lunes, 13 de septiembre de 2010

(¿?)

Pues sí. Hoy es 12 de septiembre. No me acordé de que ayer era 11 de septiembre, hasta que he leído esto, uno de los blogs que sigo desde lejos, y cada vez me doy cuenta de que aquel mundo no es el mundo, a pesar de todo lo que dicen, a pesar de la propaganda subliminal, The Unit, 24, CSI.

Ha llegado la monstruosa factura de internet móvil con el plan "tarifa diaria" del mes de agosto, y veo que no ha servido de mucho, no he escrito nada demasiado original. Algún sueño, mucha copia de novela, pocas ideas. Un verano bastante aburrido, lo cual puede que sea una novedad, y no necesariamente mala. Viven quienes tienen que vivir, han muerto quienes debían morir (alguno se adelantó un poco, sólo un poco).

Ya hace tres semanas que acabaron mis vacaciones, casi dos que hemos vuelto a la ciudad, adios a la playa, al mar, a la arena y al ambiente gilipollas de los apartamentos de veraneo con habitantes recidivantes. La recidiva no ha manifestado necesariamente los mismos síntomas en los mismos pacientes, pero estaba. Supongo que desde el punto de vista de otros, yo habré sido igual o más gilipollas que en años anteriores, así que no me considero ajeno a esta valoración. Incluso desde mi propio punto de vista, he hecho algunas cosas que, a toro pasado, son claramente improcedentes. El agosto anterior me hicieron gracia las historietas de Carlos Cay; este año compré el periódico cada día, las recorté y las tengo por ahí guardadas. La última no la he leído aún. Echaba en falta al hombre invisible, a pesar de que el propio Cay se volvía invisible, pero no era lo mismo, ni de lejos. Para esos juegos J.J. Millás es el mejor (digo yo).

Hola otra vez al síndrome del día de la marmota, o la sorpresa de ver las sillas de los síndicos del Tribunal de las Aguas y caer en la cuenta de que es jueves, lo único que hace que todos los días no sean iguales. Imaginaba una vuelta al trabajo más dura de lo normal, y como suele suceder cuando tengo alguna expectativa sobre cualquier cosa, si la realidad se aproxima, la supera o no la alcanza, condiciona mi estado de ánimo. Las previsiones eran pésimas, el día a día es simplemente un caos, con lo cual la reentré (¿se escribe así?) ha sido bastante llevadera. Pero hay algo raro en el ambiente. Cuesta dormir.

Así que ayer compré las tres temporadas de Mad Men. Por lo de dormir, y por los dominicales de la prensa de agosto (jodido grupo Prisa de los cojones; acabo de ver su web y casi me caigo de culo cuando veo en una foto a Javier Marías, Vargas Llosa y Pérez Reverte juntos, haciendo la correspondiente publicidad de Alfaguara; ahora empiezo a entender algunas cosas de la leche, el cacao, las avellanas y el azúcar) y por Esquire. No sé si ayudan (Mad Man) a dormir. El protagonista me resulta bastante familiar, aunque no conozco a nadie como él. Quizá reúna en un solo sujeto todos los rasgos anormales de toda la gente anormal que conozco, incluido un servidor. De momento he visto 7 episodios. Veremos cuantos caen esta noche. Es víspera de lunes.

A vueltas con post. Postpoesía, postmodernidad ("posmoderno de los cojones", genial), ética postconvencional. Hace muchos, muchos años, cuando aún pasaba el verano sobre una bicicleta Orbea Furia como si fuera una prótesis de mi cuerpo quinceañero, le pregunté a un amigo, al que suponía puesto en esos temas, qué era el postmodernismo. No me acuerdo de lo que me dijo, pero me da que se lo inventó. Años más tarde lo volví a intentar con otro amigo, licenciado en Filosofía. Tampoco recuerdo lo que me explicó, no estoy seguro de si entendí algo, creo que más que una definición fue una demostración de postmodernismo, pero si no lo recuerdo, qué más da. Hace poco lo he mirado en la Wiki, y sigo sin pillarlo. Y si no es lo mismo postmodernidad que postmodernismo, los seguidores de ambas corrientes se llaman igualmente postmodernos (o postmodernistas). Y cuando me hablan de postmodernismo me vienen a la cabeza nombres como Rawls, Adorno o Habermas, que aunque creo que no tienen nada que ver con el asunto, me resultan igual de crípticos.

Me estoy yendo.

He leído algo este verano. Cosas que me ha llamado la atención las he copiado por ahí. Una novela inédita, unos relatos ocultos, y otras cosas que se encuentran en los estantes de las librerías; algunas las llevo aún a medias, y están también las de más allá, que ni siquiera he empezado pero quiero leer. Tengo pendiente contar algo sobre mis lecturas estivales.

Buf. Mucho lío. Me da pereza sentarme delante del portátil.

A la vuelta, los peces estaban bien, menos un cardenal que se suicidó saltando fuera del acuario. Lo encontré como un capellán seco. Todo porque tuve que quitar la tapa del tanque para colocar el comedero automático, y me recomendaron que lo hiciera además para que el agua no se calentara demasiado. A cambio, la última semana de vacaciones petaron el móvil de mi santa y el mío. El de ella era nuevo, comprado en mayo, estaba en garantía; mañana lo tiene que recoger de la tienda, veremos que es lo que traen de vuelta. El mío era una auténtica mierda, ya había llegado su fecha de caducidad. Me he hecho con un chisme de esos con Android. Me parece que no son móviles para gente con poca paciencia: hoy me he pasado una horita para descubrir que tenía que limpiar la memoria cache de no-sé-cuántas aplicaciones (y cómo hacerlo) porque el chisme no hacía más que anunciar "descarga incompleta" cuando intentaba bajar cualquier cosa, problema que el día antes no tenía. Lo veo verde (el Android). Pero es un flipe tener en la mano el Street View de Google.

Quizá por eso me da pereza el portátil. No lo necesito para ver los blogs de otros ni para leer el correo. Pasivo (ahora que releo esto me doy cuenta de que nos están metiendo el futuro por el culo).

Me encuentro raro. Creo que esto ya lo he dicho alguna vez.

2 comentarios:

perogrullo dijo...

Desde que llevo corbata para ir al curro me siento más cercano a usted, y no me pregunte la razón que no me la sé.

Borde dijo...

La corbata. Bueno, a veces no está tan mal (efectos secundarios de sobredosis de Mad Men).