viernes, 30 de enero de 2009

Apellidos compuestos

"Una característica que rápidamente llama la atención al consultar una lista de opositores a un Cuerpo Superior del Estado es la abundancia de apellidos compuestos. Aunque los apellidos compuestos son escasos en el conjunto de la población (1), sin embargo abundan entre los opositores. Las oposiciones estudiadas las podemos diferenciar en dos grupos según la proliferación de candidatos con apellidos compuestos. Por un lado tendríamos las oposiciones de menor tamaño, que es donde se encuentra un mayor porcentaje de candidatos con apellido compuesto: un 10’2% en Abogados del Estado, un 10’1% en la Carrera Diplomática y un 10’1% en Registros. Por otro lado tenemos las oposiciones que cuentan con un mayor número de candidatos, donde el número de candidatos con un apellido compuesto es relativamente menor: un 3,1% en Secretario Judicial, un 3’9% en Inspector de Hacienda y un 4’0% en Juez y Fiscal. Por otro lado, en Notarías, a pesar de que se presentan cerca de 1500 candidatos en cada convocatoria, un 7’7% de éstos posee un apellido compuesto."

(1) Por desgracia no es posible disponer de datos sobre la distribución de los apellidos a nivel estatal. La comunidad autónoma de Madrid, sin embargo, proporciona la lista y frecuencia de aquellos apellidos que poseen más de 100 residentes en esta comunidad (el total de residentes es de casi 6 millones). En esta lista figuran 73 apellidos compuestos, siendo su frecuencia inferior siempre al 0’006% de la población (menos de 363 personas). En conjunto el total de individuos que poseen un apellido compuesto sería siempre inferior al 1% de la población. Los resultados presentados en este artículo son robustos a la exclusión de los 73 apellidos anteriores.

domingo, 25 de enero de 2009

Las partículas elementales

"El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe en corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte."

Michel Houellebecq, Las partículas elementales.

Casualidades

A veces leo cosas.

Actualización (para que cuando dentro de 6 meses relea esta entrada comprenda de qué iba el asunto): me refiero a que leo algo que me genera cierto estado de ánimo, y encontrándome en ese estado de ánimo, leo otra cosa de origen totalmente diferente que tiene mucho que ver -o me sugestiono para pensar que así es- con ese estado de ánimo.

viernes, 23 de enero de 2009

Segunda temporada

No sé muy bien por qué compré hace poco un libro de Jack Kerouac, Los vagabundos del Dharma. Conseguí acabarlo. Me llamó la atención como la novela hacía constantes referencias a las cosas alimenticias: qué y cuándo desayunaba, almorzaba y cenaba el protagonista, tortitas, sopas, verduras, judías, y lo que costaba la comida. Me recordó los libros de Enid Blyton y la cerveza y las galletas de gengibre. Luego, una noche de insomnio, viendo The O.C., esa serie para adolescentes, el joven Seth hablaba de hacer la ruta americana de las tortitas al estilo de En la carretera (creo que decía En la carretera, aunque aquí se tradujo como En el camino) de Kerouac, mientras Ryan, Marissa y él las comían en el Redondo Coffee Shop. Y otro día, en el supermercado, vi un paquete de harina para hacer tortitas, y por culpa de Los vagabundos del Dharma y de The O.C. lo compré, y también un bote de sirope de arce que luego me resultó bastante empalagoso.

Algo después estuve en una librería, y a punto estuve de llevarme En el camino. No lo hice. Volví a casa, rebusqué por las estanterías, y allí estaba. Lo ojeé. No recordaba haberlo leído, y lo volví a dejar en su sitio, sin intención de leerlo, porque había traído otros libros, uno que sí había comprado antes, de Philip K. Dick. El caso es que cuando lo vi en el expositor, la portada me resultó familiar y atractiva, dudé acerca de si ya lo tenía, leí la contraportada, no me sonaba, lo cogí, cuando llegué a casa comprobé que efectivamente sí, ya lo tenía. Y algo de Houellebecq, con lo que estoy ahora, y una de ciencia ficción, policías y asesinos filósofos de Kerr, que he acabado y no está mal.