miércoles, 2 de junio de 2010

Caricaturas y pilares de hormigón

Si los estereotipos son convenios mediante los cuales, utilizando un lenguaje sencillo, la mayoría intenta comprender y hablar de realidades complejas sobre las que difícilmente es posible emitir una opinión correctamente formada e informada, las caricaturas son imágenes que los individuos empleamos para simplificar una personalidad demasiado intrincada para entenderla y manejarla. Y cuando hemos dibujado la caricatura de lo que tenemos delante, ya sólo vemos una gran nariz, orejas de soplillo o dientes de conejo. También podemos hacer una caricatura de nosotros mismos y utilizarla para intentar explicarnos a nosotros mismos o a otros el por qué de determinados comportamientos. E incluso podemos aceptar una caricatura propia que no coincide con la auténtica, entendiendo por auténtica la hecha de uno mismo por sí mismo, en la medida en que nos sirva para apuntalarnos en una posición y defenderla, aunque sea tras una imagen que no nos gusta, que ni siquiera es la que creemos percibir o transmitir, pero que por simple facilita la coherencia. Y entonces es cuando la cagamos, porque actuamos, asumimos una personalidad que no es la nuestra pero que en determinado momento sirve. ¿Sirve? ¿Para qué? Para algo tan simple como encadenar una palabra detrás de otra de manera que parezca que decimos algo que puede ser entendido, aunque al final no es lo que queremos decir, no por nada, sino porque no sabemos qué decir pero no podemos estar callados.

Hay caricaturas dibujadas en muros de hormigón, otras en paredes de pladur. Cuando se tiende un hilo de acero entre una pared de pladur y un muro de hormigón y se encaja bien, con tacos para pared hueca y pernos de anclaje, si tiras del hilo, éste no se rompe. Se rompe la pared de pladur, con el taco y la alcayata arrastrando un pedazo de placa de cartón-yeso. Y el muro de hormigón y la pared de pladur permanecen frente a frente, del muro de hormigón cuelga un cable flojo con un pedazo de escayola en el extremo que no hace más que estorbar, la pared de pladur muestra un boquete que deja al descubierto la fibra de vidrio, las tuberías de cobre de la calefacción y la instalación eléctrica.

El muro de hormigón no se mueve, está firmemente asentado en el suelo, y no se equivoca jamás. La pared de pladur puede separarse del pavimento y ser colocada en otro sitio.

Pero es mucho más barato tumbarla con una maza y levantar una nueva donde quiera que sea. Sobre todo cuando hay instalaciones en su interior.

2 comentarios:

theuc dijo...

No entiendo el porqué del post pero me encanta la metáfora.

Borde dijo...

Odio el pladur. Pero eso tampoco explica la metáfora. O sí. Yo qué sé.