jueves, 23 de abril de 2009

Un gran fractal de mierda

De un tiempo a esta parte pienso mucho en lo cómicos que resultamos los chiflados que queremos alumbrar nuestra propia obra. Tarados que nos vamos haciendo más y más mayores sin conseguir quitarnos el gusanillo de entretener, pese a que a nosotros mismos nos resulta cada vez más difícil entretenernos. Es como un gran fractal de mierda donde no queda del todo claro dónde radica el mal, ni si está cerca o lejos, pero que luce marrón lo mires como lo mires (Sergi Puertas, visto aquí, texto completo, acá).

De un tiempo a esta parte parece que el mundo se deshace en pedazos a mi alrededor. Son pequeñas cosas, estupideces, pensará alguno, pero no es normal, tantas en tan poco tiempo, la garantía ha caducado. ¿La garantía de qué? La garantía de todo: nadie puede garantizar nada, me recuerda a menudo alguien a quien pago para que me escuche. Un vecino me manda una foto de la fachada de mi casa resquebrajándose. Esto es un fallo constructivo, que debe solucionar la constructora, afirma categórico. Es como si dijera: soluciónese. Amén. Meto el pie en un charco y las tapas de mis botas nuevas compradas en rebajas, en febrero, se despegan. La batería de la Harley: jodida, dos semanas después de cambiar las ruedas con un pinchazo fenomenal, poco después de abollar el guardabarros (la operación "Pintar moto" no salió bien, obviamente; una chapuza, discreta pero chapuza al fin). El portátil: he tenido que sacar el disco de recuperación tres veces en lo que va de año, y aún así cada vez que arranco me explica que Windows no ha podido iniciarse normalmente, que si quiero que intente recuperar una versión anterior del sistema, etc. Por poco pierdo mi DSLR con el objetivo bueno (que significa "caro"). Lavé mi gorra favorita y apareció con manchas de lejía. El PC de sobremesa, al que está enganchado el cable-módem, tarda como 10 minutos en arrancar (no exagero). Si lo enciendo con cualquier chisme USB que consuma mínimamente, la corriente no llega a la CPU y se cuelga. Afortunadamente, el cable-módem tiene vida independiente. Se me mueren los peces del acuario. Igual porque no los cuido, o porque son viejos. Pierdo todo. Sospecho que pronto tendré que ir al dentista a que me enfunde una muela (¿DSLR, PC, USB, CPU? ¡Dios mío, qué palabras!).

Esto no es muy racional, es infantil y banal, pero son como las primeras señales que confirman el presentimiento de que todo va mal, de que se ha torcido irremediablemente, y cada vez se torcerá más: lo que jamás pensé que podrían pasar, han pasado, y por lo tanto cualquier cosa indeseable y horrible puede ocurrir. Como cuando se dice que la diferencia entre la inteligencia y la estupidez es que la última no tiene límites, aplicado a lo bueno y a lo malo que nos pueden suceder. Joder, un mal fario.

Es la sensación de estar tapando tres vías de agua sólo con dos manos. Cuando no-sé-cómo consigo reparar una -con lo que ya no tengo que hacer malabares con las manos y los agujeros- se abre otra nueva. Pero como ya estoy mojado, da un poco igual. Y como sé que hundirme es cuestión de tiempo, da más igual.

El otro día estaba tirado en el sofá, viendo la tele. Mi mujer, como siempre, zascandileando cerca. En un momento determinado me tiré un pedo. ¿Cómo dices, cariño?. No hay nada que me cause más desazón que el que confunda un pedo con mi voz. ¿Cómo debo sonar? Y no es la primera vez. Digamos que es algo relativamente frecuente.

Dos compañeros me sacan a tomar un café esta mañana. Día agradable, buena temperatura, el sol fuera, los pájaros cantan, las palomas corretean por el suelo. Empiezan a hablar de las ganas que tienen de viajar a China, Argentina, Noruega, de lo que disfrutaron en Portugal, Grecia, Sebastopol. Les miro intentando aparentar que me interesa lo que dicen, o que me produce cierta envidia, fingiendo que a mí también me gustaría hacer turismo o que me lo pasé bien cuando estuve en Zamora. Pero no. Ni me interesa lo que dicen, ni me apetece ir más allá de donde pueda llegar vía terrestre en tres horas máximo, y tampoco recuerdo haberlo pasado tan bien en mis viajes. En realidad empiezo a sospechar que soy un tipo algo extraño, porque apenas he salido al extranjero de vacaciones. La única vez que salí de Europa fue para ir a Tenerife, y seguramente habrá quien discuta que saliera de Europa.

No tengo ganas de subir en avión. Ni en barco.

No tengo ganas de callejear buscando un restaurante para acabar comiendo en un McDonald's.

No tengo ganas de ver museos, ni ruinas, ni iglesias.

Simplemente quiero que me dejen en paz. The right to be let alone. Y pienso que lo notan. Que notan que no estoy realmente ahí, con ellos, mientras hablan de lo bien que se lo pasan en sus vacaciones. Intentando meter baza en la conversación, rebusco en mi memoria algún recuerdo agradable de mis experiencias turísticas.

Nada.

Permanezco en silencio, con mi sonrisa de idiota, esperando que se callen de una puta vez para poder irme a donde sea a hacer lo que sea hasta que se acabe la jornada de los cojones y llegue la hora de meterme en la cama y caiga en ese estado de inconsciencia al que creo que estoy empezando a engancharme como si el sueño fuera heroína.

El otro día pensé en escribir una novela. Y ¿sabes qué? No tengo nada que contar. Relatos cortos, lamentos, gracientas, pero nada que sea una verdadera historia. Podría escribir un diario, pero no tendría fin. No acabaría nunca. Porque sería la crónica de un día tras otro día tras otro día... sin final feliz, amiguitos del alma. Sin final de ninguna clase, sin moraleja. Un gran fractal de mierda.

Como se supone que me gusta escribir, se me pasó por la cabeza empezar el borrador de un libro técnico, ya lo hice una vez, me lo publicaron y todo. Lo pensé un par de minutos. Podría repetirlo, pero no me apetece. Quiero dormir, leer novelas policiacas, tirarme pedos que suenan como palabras y mirar fotografías antiguas de los Hells de California de los años 60. Y como mucho, imaginarme, cuando voy camino del trabajo sobre mi Sportster, que la moto es una extensión de mi cuerpo, que algún día me llevará dulcemente a ninguna parte como una madre lleva a su hijo a la cama, mientras escucho el sonido vivo de su motor: se le oye respirar, a través del filtro del aire. No miento: su estertor al quitar el contacto suena igual que el aliento de Darth Vader tras su máscara.

Y punto.

miércoles, 22 de abril de 2009

Detención y obsesión

Después de colgar varias fotos de los Hells Angels y de los Gypsy Jokers, todas antiguas, de los 60-70, leo en la prensa digital que han detenido a 22 miembros de la banda del 81. Aún así confieso que me quedo embobado mirando las viejas imágenes del MC.

La esencia es algo de lo que no se puede hablar, y si lo intentas explicar, sólo consigues decir patochadas.

Hay que ver las fotos.

jueves, 16 de abril de 2009

Jolín con los estereotipos

El otro día andaba con mi amoto cerca de un Corte Inglés cualquiera. Semáforo rojo, me paro. Mientras espero el verde, veo un coche oficial mal aparcado (como no podía ser de otra forma) esperando a alguien. Miro por la contornada. Veo al pasajero del coche oficial saliendo del Corte Inglés, con una mujer a su lado. Hacía algún tiempo había ojeado su curriculum curriculum, Dios mío, qué palabra!) y sabía que está casado. Me fijo en cómo se comporta con ella: la mira con arrobo, sonríe cuando ella habla, se le ve muy contento de estar a su lado.

Qué raro.

Al cabo de unos días, me encuentro con una amiga que trabaja a las órdenes del enamorado pasajero del coche oficial. Le cuento que vi a su jefe y tal. Me dice que efectivamente vive por allí, y que la mujer a la que miraba con arrobo era su novia, etc. Es decir: se había separado de la madre de sus hijos, y estaba con chica nueva.

Ajá. Ahora encaja todo.

Pero entonces, ¿por qué me sentí culpable al ver lo enamorado que parecía el hombre de la que yo pensaba que era su primera mujer? ¿Porque pensaba que es posible seguir enamorado como el al principio después de diez años? Sí, por eso.

La pregunta es: ¿estaba equivocado o el estereotipo es cierto y soy un ingenuo?

Empieza Acaba la Semana Santa. Once again.

miércoles, 15 de abril de 2009

Libertad



Cabanon 2. La de verdad


Situación de la cabaña (marco incomparable: la mancha gris es el mar)


Proyección en perspectiva isométrica axonométrica militar


El jodido Le Corbusier


Lavabo (no la replica; el de verdad)


Idem del interior


Vista de la cama-mueble



Quizá sorprenda, pero diré que nunca pretendí ser más astuto que los demás. Sí pensé por mi cuenta siempre, intenté explicitarme a mí mismo y a mis ideas en la práctica. El principio es que tengo una mente organizada. Soy un autodidacta, pero soy muy curioso, todo me interesa. (Le Corbusier).

Actualización (15/04/2009, 14:51):

En búsqueda de la coherencia
El refugio veraniego de Le Corbusier es un testimonio sobre cómo vivir siguiendo un modo de pensar

Por: Oscar Tenreiro


No es porque el Royal Institute of British Architects le haya dedicado este año conferencias y estudios analíticos, la razón por la que nos interesa el refugio de vacaciones de Le Corbusier construido en Roquebrune-Cap Martin a orillas del Mediterráneo francés. Siempre ha capturado nuestra atención porque representa lo que parece escasear más en el momento actual en el mundo de la arquitectura: la coherencia entre discurso y vida. Coherencia que además, en el caso de Le Corbusier, atañe a un estilo de vida austero destinado en forma muy importante a comprobar en sí mismo, en sus hábitos, lo que proponía como arquitecto. Cuya idea central era mejorar las condiciones de vida del hombre mediante la edificación de una arquitectura que respondiera a nuevos modos de hacer ciudad, de organizar el espacio cotidiano, nuevos criterios sobre los patrones de la vida en familia y en sociedad.

Esa coherencia es lo que llevó a Le Corbusier a construir este Cabanon de dimensiones mínimas (3.66 x 3.66 m.) en el patio lateral del restorancito (”L’Étoile de Mer”) de su viejo amigo Thomas Rebutato, en la ladera que desciende desde la línea férrea que sirve a Roquebrune-CapMartin, hacia el mediterráneo. Corbu había hecho amistad con él gracias a sus asiduas visitas a la cercana casa de la arquitecta y diseñadora irlandesa Eileen Gray y Jean Badovici, éste último editor de los primeros escritos de Le Corbusier, construida en 1927 según los criterios racionalistas del temprano “Movimiento Moderno”. Corbu solicitó autorización para construir la cabaña a su amigo Rebutato y, según su testimonio, el 30 de diciembre de i951, sobre una de las mesas del restorán, la diseñó: “…dibujé, para regalárselos a mi mujer con motivo de su cumpleaños, los planos de una cabañita… hechos en ¾ de hora…” Pero la realización detallada, la “puesta en limpio” habría de tardar mucho más tiempo, tan estudiado fue el equipamiento interno, cuyo diseño seguía las normas del sistema dimensional desarrollado por Corbu, el Modulor. Durante ese período el gran ingeniero francés Jean Prouvé (1901-1984) fue llamado como colaborador con la aparente intención de construirla en acero. Sin embargo, esa colaboración no continuó y tanto el mobiliario interno como el envoltorio exterior se realizó en madera. El techo es de fibrocemento ondulado con aleros y bajo él hay un plafón de aglomerado de madera.

El equipamiento interno consiste en una mesa de trabajo junto a cuyos lados se abren sendas ventanas, una cuadrada y otra rectangular, que permiten ver al exterior y recibir luz natural; del lado contrario una cama con gavetas debajo destinada a su esposa junto a una tercera ventana, mientras él dormía en el suelo en saco de dormir.

Un pequeño lavamanos metálico separa la mesa de la cama y junto a la cabecera de esta última está el cubículo del WC, separado del ambiente por una cortina de lona, enfrentado al pasadizo de entrada decorado por un hermoso mural pintado por el arquitecto. Se trata de un minúsculo container concebido como el interior de un camarote destinado a dormir y asearse justo al lado del lugar donde podría comer como un parroquiano más. Más allá, hacia la izquierda de la vista al mar, a unos pasos de distancia, hay otra cabañita, más provisional, más desprovista y no accesible al visitante turístico, que es el sitio de trabajo donde dibujaba sus planos o pintaba, en esos treinta días al año de verano caliente y descanso, típicamente europeos.

Ya en el año en el que Corbu construye el Cabanon era un hombre de fama universal. Mientras lo hacía estaba terminando la Unidad de Marsella y comenzaba los estudios de la nueva ciudad de Chandigarh en La India. Pero en lugar de ver su residencia veraniega como una “villa” más a la orilla del mar, decide establecer un “punto de mira” un espacio mínimo vital que no desea irrumpir en su entorno, para convivir con el día a día de ese lugar recluido que había aprendido a amar. Toma entonces el arquitecto el deseo de estar allí en sitio privado como una oportunidad de experimentación en sí mismo en términos de contención, de disfrute con la naturaleza, de convivencia quieta con un ambiente humano y natural.

Por eso hablo de coherencia, de testimonio, de modo de vivir que quiere ser frugal. Una actitud radicalmente diferente a la que hoy prevalece.

Al visitar esta especie de celda de monje secular que es un testimonio vivo de una filosofía de vida estamos a mucha distancia de la fiesta de amaneramientos costosos que es la arquitectura de estos días. Ha sido declarada monumento patrimonial, el más pequeño de Francia, un país colmado de castillos fabulosos. Esa decisión nos habla de lo que constituye una cultura. Entre tantas cosas, la huella de los hombres claves en el transcurrir humano. Una huella que nos llama a retornar a lo esencial.

Todo copiado de aquí.

lunes, 13 de abril de 2009

No sólo de teardrops vive el hombre



San Cucufato

La E-510 ha aparecido, con su 14-54. Mi mujer es devota de San Cucufato (*), y me temo que yo voy a tener que ponerle una vela o dos, como mínimo.

Lo siendo, Marquitos. Seguiré con Oly.

Joer, miro mi E-510 como si fuera una Nikon F2...

(*) Se dice de San Cucufato que es un santo que concede deseos o al menos un santo al que hacerle peticiones. La forma de hacerlo es coger un trozo de tela, hacerle un nudo y guardar el trozo anudado. Entonces se dice "San Cucufato, los cojones te ato...". Seguidamente hay que decir lo que se desea y, tras esto, seguir con la fórmula diciendo "Si no me lo concedes, no te los desato". El nudo seguirá en el trozo de tela hasta que no se haya cumplido el deseo formulado. (De la Wiki, comprobado en varias ocasiones cuando se trata de pérdida de objetos).

lunes, 6 de abril de 2009

Jostias

He perdido-me han hurtado la Oly con el 14-54 2.8-3.5. Jostias jostias jostias.

Por consiguiente, vendo zuiko 50-200 2.8-3.5. Interesadas/os contactar.

Mierda mierda y más mierda.


Esto es lo que vendo. 600 pavos. Está como nuevo.

Sí, ya sé que e-bay es el sitio, también lo he anunciado ahí.

Feliz cumpleaños




domingo, 5 de abril de 2009

Una niña cualquiera

-Mi mamá está separada de mi papá...

La niña se calla de repente, y mira al adulto que está delante de ella, que es su padre. El adulto le devuelve la mirada y permanece en silencio. Pero la niña cree que ha dicho algo que no debía. Cuando vuelve a hablar, uno o dos segundos después que a ella le han parecido eternos, lo hace como si estuviera en el más allá.

-La mamá de mi colegio. En mi colegio tengo tres mamás, María que está en el cielo, la mamá de verdad y Carmen Cortijo.
-¿Tres mamás tienes en el colegio? ¿Y papás?
-Dos: Dios, y tú. El marido de Carmen Cortijo está muerto. Por eso sólo tengo dos papás, por eso mi mamá de mi colegio está separada de mi papá.
-Vaya. Pareces Nieves Concostrina, hija.
-¿Quién es esa?
-Da igual.

Y el padre se queda pensando si la niña piensa que su mamá está separada de su papá, o si su madre lo dice y ella lo repite.

Etcétera.

sábado, 4 de abril de 2009

The Unit

El bien y el mal son asuntos esenciales. Una de mis actuales actividades extraescolares es un curso sobre lo bueno y lo malo. Lo gracioso es que no empezó como curso sobre lo bueno y lo malo, sino más bien como un estudio de quién está legitimado en democracia para planificar políticas públicas, mostrando al mismo tiempo qué opinión tienen los contribuyentes acerca de determinados actores y escenarios sociales. No hace falta entender nada de esto, simplemente lo digo para que podáis haceros una idea de hasta qué punto todo para mí tiene una dimensión moral (lo pongo en cursiva porque es el título de un episodio de la genial serie de la BBC Sí, Ministro, ya digo, esto empieza a tener pinta de enfermedad mental). Que me dedique a buscar la dimensión moral de todo hecho o dicho no quiere decir que yo sea virtuoso o religioso. Ni lo uno ni lo otro, más bien lo contrario.

Aunque a veces pienso que soy demasiado estricto conmigo mismo.

Pero otras veces que soy demasiado indulgente.

Como véis, todo está sometido a juicio ético. De ahí mis parrafadas wittgenstenianas ininteligibles.

Ejemplo: ayer, en La Sexta, emitieron un episidio de The Unit. Episodio 7 de la tercera temporada. El argumento es lo de menos, y si la serie me gusta o no, también. Lo que interesa aquí y ahora es la actitud de Bob. Bob Brisa Fresca (lo he leído en la Wiki), el bueno, el-que-pone-cara-de-saber-que-lo-que-está-haciendo-está-mal cuando le pega un tiro a chaval que estaba comiendo tranquilamente con su familia y que, sin saber muy bien cómo, se convierte en rehén de un grupo de pistoleros americanos que se meten en su casa sin llamar. Que con esa cara de culpa dispara sin dudar. Que pone la misma cara cuando intenta amordazar a un niño autista que hace demasiado ruido porque hay unos tipos con chalecos antibalas que le apuntan a la cabeza con un fusil automático. Bob sería el infiltrado perfecto, pero no lo es.

Este es Bob

La cosa es que me pregunto qué valores intenta mostrar la actitud de Bob:
  1. El terrorismo islamista es malo.
  2. Hay musulmanes buenos (los que no son terroristas) y musulmanes malos (los que se tapan la cara y llevan un AK-47).
  3. A los musulmanes malos se les puede matar.
  4. Pero a los musulmanes buenos también se les puede matar.
  5. Un musulmán bueno es un padre, una madre, un hijo, un hermano, que se parece mucho a nuestro padre, madre, hijo, hermano.
  6. Si un terrorista islámico matara a mi hijo, como mínimo sería entendible que yo quisiera vengarme.
  7. Cuando entro en una vivienda de musulmanes inocentes pistola en mano y mato a un adolescente, para el padre, para la madre de ese adolescente, soy lo mismo que para mí podría ser el terrorista islámico que estampó un avión contra las Torres Gemelas.
  8. Defendemos nuestra patria.
  9. Fomentamos el odio que provocó atentados terroristas.
  10. Lo sabemos.
  11. Sufrimos por ello. Sufrimos por causar sufrimiento.
  12. Queremos dar lástima por sufrir debido a nuestro conocimiento de ser motivo de odio y de sufrimiento.
  13. Ser una máquina de matar no es malo.
  14. Tener conciencia del mal puede ser un problema, en la medida en que nos causa sufrimiento.
  15. Etcétera.
Creo que lo han pillado (ellos). Con la tele, ya no hace falta chocar contra los límites del lenguaje. Todo puede ser mostrado. Y no ya como un debate sobre el bien y el mal, sino como algo con lo que pasar el rato y que nos vamos a tragar sin hacer preguntas, porque estamos demasiado cansados y lo único que queremos es dormirnos mientras en la pantalla un chico con cara de buena persona al que todos nos queremos parecer, que aparece como el patriota buen marido con problemas para llegar a fin de mes que vende su Mustang para pagar los pañales de su hija, le pega un tiro por la espalda a un crío desarmado (crío al que los guionistas, además, se han tomado la molestia de mostrarlo con VALOR) que para salvar a su hermano pequeño corre por el pasillo de su casa.

No sabía que el episodio 5 de la primera temporada está ambientado en Valencia, España. ¿Alguien puede decirme dónde conseguirlo? (si puede ser, versión doblada al castellano).

Actualización: mirad en cambio la cara de cabrón de Jonas. A ese lo único que le preocupa es no malgastar munición.

XR1000

Encontrada en sideblog

Actualización (04-04-2009)

Aquí, misma moto, mismo pavito, algo más curioso (cool, dicen en sideblog)