viernes, 30 de abril de 2010

Para Lobo (3)

«Tras unas cuantas horas en moto, a lo largo de una región cualquiera, sientes que has ido dejando atrás mucho más que los pueblos por los que has pasado. También has dejado atrás no pocos de tus fantasmas cotidianos. Y te sientes más de esta tierra que cuando te subiste a la moto».

John Berger

sábado, 24 de abril de 2010

Para Lobo (2)

Elspeth Beard

1980. Vuelta al mundo en una BMW R 60/6 del 74.

Para Lobo

Ted Simon en su Triumph Tiger 100

«¿Por qué no lo hace todo el mundo? Creo que es sólo falta de coraje. Yo soy tan miedoso como cualquiera. La gente tiene su carrera, por supuesto, y sus hipotecas. Dicen que lo harían "si no fuera por los niños". Solía reírme de eso, pero, ¿por qué he de reírme? Es perfectamente legítimo. La mayoría de los que me envidian están completamente absorbidos por sus vidas como para dejarlas atrás. Se quedan maravillados, cuando me cruzo en su camino, si escuchan mis planes y mis historias, pero, al final, son felices dejando que sea yo el que lo haga por ellos [...].

¿Por qué tú? ¿Por qué fuiste elegido para viajar a través del desierto mientras otros hombres van de casa a la oficina?

¿Elegido? Yo pensé que elegía por mí mismo».

Ted Simon. Los viajes de Júpiter.

lunes, 19 de abril de 2010

Mátrix revisitado

Aquél día oyó la voz de una sirena. Iba en su moto, pasó cerca de un edificio de ladrillo rojo y le pareció que alguien cantaba. Primero pensó que era su casco nuevo, que le apretaba tanto las orejas que no le dejaba sentir otra cosa que el ruido de su cerebro. Pero no estaba seguro. Aflojó la marcha, subió a la acera, apagó el motor, se quitó el casco. Seguía escuchando ese sonido. Puso el candado en el freno y se quitó los guantes. Caminó hacia el lugar de donde parecía que venía la música. Lo conocía. Había estado allí antes. Dudó si entrar. "Ésta es tu última oportunidad. Después ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja te quedarás en el País de las Maravillas. Y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos".

Tomó la pastilla roja. Cuando se la tragó, sonó un trueno a su espalda.

domingo, 18 de abril de 2010

Esquizofrenia


Estaba sentado en su cama, todavía en pijama. Era domingo. Mañana sería lunes. Inevitablemente. Sábado y domingo con la familia, lunes-viernes en el trabajo. Dos vidas distintas, incluso vistas con ojos diferentes: ojos de padre, el colegio, los profesores, los deberes, la wii, los amigos de los niños, los cumpleaños, las comuniones, las comidas en restaurantes italianos o chinos; ojos de oficinista, las llamadas al móvil, los correos electrónicos-bomba, los lamentos de los compañeros, de los jefes, de los indios, las luchas territoriales, las urgencias-esto-lo-quiero-para-ayer, el miedo, la impotencia.

Hacía poco que había visto Avatar. Los protagonistas se metían en un chisme que trasladaba su mente a un cuerpo alienígena creado mediante ingeniería genética. Cuando el cuerpo alienígena dormía, el humano despertaba y viceversa, más o menos. Pero la mente siempre estaba. Debía ser agotador, pensó cuando salió del cine. Algo parecido a lo de sábado y domingo y lunes-viernes. Siempre despierto, a veces acordándose de lo que es el sábado y el domingo cuando es miércoles, a veces acordándose de lo que es el viernes siendo domingo.

Se imaginaba la vida en una estación espacial, viendo el mundo siempre a través de un cristal, de la misma manera que él podría ver la calle desde la ventana del dormitorio. Los niños piensan que el dinero sale de los cajeros automáticos, los adultos estamos empezando a creer que los alimentos crecen en las estanterías de los supermercados y que el acceso a internet es un derecho fundamental. ¿Ver el mundo a través de un monitor?

Eran las 13:00. Seguía en pijama. Dentro de poco se afeitaría, se ducharía, se perfumaría, se vestiría y saldría para ir a comer en un restaurante italiano, con unos conocidos. Seguramente hablarían de la crisis, de Rita, de Garzón, de Zapatero. Él callaría o discutiría, según tuviera el cuerpo para una cosa u otra. Se tomaría una grappa o un orujo blanco que le sentaría como un tiro, llegarían a casa cerca de las siete de la tarde, se pondría en chándal y encendería el ordenador.

Mañana será lunes.