color contrario, lo cual en la práctica es imposible y estúpido, porque inevitablemente pintaremos un punto del color original del lienzo. Mantenernos eternamente evitando pintar puntos del color original no parece muy probable en términos estadísticos. Buda abandonó a su joven esposa y a su hijo, aunque dicen que ella le perdonó e incluso se convirtió en una monja budista, pero del hijo de Buda no tengo información. Para un occidental, ese abandono sería un punto negro sobre un fondo blanco. Un puntazo negro. Un tintero derramado sobre una sábana. Este comentario no tiene demasiado sentido, en cualquier caso.

Entiendo lo de los puntos negros y los puntos blancos. Desde el punto de vista del juicio, quiero decir. Incluso el puntazo de Buda lo comprendo, se podría justificar. Pero siguen sorprendiéndome (mentira: irritándome) las mezquindades aleatorias y gratuitas.

Releo lo anterior antes de darle al botón "publicar" y pienso que debo parecer un demente, pero no importa. ¿O sí? ¿Esto es un punto blanco sobre un fondo negro, un punto negro sobre un fondo blanco, una mezcla de puntos blancos y negros o simplemente una ventosidad que huele mal pero no tiene color?

sábado, 13 de junio de 2009

Por defunción

En el fondo, ni el PP está absolutamente convencido de haber ganado ni el PSOE de haber perdido, de ahí que la maquinaria de declaraciones y contradeclaraciones funcione por inercia, como el cuerpo de una gallina sin cabeza. Pasan los políticos por la radio y por la televisión y parece que llevan en la espalda una anilla de la que tienen que tirar sus jefes de prensa para que produzcan declaraciones, todas previsibles, tediosas. Ninguno se cree lo que dice. Los periodistas tampoco se creen lo que preguntan. Artefactos parlantes. Unos y otros seguimos hablando y escribiendo por mero oficio, sin alma. Desolación de domingo por la tarde, aunque sea viernes por la mañana.

Los jóvenes sin trabajo, que han vuelto, derrotados, al domicilio familiar, no comprenden la pasión de sus padres por los telediarios, a los que asisten como el que asiste a una misa, quizá esperando una revelación. Pero las revelaciones ya no llegan a través de los telediarios (ni de las misas). En cuanto a los tertulianos, dan vueltas a los mismos asuntos como amarrados a una noria. Los de la tarde repiten lo que han dicho los de la mañana y los de la noche lo que han dicho los de la tarde. Al día siguiente, cargan la piedra de Sísifo y vuelta a empezar. Produce desazón escucharlos. Todo es circular y un poco angustioso. Todo está como detenido a la espera de que alguien tome una decisión. A la puerta de los institutos, los adolescentes se fuman un canuto antes de entrar en las aulas analógicas, donde recibirán lecciones inútiles para la vida. Dan ganas de pedirles una calada, para ver cómo sienta un porro a las ocho de la mañana. Lejos de eso, me dirijo dócilmente a por los periódicos de papel con el pinganillo de la radio en la oreja, escuchando análisis de segunda o tercera mano. Digan ustedes algo nuevo o cierren. Por defunción, claro.

domingo, 7 de junio de 2009

Valencian Psycho



Mariano




"Hay algunos datos que, en mi fuero interno, me hacen pensar que se trata de ETA. Y es que, además de que me lo dicen, yo tengo la convicción moral de que es así". Mariano Rajoy Brey.

"Mire usted, que Irak tenía armas de destrucción masiva y que las tiene es casi un hecho objetivo. Yo tengo la convicción de que aparecerán las armas de destrucción masiva". Mariano Rajoy Brey.

"Él ha repetido tantas veces que todo se aclarará que yo estoy convencido de que así sucederá". Mariano Rajoy Brey (sobre Camps y sus trajes).

More psycho




sábado, 6 de junio de 2009

Un par de psicópatas



Pinosero

"Al principio los bancos sabían lo que vendían, y los clientes lo que compraban. Después pasamos a una fase en la que los bancos sabían lo que vendían pero los clientes no sabían lo que compraban. Y desde hace tiempo ni los bancos ni los clientes tienen idea de nada".

Pedro Solbes.

El mundo es todo lo que es el caso


Erlich, El País, 6 de mayo de 2009

domingo, 31 de mayo de 2009

Hijos de Eva

Curita, como llama su amigo del alma a Francisco Camps, no, pero católico ferviente, sí. No lo digo porque yo sepa de su vida privada, sino porque la ostentación pública de su fe así me lo ha enseñado. Y si yo fuera un católico como él, con el alma limpia como una patena para ir a comulgar, no estaría tranquilo con que a la gente no le interese nada el caso Gürtel, como dijo en Alicante hace ahora ocho días. Y no sólo por lo que eso supone de pérdida de sentido del pecado por parte de la gente, sino porque el reino del diablo se impondría así en nuestra ciudadanía sobre el reino de Dios, que es el que Camps tiene por suyo. Pero él no sólo parecía tranquilo por la falta de interés de la gente por los asuntos de corrupción, sino que se mostraba eufórico porque esa falta de interés le augure buenos resultados en las elecciones europeas. Y no es que yo conceda la razón a quienes se han atrevido a pensar que todo este lío, con trajes incluidos, pero no sólo con trajes, ha sido inventado por el mismo honorable president al sólo objeto de ofrecerle una victoria a Mayor Oreja.

Pero malos pensamientos tiene cualquiera. Yo mismo los he tenido y he corrido a confesarlos. Creía el cura que a mi edad eran pensamientos eróticos y tuve que aclararle que, conocidas las casi eróticas conversaciones de Camps con el Bigotes, llegué a pensar mal del presidente. Quiso el presbítero imponerme mayor penitencia que a un muchacho obstinado en la masturbación, pero comprendió de pronto que el diablo tecnológico es muy persuasivo y me aplicó un atenuante. La verdad es que acudí al confesionario al sentirme un inquisidor del siglo XXI, aludido por Rajoy, pero en pleno acto de contrición advertí que para la Iglesia un inquisidor no era cosa mala y, si para la Iglesia no lo ha sido, deduje que tampoco debía serlo para Camps. En todo caso, a la vista del júbilo con que Camps y los suyos entran y salen del juzgado o afrontan todo lo relacionado con presuntas anomalías en la decencia —la sonrisa es salvadora—, no se puede decir que estén viviendo un calvario, sino que lo único que preparen sea una gloriosa Pascua para el 7 de junio.

Y aparte. Ya sé que si Camps se declara inocente ante el juez en cuanto se le imputa no va a mentir a los ojos de Dios, de modo que de ningún lugar debe salir más contento y sonriente que del confesionario, lo acompañe o no Rita Barberá al sacramento de la penitencia, muerta de risa. Pero una cosa es que él no tenga pecado, ni el confesor precise de conversaciones grabadas para darle su absolución, y otra muy distinta que dé por bueno que la gente no se escandalice ante el pecado. Cuando lo dijo temí por su alma de benéfico hijo de la Iglesia, lo recordé entre pétalos de rosas acompañando en mayo a la Mare de Déu, más virgen patrona él que la celestial señora. Recordé a los fieles que guardaban pétalos de los dispuestos para la Virgen para hacerlos caer sobre su cabeza como sobre la testa de un mártir aureolado.

Yo no me atrevería a asegurar que el president valenciano dice en su Parlamento autonómico lo mismo que a su confesor, pero supongo que a su confesor no lo engaña. Otra cosa es que el confesor tenga de la ejemplaridad el mismo concepto que Rajoy de Fabra. Y si así es —pecaditos veniales los regalos— no me extrañaría nada que sus devotos estén preparando ya los pétalos de rosa, no para cuando Camps acompañe a la Mare de Déu en su procesión, sino para cuando paseen en procesión solemne a san Francisco Camps.