miércoles, 4 de noviembre de 2009

Alaris 22-10-2009

No sé muy bien por qué al tren que va de Valencia a Madrid y de Madrid a Valencia le siguen llamando Alaris si en realidad se trata de un Alvia a la ida y de un Alaris a la vuelta (a veces también un Alvia a la vuelta) pero bueno, da igual. He sacado el ordenador, he pinchado el pendrive, he abierto la carpeta "blog", y con el botón derecho del ratón (no es un ratón, no sé cómo se llama el dispositivo apuntador de un portátil) he seleccionado "nuevo-documento de texto". Y resulta que hay un fichero que se llama alaris22-09-09.txt. Si tengo tiempo y batería miraré qué fue lo que escribí ese día 22 de septiembre de 2009 que se quedó en el pen.

Iba a decir que no sé por qué me sorprende que el guardia jurado de la ENA me salude como si fuera de la casa. En realidad llevo tres años pasando por allí una vez al mes. Así que como iba diciendo, no sé por qué me extraña que no me pida la acreditación y que me salude como si fuera un empleado más. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que una cosa trae a la otra, y una cosa es la charla sobre la gestión del tiempo en la que se habla del envejecimiento demográfico español, y la otra las reflexiones adolescentoides que me provoca. Supongo que aunque sea más o menos fastidioso asumir que todos vamos a morir algún día, teóricamente lo tenemos claro. Pero jode que una señora que podría ser tu madre, cargada de bisutería cara, te diga, con cifras y datos: "eh, pringao: yo me jubilo el año que viene; pero tú no sabes cuándo te jubilarás; ni yo, ni nadie; pero a los 65 seguro que no; ni a los 70. Y si algún día te jubilas y tienes hijos, no te podrán atender cuando caigas enfermo; y si no tienes hijos, el Estado [así, con mayúscula] tampoco te podrá atender. Gracias al avance de la Ciencia [también con mayúscula] vivirás muchos años enfermo y solo, y morirás en un hospital con la única compañía del respirador y de la máquina que hace 'bip'. Ah, por cierto: mi tipo marginal del IRPF es el 43%, así que gano más de 52.360 euros al año, y tú no".

Me acuerdo del artículo en EL PAIS del domingo sobre la Generación X (o de los chicos con el síndrome de Peter Pan, o baby-boomers). No sé. Supongo que no hay nada que perder. Yo me entiendo.

En el tren (por cierto, RENFE es un pequeño caos. En ese caos me sorprenden las azafatas capaces de sonreír a un pasaje desconocido, confundido y borrego; luego me acuerdo de la sonrisa profesional, esa cosa que nos explicaron -y que enseñaron a los empleados de la cadena de hoteles NH y supongo que después del éxito del invento, a mucha más gente del gremio de la hostelería y/o del sector turístico- para inmediatamente preguntarme si con los años las patas de gallo y las arrugas de expresión serán enfermedad profesional causada por la sonrisa profesional en esta categoría profesional), digo (el paréntesis ha sido más largo que el resto del párrafo), digo, en el tren pasan El niño con el pijama de rayas, y llego a oír el final. Siempre me ha fascinado la eficacia de la maquinaria del Estado (con mayúscula) ejerciendo el horror con la misma indiferencia (o interés) con la que recauda impuestos. Me pasó con El lector, con la historia de Maurice Papon y con Hannah Arendt y el rollo sobre la banalidad del mal y la burocracia prusiana.

Supongo que como civilización tenemos exactamente lo que nos merecemos.

Y me acuerdo de esa frase de Sergi Puertas que decía algo así como que nos empeñamos en entretener, y no nos entretenemos ni a nosotros mismos, (o parecido, buscad en Google "un gran fractal de mierda" y lo encontraréis, hoy no tengo ganas de documentarme). No intentamos entretener. Creo que intentamos no morirnos.

Esto está lleno de "nosés", de "supongos", de paréntesis y de preguntas que no me atrevo a hacer.

He leído el fichero alaris22-09-09.txt. Resulta que ya lo publiqué. ¿Tendré Alzheimer como Maragall? Cuenta en un reportaje que empezó a sospechar que padecía la enfermedad después de sus primeros dejà-vus y sensaciones físicas de inmaterialidad. Yo empecé a tener dejà-vus y sensaciones de físicas inmaterialidad (más bien experiencias de extracorporeidad) en la adolescencia. Recuerdo un dejà-vu completamente banal, pero lo recuerdo, la memoria es así de rara, montaba mi Orbea Furia en lo alto de la calle donde mis padres tenían el chalet en el que veraneábamos. Era la hora de la siesta, no había un alma, todo el mundo estaba viendo la tele o durmiendo, y yo parado a la sombra de un pino, junto a la acera, contemplando el paisaje. Y ya está. Yo pensaba que los dejà-vus eran una señal divina de que todo iba OK, hace ya mucho que no tengo dejà-vus, creo que ando algo perdido. Los episodios de viajes extracorpóreos sucedían casi siempre cuando me concentraba con las Matemáticas (así, con mayúscula). Era como si me contemplara desde fuera de mí. Como si fuese a la vez sujeto y objeto de observación. Intentaba resolver una integral y estaba a la vez concentrado en el problema y viéndome cómo me concentraba. Mientras tanto mi madre me avisaba de que la cena estaba lista. Y me sentaba a la mesa totalmente ido. Era como un autómata consciente. No me drogaba. Muy raro. Muy raro.

Ya no me fijo en los campos de trigo de La Meseta. Sólo leo el periódico, como, me levanto a mear, escribo y oigo música. Estaba en la primera temporada.

En el tren huele a conejo al ajillo. Es imposible. ¿Será el Alzheimer?

¿Cuándo dejaré de intentar entender?

4 de noviembre de 2009, publicación/actualización: he puesto unos cuantos enlaces, en el viaje no pude. Aún no tengo internet móvil.

6 comentarios:

LOBO dijo...

Disculpe mi intormisión pero acierto a vislumbrar una serie de paralelismos sobre los que quisiera hacer mención y que paso a comentarle. Orbea Furia, yo Rabasa Panther, cambio de tres marchas y suspensión trasera, no le digo más ... Saltos de impresión en un viejo poliderportivo a medio construir. Fractales, ecuaciones imposibles (para mi) pero viejas conocidas. Un matemático fracasado cuando intenté entender la esencia del caos y para colmo, años más tarde empecé a leer al amigo Plank y sus amenos temas de cuántica (yo tampoco me drogo, al menos de forma habitual).

Parece que efectivamente el mundo se vuelve a revés con pirámides imposibles que se sujetan invertidas en delicado e inestable equilibrio en su vértice. No hacemos viejos, amigo mío, y con esfuerzo nos subimos a la base de la pirámide. Hay que joderse con la inversión de las situaciones.

Resulta que si me colase en un agujero negro sufriría una "spaguetización", manda huevos, así cualquiera se acerca ... Creo que abandonaré la idea de la singularidad por el bien de mi ya algo maltrecha salud, no añadamos más leña al fuego ...

En fin amigo mío que hasta con mi HP48 SX hacía trampas con su resolución de ecuaciones simbólicas. Las integrales dejaron de ser un problema, ¿o no? Lo cierto es que me arrepiento, porque aunque en su día sabía algo de estas cosas ahora me declaro un completo ignorante y sólo quedan los destellos de saber que en el pasado me codeaba con tantas y tantas variables, incógnitas, constantes y demás fauna de la matemética, la física y la estadística, "cago en to" ...

Eso si, hay algo en lo que si somos diferentes y donde el paralelismo termina. Siempre atrae más mi atención como norma general un campo de trigo (sobre todo al atardecer)que leer los diarios de este país y es que uno prefiere refugiarse en su "ignorancia" considerando la batalla perdida desde hace ya años.

¿Cobardía?, ¿falta de compromiso? No se, creo que no, a fin de cuentas no es más que una gestión del tiempo y yo he decidido dedicárselo a ciertas cosas y a otras no, eso es todo.

Levante alguna vez la vista, haga un esfuerzo. Antes lo hacía, puede que redescubra cosas, sensaciones, luces, sombras. No tiene casi nada que perder y quizá, sólo quizá, mucho que ganar.

Borde dijo...

Orbea Furia y Rabasa Panther... parece que ya apuntábamos maneras.

porlatangente dijo...

Antinocilla es lo que me gustaría, pero está claro que no puedo...¡Grrr!
Tiene buena pinta este blog.

perogrullo dijo...

No sé si usted sufre de una dolencia que yo no paro de experimentar. Ocurre cuando, sin ningún aviso, empieza a mirar a izquierda y derecha, sin saber muy bien la causa, pero se da cuenta de que no hay nada que ver. Entonces lee algo u oye a alguien y sabe que podría ser capaz de hacer desaparecer esa sensación de desorientación, por un momento al menos, tomándose una cerveza con esa persona.

Una pena que viva usted tan lejos. yo pagaría la primera.

Borde dijo...

Déjeme que me lea bien este comentario suyo. Estoy empezando a darle vueltas y se me ocurren montones de cosas que no soy capaz de ordenar.

Es usted muy amable. Yo pagaría la segunda.

LOBO dijo...

Si me lo permiten, me apuntaría a pagar la tercera. A la décima, sencillamente, preferiría no hacerlo ...