domingo, 16 de mayo de 2010

Ruta 24

Esta vez no he salido a buscar viaductos. Me he levantado pronto, el sol estaba fuera y no tenía nada que hacer. Así que he sacado el integral, he montado la visera negra, me he puesto las Alpinestars y he cogido las llaves de la ducatona. La noche antes había hojeado la guía de Pedro Pardo, España en moto, concretamente la Ruta 24: Un remoto rincón de la Comunidad Valenciana. Conozco la zona más o menos, he ido a perderme con la Harley varias veces por el Maestrazgo castellonense, pero nunca había llegado hasta Sant Joan de Penyagolosa. Gasolina y comprobación de presión de neumáticos, OK.

La idea era practicar la técnica del contramanillar. La explica José González Tortosa en su Manual de pilotaje de motocicleta. Para el que le interese, está colgado en la columna de la derecha, sección Documentos. Dice así: 

«Es la técnica por excelencia para la tumbada, a partir de los 25 Km/h. Con velocidades inferiores, la moto gira hacia donde se tuerce el manillar. La explicación física de este, aparentemente contradictorio comportamiento -se tuerce el manillar en sentido contrario al que se quiere girar- está en el efecto giroscópico de la rueda.

El contramanillar consiste en empujar, hacia delante (no hacia abajo), el puño del manillar que cae hacia el interior de la curva, es decir, del lado hacia el que se quiere tumbar. Es una presión suave, que no requiere ningún esfuerzo y que provoca una respuesta de la moto, rápida y eficaz. En realidad no se observa que el manillar se tuerza, pero la moto si lo nota enseguida.

El contramanillar se aplica en el momento en que se quiere iniciar la tumbada. Se deja de empujar el puño en cuanto la moto alcance la inclinación deseada para realizar el giro y se mantiene, en ese punto, durante todo el tiempo de paso por curva, en que se necesite ese grado de tumbada. Si la curva se cierra más y precisamos más tumbada en mitad del giro, solo hay que empujar el puño de nuevo, aún más hacia delante, para conseguirlo.

Cuando se ve la trayectoria de salida de la curva, basta con ir quitando el contramanillar que se ha puesto, para que la moto se vaya levantando de la tumbada, conforme se acelera para salir del giro. En realidad no hay que hacer ningún esfuerzo, en sentido inverso, para quitar el contramanillar. Basta con aflojar la presión que se está manteniendo sobre el puño, para que la moto se vaya  recuperando de la tumbada.

Solo a velocidades muy altas, cuesta algo de más esfuerzo el contramanillar. En esta circunstancia, se puede ayudar al “empuje” del puño, “tirando” del contrario.

El contramanillar es una técnica sutil, para la que se requiere sensibilidad, ya que basta una leve presión sobre el puño, para que la moto responda con rapidez. Por otro lado, cuanto más libre esté el tren anterior de cargas, con más facilidad responde. Ambas cosas nos llevan a la clave para aplicarlo: Hay que evitar el apoyo excesivo del peso corporal sobre el manillar, a la hora de frenar, antes de iniciar la tumbada, como ya comenté en el capítulo de la ʺFrenadaʺ. Será muy difícil tener sutileza al aplicar el contramanillar si, como consecuencia de una frenada enérgica, estamos intentando contener el traslado de nuestra masa corporal, apoyándonos con fuerza sobre los dos puños del manillar».


Hacía por lo menos dos semanas que no tocaba la Ducati, así que al principio iba un poco incómodo, pero en unos minutos me he hecho a ella. He pasado algo de frío, nunca me acuerdo de que en 100 kilómetros subo desde el nivel del mar hasta más de 1000 metros de altitud, al norte y en el interior.

Cuando he entrado en zona de curvas, he empezado con el contramanillar. Y la verdad es que no sé qué decir. Lo he intentado varias veces, he llegado a pensar que lo he aprendido, pero no estoy seguro ni de que efectivamene lo haya aprendido ni de que se adapte a mi estilo de conducción. ¿Cuál es mi estilo de conducción? Pues como dijo alguien en algún sitio de internet, el "porompompero". Estilo que soy incapaz de describir pero con el que llevo 17 años montando en moto con sólo dos caídas en parado (por subnormal, como se pudo leer aquí).

La cuestión es que no sé cuantos kilómetros tendría que practicar para que la maniobra fuera algo tan habitual y rutinario como apretar el embrague o cambiar de marcha (como propone José González Tortosa), pero la realidad es que en cada curva tengo que pensar en tirar y empujar en el sentido contrario al giro, algo que me parece poco natural (salvo cuando derrapa la rueda trasera, ahí es lo único que cabe además de ser un acto reflejo). Así que he decidido dejar de preocuparme por el tema y seguir con mi "porompompero", que tan bien me ha ido en lo que llevo de vida. Me resulta algo desconcertante leer que el contramanillar sólo funciona a partir de 25 km/h: cuando tomo una curva de 45º en una carretera de montaña no puedo estar mirando el velocímetro o dudando si voy lo suficientemente rápido para usar o no usar el contramanillar. Más o menos a mitad de la salida lo he dejado estar, pero he anotado algunas observaciones: cuando creo que aplico el contramanillar (digo creo, porque no estoy seguro de hacerlo bien), la trayectoria es mucho más recta, es decir, tiende hacia el interior de la curva; me da la sensación de la moto no va por donde yo quiero que vaya, sino que busca el camino más corto entre dos puntos. Es cierto que permite rectificar a mitad de trazada con relativa facilidad, y eso es algo a tener en cuenta. También he intentado identificar qué músculos del cuerpo muevo para cambiar de carril en la autovía, o cómo tomo una curva amplia a alta velocidad. Y no he sido capaz de hacerlo. No sé si en las curvas la rueda trasera derrapa sutilmente e inconscientemente aplicamos la técnica del contramanillar. He leído en otro sitio que precisamente es el contramanillar lo que hace que se incline la moto. Pero mi experiencia no me permite conocer qué es lo que hace que la moto vaya como un tren sobre la vía, sin que yo, aparentemente, haga otra cosa más que mirar al frente. No sé cómo cambio de un carril a otro. Simplemente lo pienso y lo hago.

Haré la tumbada por instinto. Mi cerebro no encuentra natural el contramanillar "forzado" como maniobra estándar. Sí es natural utilizar los frenos delanteros o traseros dependiendo de si estoy entrando en curva o no, o de si va más cargado en tren delantero que el trasero, sí es natural coordinar las dos manos y los dos pies para hacer una frenada apurada, embragando, bajando marchas y frenando delante y detrás aplicando la presión correcta en cada eje. Pero con el contramanillar no hay manera. Suspendido.


He estado mirando este vídeo (NO SOY YO), hay una cámara montada en el tanque y se observa el semimanillar izquierdo y el depósito del líquido de los frenos delanteros. No he podido apreciar un patrón en la trazada de las curvas; en unos casos parece que se gira el manillar levemente en un sentido o en otro, sin tener mucho que ver con la dirección que se sigue. Generalmente parece que la tija no se mueve.

Releo lo de arriba. Joder. El caso es que no me convence no controlar la técnica y quedarme con el "porompompero". Empiezo a obsesionarme. Parece que no lo he dejado estar. Espero no acabar en un bancal.

Comento también algunas cuestiones de la ruta recomendada por Pedro Pardo. La primera: hay que estar muy atentos para coger la CV-170 desde la CV-16. Lo indica en el mismo cruce, no antes. La CV-170 hasta Atzeneta del Maestrat es una carretera bien asfaltada, ancha, con algunas rectas largas, que permiten abrir el gas a gusto, para terminar con un tramo algo virado y muy divertido. Después de Atzeneta Pedro Pardo opta por tomar la CV-169 en lugar de seguir por la CV-170 hasta Vistabella. La CV-169 es, casi toda, una carretera estrecha, virada, bacheada y sin pintar. Transcurre por una zona bastante arbolada, por lo que es difícil prever lo que hay detrás de la siguiente curva. Vas circulando muy cerca, cerquísima de unos guardarrailes de los peores, de los montados en perfiles de acero con forma de H. Me he encontrado de frente con algún 4x4 también afiliado al grupo "porompompero", ocupando todo el ancho de la calzada. Personalmente, lo único que merece la pena de esta alternativa es un tramo poco transitado y casi recto antes de incorporarse nuevamente a la CV-170, que anima a acelerar. Se encuentra en medio de un sabinar bastante impresionante: árboles compactos, más o menos de la estatura de un hombre, más o menos con la misma silueta que un hombre, separados unos de otros por una distancia de entre 15 y 20 metros. Da la sensación de que una muchedumbre diseminada por la falda de la montaña te está mirando. Pero no te encantes contemplando los arboles centenarios: al final de la recta hay un cambio de rasante y detrás una curva cerrada a derechas. Frenada con todo lo que tengo a mano, que afortunadamente es bastante en la Ducati, lo que llega a bloquear la rueda trasera, sin consecuencias (aparte del desgaste de la goma). Luego se vuelve a la CV-170, que en el kilómetro 33, aproximadamente, deja de ser una carretera bien asfaltada y ancha para convertirse en un auténtico tormento. Así hasta llegar a Vistabella, donde el firme vuelve a estar otra vez en condiciones. Pero a unos pocos cientos de metros debemos desviarnos para tomar la carretera que nos lleva a Sant Joan, y otra vez firme bacheado y roto. Muy roto, heladas y camiones para trabajos forestales. Ojo: peligro de llantazos.

Creo que no vale la pena la CV-169, es mejor seguir todo el trayecto por la CV-170. Pero a lo mejor si montara en una trail mi opinión sería otra.


El caso es que me he metido entre pecho y espalda unos 400 kilómetros parando sólo para repostar y para dar media vuelta en Sant Joan. Me he cruzado con bastantes motos, de todo tipo, naked, deportivas, trail, un megascooter. Todos por la CV-170 (en la CV-169 no me he encontrado con nadie sobre dos ruedas). Todos saludando en V; buen ambiente, creo que estábamos todos contentos, el día era magnífico.

Una curiosidad: la CV-16 atraviesa el meridiano de Greenwich. Produce una extraña sensación estar a la misma hora, minuto y segundo solar que en un barrio de Londres. Ya sé que es una línea imaginaria, que no paso de oriente a occidente ni nada por el estilo (¿o sí?) pero siempre lo relaciono con la Royal Society of London y con unos señores con levita y sombrero de copa, mientras yo voy con mi casco ya bastante sucio por culpa de los insectos que se han cruzado en mi camino. Aunque supongo que los insectos y los insectófilos y los motoristófobos tendrán otra opinión de este asunto, y seré yo el que se ha cruzado en el camino de los insectos.

Otra curiosidad: la gasolinera de Vistabella estaba cerrada "por comunión. Disculpen las molestias". Los domingos de mayo, en carreteras terciarias hay que introducir esta variable en el cálculo de repostajes para no quedarse seco. Y a las 14:00 cerraba la de Atzeneta. Por 10 minutos llegué a tiempo.

Último comentario: Pedro Pardo dice que en el recorrido tiene curvas "que casi nunca llegan a ser dramáticas". No sé qué entenderá este hombre por curvas dramáticas, pero las había de 180º, bacheadas, sin visibilidad, estrechas y en pendiente. Todo junto, quiero decir.

Creo que ésta es la entrada más extraña que he escrito en este blog en mucho tiempo.

(Editado 17-05-2010).

3 comentarios:

Luxin dijo...

bakan el recorrido ;D

Lobo dijo...

Pues salvo las paranoias del "contravolante" (que no digo que no las entienda) a mi es de las entradas que más me ha gustado. Pero claro, no soy imparcial en esta opinión ... :-)

Huele un poco a Joe Bar ... Sí, algunas "entradas" tienen olor ...

Yo quiero ser miembro del "Porompompero", ¿Es complicado? ...

Borde dijo...

Luxin: bakan, bakan. ¿Cómo has llegado hasta aquí?

Lobo: ya hablaremos del contramanillar.

Aún he de editar la entrada, me dejé alguna cosa, pero en esencia está lo importante.