sábado, 14 de febrero de 2009

Tengo una teoría de mierda: el Teorema de Borde

Después de haber asistido en dos días consecutivos a dos reuniones con el titular de un órgano superior, con el titular de un órgano del nivel directivo y con los titulares de varios órganos de nivel administrativo, una idea que me rondaba la cabeza ha cristalizado en teorema.

Proposición 1. Las personas tienen capacidades intelectuales.

Proposición 2. Pensar, resolver y ejecutar son capacidades intelectuales, pero no son necesariamente la misma cosa. Se puede pensar sin resolver nada, y se puede resolver sin pensar nada. Y se puede ejecutar sin pensar y sin resolver, ejecutar resolviendo pero sin pensar, ejecutar pensando sin resolver. Entiéndase por pensar “reflexionar, examinar con cuidado algo para formar dictamen” (Diccionario RAE, segunda acepción), por resolver “tomar determinación fija y decisiva” (Diccionario RAE, primera acepción) y por ejecutar “poner por obra algo” (Diccionario RAE, primera acepción).

Corolario a las proposiciones 1 y 2. Las personas pueden tener las capacidades intelectuales de pensar, decidir y ejecutar, una, dos o tres de ellas, pero también ninguna.

Proposición 3. La administración se organiza en órganos superiores, nivel directivo y nivel administrativo.

Proposición 4. Los titulares de los órganos superiores, de los órganos del nivel directivo y de los órganos del nivel administrativo son personas.

Hipótesis. Los titulares de los órganos superiores y los titulares de los órganos de nivel directivo deciden y los titulares de los órganos del nivel administrativo ejecutan. Se califica la anterior afirmación como hipótesis porque del análisis de las normas organizativas de la administración pública concernida se deduce claramente que los titulares de los órganos superiores y de los órganos del nivel directivo “dirigen”, pero no se deduce claramente qué hacen los titulares de los órganos del nivel administrativo. Así que se presume que ejecutan.

Inferencia por subalteración de los corolarios 1-5 a la Proposición 4. Las personas titulares de los órganos superiores y del nivel directivo pueden tener las capacidades de decidir, pensar y ejecutar, una, dos o tres de ellas, pero también ninguna.

Para formular el teorema de Borde elaboramos la siguiente matriz:



Donde los valores posibles son ‘SÍ’ o ‘NO’.

Teorema de Borde

Lema 1. Si VALOR1 y VALOR6=SÍ ---> la administración funciona.

Lema 2. Si (VALOR1 y VALOR6=SÍ) y (VALOR2 o VALOR5)=SÍ ---> la administración funciona mejor.

Lema 3. Si (VALOR1 y VALOR6=SÍ) y (VALOR2 y VALOR5)=SÍ ---> la administración funciona óptimamente.

Lema 4. Si VALOR1 y VALOR6=NO ---> la administración no funciona.

Lema 5. Si (VALOR1 y VALOR6=NO) y (VALOR2 o VALOR5)=SÍ ---> la administración no funciona, y además, donde (VALOR2 o VALOR5)=SÍ---> la persona titular puede padecer neurosis.

Lema 6. Si VALOR1 o VALOR6=NO ---> la administración funciona mal.

Lema 7. (VALOR1 o VALOR6=NO) y (VALOR2 o VALOR5)=SÍ ---> la administración funciona mal, y además, donde (VALOR2 o VALOR5)=SÍ---> la persona titular puede padecer neurosis.

Teorema: si decide quien tiene que decidir, y ejecuta quien tiene que ejecutar, las decisiones se llevarán a término. Si además las decisiones o la ejecución están meditadas, las buenas decisiones estarán ejecutadas de forma mediocre o las malas decisiones estarán ejecutadas de forma óptima. Si las decisiones y la ejecución están meditadas, las buenas decisiones estarán ejecutadas de forma óptima. Si no decide quien tiene que decidir ni ejecuta quien tiene que ejecutar, ‘el último que salga que apague la luz’. En este escenario, si quien teniendo que decidir no lo hace por no tener capacidad, pero el pensamiento le conduce a la percepción de su incompetencia, padecerá en mayor o menor grado un cierto malestar. En cualquier caso, su incapacidad de decidir le impedirá dedicar su existencia a otros menesteres. Lo mismo se predica de quien tenga que ejecutar pero no lo hace por no tener capacidad, cuando el pensamiento le conduce a la percepción de su incompetencia. Si en cambio, no decide quien tiene que decidir, pero sí decide quien tiene que ejecutar, la administración funciona mal en la medida en que las estrategias se determinan por sujetos no legitimados. Además, decidirán y ejecutarán, y quien mucho abarca poco aprieta, o “no se puede planificar y ejecutar a la vez”. Si además quien tiene que ejecutar ejecuta y además decide, y además piensa, seguramente se deprimirá o, alternativamente, intentará subirse el sueldo o procurarse algún tipo de beneficio por el desempeño de la función de decidir. Ese beneficio, igual que el desempeño de la función de decidir, será ilegítimo. En la situación en la que no ejecuta el que tiene que ejecutar, pero sí ejecuta el que tiene que decidir, la cuestión es que no puede ejecutar nada que no esté previamente decidido, con lo cual también tendrá que decidir (que es lo que realmente tiene que hacer) por lo que la situación subjetiva será idéntica a la anterior, con la diferencia de que el sentido común nos lleva a afirmar sin ningún género de dudas que si el que tiene que ejecutar no ejecuta y desempeña su función el que tiene que decidir, además de la función de decidir, en el ejercicio de esta última probablemente decidirá prescindir de quien teniendo que ejecutar no lo hace. Las posibilidades de esta decisión aumentan cuando VALOR2=SÍ y VALOR5=NO. En cualquier caso, esto requiere que (VALOR1 y VALOR2 y VALOR3=SÍ) y (VALOR4 y VALOR5 y VALOR6=NO), lo que en términos estadísticos es poco probable.

Corolario al teorema: en la administración pública es mejor no pensar.


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