lunes, 24 de mayo de 2010

Hace mucho, mucho tiempo...

Hace algunos años, 6 exactamente, cogí la moto y bajé hacia Almería. Solamente hice una noche allí. Fue mi primer viaje en moto durmiendo fuera de casa. Procuré evitar las autovías, y recuerdo la cochambre que rodeaba la carretera que tomé desde la Vega Baja hasta Cartagena. En ese punto empezaba el desierto, y lo bueno que tenía el desierto aquel es que no había polígonos industriales. Había algunos invernaderos, para la fresa supongo, lagos de plástico que brillaban al sol de Poniente.

Llegué casi de noche al hostal donde pensaba parar. Esta molido, el embrague de la Sportster me parecía duro, ahora sé que los hay más duros, incluso los que llevan mando hidráulico, los embragues en seco de los motores grandes de Ducati. Me había dado un calambre en el antebrazo izquierdo, no podía apretar la maneta, fue entrando en una curva, frené como pude y me salí de la calzada, la moto se caló o corté el encendido, no recuerdo. Había perdido la costumbre, hacía 7 años que había vendido la Zephyr.

El caso es que la ida fue bastante caótica, pero estaba de buen humor. Y aunque el recorrido de vuelta fue mejor -elegí bien la ruta, alguna carretera de montaña, algún tramo de autovía, y rectas desiertas por Jaén y Albacete- tenía mucho ruido en el cerebro. Recuerdo una bajada, era por la mañana y la montaña tapaba el sol, en teoría tenía que haberla disfrutado, sin tráfico, buen tiempo, buena temperatura. Pero mi cabeza se empeñaba en que pensara en otras cosas. Tenía miedo. Qué hago yo aquí. Recuerdo que un poco más tarde, saliendo de Almería me topé con una furgoneta Volkswagen, una Camper bastante destartalada. Paró a repostar, yo tenía la curiosidad de saber quien iba dentro y paré también. Conducía una mujer joven, rubia, con aspecto de holandesa o alemana, delgada, alta, muy guapa. A su lado, en una sillita, un niño rubio también, no tendría más de año y medio. Nadie más. Ella me miró y me sonrió. Yo no supe que hacer, aún estaba de mal rollo, así que ni siquiera le devolví la sonrisa. Hice como que no me había dado cuenta, subí en la moto y continué el viaje. Me metí en Jaén y en Albacete y a medida que el día avanzaba fui relajándome y disfrutando más del paisaje.

Pero no he podido olvidarme de esa mujer en 6 años. Me pregunto qué hacía, a dónde iba, por qué sola con su hijo. Me gustaría volvérmela a encontrar. Aunque ahora el niño tendrá 7 u 8 años, y ella no será tan joven, y a lo mejor yo ya no provocaré sonrisas.

7 comentarios:

Lobo dijo...

Joder, como me molan esos recuerdos ...
Sublime ...

theuc dijo...

No hay nada que hacer, tío... el problema de esas situaciones es que son imposibles de valorar en el momento.

Aunque el recuerdo es bello siempre.

Borde dijo...

Mierda.

chose dijo...

Los invernaderos de Almería son de hortalizas. La fresa es de Huelva.

Por otro lado, la chica-ya no tan chica rubia se preguntará de vez en cuando qué será de aquel motorista aterrado que encontró un día en una gasolinera mientras atravesaba un desierto volviendo a casa con Marco.

Borde dijo...

¿Tomates? Creo el error se debe a que en Valencia los invernaderos eran de fresón. Ahora ya no. Ya no se ven apenas invernaderos. Se ven polígonos y urbanizaciones y centros comerciales. Hay un dicho muy oído a los agricultores de mi tierra: el mejor huerto es el que produce ladrillos.

Lo otro: sí, seguramente.

Lullu dijo...

Me gustan mucho las historias de carretera, voy a seguir conduciendo un rato por aquí...

Borde dijo...

Si te gustan las historias de carretera, igual te gustan también las de trenes, mira en la etiqueta "Alaris".