viernes, 14 de mayo de 2010

Análisis (4)

«No se debe llamar suicida solamente a aquel que se quita la vida de verdad. Entre éstos hay muchos que sólo son suicidas por azar, a los que no les pertenece necesariamente el suicidio. Entre los hombres sin personalidad, sin sello marcado, sin fuerte destino, entre los hombres adocenados y de rebaño hay muchos que perecen por suicidio, sin pertenecer por eso en toda su característica al tipo de los suicidas; en tanto que, por otra parte, de aquellos que por su naturaleza deben contarse entre los suicidas, muchos, quizás la mayoría, no ponen nunca su mano sobre sí en la realidad. El “suicida” —y Harry era uno— no es absolutamente preciso que esté en una relación especialmente violenta con la muerte; esto puede darse también sin ser suicida. Pero es peculiar del suicida sentir su yo, lo mismo da con razón que sin ella, como un germen especialmente peligroso, incierto y comprometido, que se considera siempre muy expuesto y en peligro, como si estuviera sobre el pico estrechísimo de una roca, donde un pequeño empuje externo o una ligera debilidad interior bastarían para precipitarlo en el vacío. Esta clase de hombres se caracteriza en la trayectoria de su destino, porque el suicidio es para ellos el modo más probable de morir, al menos según su propia idea. Este temperamento, que casi siempre se manifiesta ya en la primera juventud y no abandona a estos hombres durante toda su vida, no presupone de ninguna manera una fuerza vital especialmente debilitada; por el contrario, entre los “suicidas” se hallan naturalezas extraordinariamente duras, ambiciosas y hasta audaces. Pero así como hay naturalezas que a la menor indisposición propenden a la fiebre, así estas naturalezas, que llamamos “suicidas”, y que son siempre muy delicadas y sensibles, propenden, a la más pequeña conmoción, a entregarse intensamente a la idea del suicidio. Si tuviéramos una ciencia con el valor y la fuerza de responsabilidad para ocuparse del hombre y no solamente de los mecanismos de los fenómenos vitales, si tuviésemos algo como lo que debiera ser una antropología, algo así como una psicología, serían conocidas estas realidades por todo el mundo. Lo que hemos dicho aquí acerca de los suicidas se refiere todo, naturalmente, sólo a la superficie, es psicología; esto es, un pedazo de física. Metafísicamente considerada, la cuestión es de otro modo y mucho más clara, pues en este sentido los “suicidas” se nos ofrecen como los atacados del sentimiento de la individualidad, como aquellas almas para las cuales ya no son fin de su vida sus propias perfección y evoluciones, sino su disolución, tomando a la madre, a Dios, al todo. De estas naturalezas hay muchísimas perfectamente incapaces de cometer jamás el suicidio real, porque han reconocido profundamente su pecado. Para nosotros son, sin embargo, suicidas, pues ven la redención en la muerte, no en la vida; están dispuestas a eliminarse y entregarse, a extinguirse y volver al principio».

Hermann Hesse. El lobo estepario.

3 comentarios:

theuc dijo...

Este es un libro maravilloso...

Borde dijo...

Y terrible.

Borde dijo...

Lo leí por primera vez con 19 años, lo releí y subrayé una y otra vez hasta que un día se quedó en la estantería acumulando polvo. Algunas hojas se han soltado y ya tienen ese color amarillo y ese olor a libro viejo, lo que es algo preocupante porque aún me acuerdo de la tarde de domingo en que lo compré, una de esas que ocupaba curioseando por las estanterías de Crisol. Vi el título y me atrapó. Lo devoré prácticamente de un tirón, algunos párrafos me ponían los pelos de punta o me hacían llorar, o las dos cosas: "Este temperamento, que casi siempre se manifiesta ya en la primera juventud y no abandona a estos hombres durante toda su vida [...]".

El otro día pasé el texto por el OCR y corregí alguna falta tipográfica, pero realmente no lo leí (de nuevo). Lo acabo de hacer ahora. Aún se me ponen los pelos de punta. Y quiero pensar que la exactitud con la que Hesse habla de determinados sentimientos y pensamientos sólo puede deberse a que realmente existen los lobos esteparios. Caminando entre los hombres hasta el día en el que encuentren su "Teatro Mágico" (sólo para locos).