domingo, 12 de julio de 2009

La importancia del contexto

Un hombre habla con su mejor amigo. Le cuenta que se va un par de días a un balneario de vacaciones, con su padre, al que hace poco le diagnosticaron un Alzheimer incipiente. Le preocupa tanto el irse de vacaciones (es un adicto al trabajo) como pasar dos días con su padre: su relación está bastante deteriorada, desde hace años, antes de que empezara a manifestar los síntomas de su enfermedad. También se muestra algo escéptico acerca de las virtudes del balneario, pero su padre se niega a ir a un hotel de ciudad para hacer turismo cultural, cosa que por otra parte el hijo entiende. El amigo le da ánimos, le dice que tenga paciencia y que no dude en llamarle o mandarle sms'. Nuestro hombre dice que así lo hará y se despide de él dándole un abrazo.

Cuando llega al balneario se encuentra con una auténtica ruina. El edificio sobrevive en el mismo estado que hace 50 años, con el mínimo mantenimiento. En el dormitorio tras una pequeña puerta hay un retrete. La pila del lavabo está en la misma habitación y no hay ducha, es un balneario. El hombre se disgusta un poco con su padre por su empeño en ir ese maldito sitio, y discuten. Salen algunos trapos sucios, los de siempre, y su enojo aumenta. Se van a la cama sin hacer las paces, los dos son demasiado orgullosos como para pedir perdón. Le cuesta coger el sueño, y cuando está a punto de hacerlo su padre (comparten habitación) empieza a roncar. No consigue dormir en toda la noche y la pasa cavilando sobre su fracaso como hijo, sobre el fracaso de su padre como padre, sobre el fracaso de los dos como padre e hijo... y llega a la conclusión de que ya no tiene arreglo y menos ahora, cuando previsiblemente su padre irá perdiendo facultades y la solución será cada vez más difícil. En el desayuno no cruzan palabra, ni siquiera se miran a la cara.

Su padre se levanta para acabar de asearse, el hombre decide quedarse en la terraza fumando un pitillo. Saca el móvil y con la cabeza aún en su insomnio manda un sms a su amigo:

"Ya no queda nada".

Su amigo en ese momento está saliendo de una reunión para meterse en otra. El trabajo se le acumula encima de la mesa. En los dos últimos años sólo ha tenido un par de semanas de vacaciones, está cansado y quiere irse a la playa con su familia. Lee el mensaje en dos segundos y en cinco contesta:

"Eso es porque disfrutas".

El hombre aplasta la colilla en un cenicero y entra en el bar del hotel del balneario. Pide un café y un sol y sombra. La vieja que está detrás de la barra no sabe lo que es y le sirve una infusión con una bolsita de té y otra de manzanilla.

Nunca antes se había sentido tan solo.

3 comentarios:

Marquitos dijo...

XDDD

perogrullo dijo...

Es usted un genio. Hágame un hijo. He vuelto, por cierto.

Borde dijo...

Bienvenido. Ya contará usted sus andanzas (¿Suecia?).