miércoles, 4 de agosto de 2010

Weber

Por h o por b, este verano tengo que leer cosas "del oficio". Y me apetece comentar algunas que me llaman la atención. He estado dudando, no sabía si publicar estos comentarios en El experimento o en otro sitio. Al final he decidido colgarlos aquí. Sé que me estoy dispersando, pero me temo que este blog es el único sitio donde puedo decir lo que me dé la gana (¿o no?) y poder usarlo como diario para, dentro de un par de años, acordarme de qué era lo que me ocupaba o me preocupaba en determinado momento. Pido disculpas a Dilentanterium, es un comentario robado de su blog. A estas entradas les pondré la etiqueta Burocracia, así prevengo a los no interesados.

Max Weber, sobre los funcionarios (de su conferencia La política como vocación):

"Si ha de ser fiel a su verdadera vocación [...], el auténtico funcionario no debe hacer política, sino limitarse a administrar, sobre todo imparcialmente. Esta afirmación es también válida, oficialmente al menos, para el funcionario político mientras no esté en juego la razón de Estado, es decir, los intereses vitales del orden predominante. El funcionariado ha de desempeñar su cargo sine ira et studio, sin ira y sin prevención. Lo que le está vedado es, pues, precisamente aquello que siempre y necesariamente tienen que hacer los políticos, tanto los jefes como sus seguidores. Parcialidad, lucha y pasión (ira et studio) constituyen el elemento político y sobre todo del caudillo político. Toda la actividad de éste está colocada bajo un principio de responsabilidad distinto y aun opuesto al que orienta la actividad del funcionario. El funcionario se honra con su capacidad de ejecutar precisa y concienzudamente, como si respondiera a sus propias convicciones, una orden de la autoridad superior que a él le parece falsa, pero en la cual, pese a sus observaciones, insiste la autoridad, sobre la que el funcionario descarga, naturalmente, toda la responsabilidad. Sin esta negación de sí mismo y esta disciplina ética, en el más alto sentido de la palabra, se hundiría toda la maquinaria de la Administración. El honor del caudillo político, es decir, del estadista dirigente, está, por el contrario, en asumir personalmente la responsabilidad de todo lo que hace, responsabilidad que no puede rechazar o arrojar a otro".

Tres cuestiones: 1) Weber hacía esta afirmación partiendo del presupuesto de que la dominación del Estado está legitimada en la creencia en la validez de preceptos legales, en la competencia objetiva fundada sobre normas racionalmente creadas, es decir, en la orientación hacia la obediencia a las obligaciones legalmente establecidas, y en la necesaria naturaleza jerárquica de la organización burocrática. 2) También en la afirmación de que el honor del estadísta dirigente reside en asumir personalmente la responsabilidad de todo lo que hace. 3) En la prensa encontramos cosas como ésta: Camps "no tiene intervención ninguna en materia de contratación pública, pues no ostenta, ni por sí mismo, ni por medio de su gabinete, ninguna facultad ni competencia en la celebración de contratos públicos, ni en la tramitación de expedientes, ni interviene en la determinación del adjudicatario" (Consell Judídic Consultiu de la Generalitat [Valenciana], supongo que en relación con el caso Gürtel, los contratos, los trajes y quién pagó las facturas; que el CJC se dedique a explicar si el Molt Honorable es o no es honorable desde una perspectiva weberiana da para otro post).

Otra de Weber: dice en la misma conferencia que a la pregunta de por qué se dejan gobernar por políticos a los que decían despreciar, los obreros americanos respondieron hace quince años diciendo: "Preferimos tener como funcionarios a gentes a las que escupimos, que crear una casta de funcionarios que escupa sobre nosotros". ¿Todo lo que siempre pensó sobre los funcionarios pero nunca se atrevió a decir? Esto tambíén da para otro comentario. Pero está Carmen Lomana en la tele y quiero ver si pillo algo de glamour.