sábado, 21 de agosto de 2010

Complemento

1. El otro día lloré al final de Toy Story 3. Mal vamos.

2. Complemento. ¿Es la primera vez que? tengo la impresión de que soy un complemento, un accesorio. Bolso y zapatos a juego, gafas de sol, portafolios, pitillera, estilográfica, reloj... o en plan Barbie: la casita, el new beetle descapotable, el caballo Tawny, Ken. Esto debo pensarlo un tiempo. Lo guardo como borrador.

3. Hace frío. Fresco no: frío. Tengo la piel de gallina. Y creo que el corazón también.

4. El otro día estaba pensando en no obsesionarme con la cosa de escribir a menos que tuviera algo que contar (y ganas) y decidí que si se me ocurre algo medianamente interesante, con publicarlo en el blog bastará. Y hoy leo:

Nunca tuvo claro en qué momento de su vida había asumido el que no llegaría a nada, pero sí supo que el aceptarlo le había liberado de muchas cosas: sueños, anhelos, ambiciones... Las pesadas cargas de los deseos incumplidos se hicieron más ligeras y pudo afrontar con soltura los pequeños placeres de la vida. Naturalmente entre estos no figuraba el escribir ningún tipo de relato pero el paso de los años, la merma de sus facultades físicas y la suave y constante tendencia hacia la soledad le habían allanado el camino. Se enfrentaba, pues, al reto de la narración animado más por el interés de descubrir el posible goce de la recreación que por motivos vocacionales o, lo que aún sería más impensable, por ansias de triunfo y trascendencia: el mundo estaba ya tan suficientemente lleno de idiotas autosatisfechos que incrementar su número sería una vulgaridad, incluso para quien no aspiraba a nada. Ángel S. Harguindey. El País, 20 de agosto de 2010.

5. Alguien escribe: tienes clara una cosa, y es que la persona que quieres ser baila tango de puta madre. Y aquí la sencilla genialidad: busca una academia para aprenderlo. Mola. Yo pienso que la persona que quiero ser no vive en un piso con tabiques de cartón-yeso. Por no entrar en cuestiones trascedentes, como sabiamente evita el tanguero. Así que esto no tiene nada que ver con una cita que creo que es de Fichte: el primer acto de la moralidad suprema consiste en apoderarse del propio destino y no querer ser otra cosa que aquello que yo y sólo yo, puedo ser. Lo que yo y sólo yo, debo ser. No querer más que aquello que realmente se quiere. En esto consiste la máxima genialidad, esto es, el señorío inmediato del genio. Y, por el contrario, querer ser algo distinto para lo que estamos destinados, aunque en apariencia sea algo grande, es la máxima inmoralidad. Ni con ésta. No sé si estoy aclarando algo. Bla-bla-bla.

6. Parece que Forges este agosto no se ha tomado vacaciones, como creo que ha hecho otros años.


7. Cada vez me gusta menos estar borracho. Ya no es una sensación que me resulte demasiado agradable. Me apetece más el estupor. La estupefacción, a falta de otra cosa mejor.

8. Se me ocurrió el otro día explicarle a mi hermana el por qué de mis inclinaciones políticas (no llegan a ser ideas) y me di cuenta algo tarde de que estaba cometiendo un grave error. Forma parte de "lo que no puede ser dicho". Y aquí debo detenerme.

9. (2+3+5+7) me colocan en una situación bastante incómoda. Hay una ilusión rondando mi cabeza desde hace unas semanas. Una ilusión que ya conozco y que intenta sobreponerse a la verdadera realidad, sin conseguirlo. Como mucho llega a ser una realidad paralela, pero mi corazón de gallina no es capaz de bombear la sangre espesa que exige vivir en dos realidades paralelas. Se cansa y abandona y vuelve al origen, que será también el final. Es jodido conocer tan pronto el final.

10. Supongo que esto no se entiende. Quizá por eso mi escritura no funcione como un bisturí eléctrico.

1 comentario:

chose dijo...
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