jueves 2 de julio de 2009

Sueño 38

Sueño que estoy dando una clase. Los alumnos son gente de mi edad, algunos son compañeros, también algún amigo del trabajo. No he preparado la lección, y doy un texto a los alumnos para que lo lean. Yo, al mismo tiempo, leo de un libro algo que parece filosofía, o ciencia política, plagado de citas de autores con nombres extraños. Probablemente sea consecuencia de haber estado leyendo una novela negra islandesa en la que los protagonistas parecían sacados de El Señor de los Anillos. Mientras leo, aunque entendiendo a duras penas lo que dice el libro, escribo en la pizarra algunas ideas para comentarlas después. Es una pizarra tradicional, verde, y uso tiza. Lo que he escrito no se ve demasiado bien, no he apretado bastante. Entra un bedel y limpia la pizarra, pero no borra lo que yo he escrito. Le doy las gracias. Un alumno me hace una pregunta que no entiendo. No es que no entienda la pregunta, es que no entiendo las palabras. Suenan como chasquidos. Sucede algo en el aula que me permite no contestar su pregunta (que no llego a entender). Sigo leyendo del libro, se acerca un alumno que me hace otra pregunta. Esta vez sí entiendo las palabras, pero no acabo de comprender lo que quiere decir. Quiere saber algo relativo a un nombre de los que he escrito en la pizarra y que está en el libro. Esta vez la escritura de la pizarra es más fuerte, como si hubiera repasado los trazos. Se pone a mirar el libro que tengo entre las manos, señala un párrafo que parece aclarar su duda y se sienta. Sigo concentrado en ese maldito libro con nombres islandeses. Dos niños suben a la tarima. No les hago demasiado caso. Voy a escribir algo en la pizarra, y veo que los niños han borrado todo lo que había escrito, que iba a servirme para continuar la clase. Me doy cuenta de que he tenido a los alumnos perdiendo el tiempo durante más de una hora, y que esperan aprender algo. Decido iniciar un debate sobre el texto que han leído. No sale demasiado bien. Entre los alumnos está A, yo lo sé, pero ella no levanta la cabeza del pupitre, no me mira, no le veo la cara. Eso me causa algo de malestar. Un alumno dice que les gustaría que yo expresara mi punto de vista sobre el texto. Se me ilumina la cara y digo con alegría "¡yo soy wittgensteniano!". La reacción no es la que esperaba. Algunos sonríen condescendientes, otros ponen cara de pasmo o desesperación, no estoy seguro. Decido proponer otra cuestión para debate: "¿pensáis que el poder, para que sea verdadero poder, tiene que ejercerse de vez en cuando de forma gratuita?". En realidad, la palabra gratuita no es la que buscaba. Buscaba la palabra "caprichosa", pero no viene a la cabeza hasta después de haber despertado. Creo que en ese momento me despierto y empiezo a darle vueltas al sueño. Me parece que me vuelvo a dormir, y tengo una ensoñación en la que, mientras veo a unos ciudadanos corriendo por una especie de puente sobre una autopista, perseguidos por unos policías que al poco tiempo se ponen unos guantes negros, pienso que el verdadero Estado debe ejercer su poder sobre el pueblo, de manera que el pueblo no pueda vivir sin el Estado, los ciudadanos deben depender para su subsistencia del Estado, éste debe facilitar la sanidad, la educación y la seguridad, y al mismo tiempo debe ser represor y policial, para no sólo ser necesario, sino también temido.

Luego, ya despierto, me da por pensar que los gobiernos liberales que hemos tenido por estos alrededores antes de la crisis no querían un Estado fuerte, su finalidad era que las necesidades de la población se cubrieran por el propio mercado; y el papel del Estado era únicamente el de alimentar a los agentes productivos del mercado, inyectando caudales públicos a una economía que en esos momentos no los necesitaba; y que ahora, cuando es necesaria la inversión pública y la reducción de impuestos, el Estado se ha encontrado con la caja vacía.

Pienso también que ideas como las de la ensoñación (Estado represor, policial, proveedor único de bienes y servicios esenciales) son peligrosas, conducen al Estado Socialista modelo soviético orwelliano. Pero no sé por qué antes de pensar en la URSS Orwell, me viene a la cabeza la URSS y el régimen nacional-socialista.

Ahora releo esto y me parece todo una soberana estupidez.