viernes, 23 de enero de 2009

Segunda temporada

No sé muy bien por qué compré hace poco un libro de Jack Kerouac, Los vagabundos del Dharma. Conseguí acabarlo. Me llamó la atención como la novela hacía constantes referencias a las cosas alimenticias: qué y cuándo desayunaba, almorzaba y cenaba el protagonista, tortitas, sopas, verduras, judías, y lo que costaba la comida. Me recordó los libros de Enid Blyton y la cerveza y las galletas de gengibre. Luego, una noche de insomnio, viendo The O.C., esa serie para adolescentes, el joven Seth hablaba de hacer la ruta americana de las tortitas al estilo de En la carretera (creo que decía En la carretera, aunque aquí se tradujo como En el camino) de Kerouac, mientras Ryan, Marissa y él las comían en el Redondo Coffee Shop. Y otro día, en el supermercado, vi un paquete de harina para hacer tortitas, y por culpa de Los vagabundos del Dharma y de The O.C. lo compré, y también un bote de sirope de arce que luego me resultó bastante empalagoso.

Algo después estuve en una librería, y a punto estuve de llevarme En el camino. No lo hice. Volví a casa, rebusqué por las estanterías, y allí estaba. Lo ojeé. No recordaba haberlo leído, y lo volví a dejar en su sitio, sin intención de leerlo, porque había traído otros libros, uno que sí había comprado antes, de Philip K. Dick. El caso es que cuando lo vi en el expositor, la portada me resultó familiar y atractiva, dudé acerca de si ya lo tenía, leí la contraportada, no me sonaba, lo cogí, cuando llegué a casa comprobé que efectivamente sí, ya lo tenía. Y algo de Houellebecq, con lo que estoy ahora, y una de ciencia ficción, policías y asesinos filósofos de Kerr, que he acabado y no está mal.