sábado, 23 de octubre de 2010

Wittgenstein y las chicas

Rush Rhees le planteó a Wittgenstein el problema al que se enfrentaba un hombre que había llegado a la conclusión de que bien debía dejar a su esposa o bien abandonar su trabajo sobre la investigación del cáncer:

«De acuerdo -dijo Wittgenstein- discutámoslo. La actitud de este hombre variará según las circunstancias. Supongamos que soy amigo suyo, y le digo: “Mira, has sacado a esta chica de su hogar, y ahora, ¡por Dios!, tienes que seguir con ella”. A esto se le podría denominar tomar una postura ética. Él podría contestar: “Pero, ¿qué hay de la humanidad que sufre? ¿Cómo puedo abandonar ahora mi investigación?” Al decir esto, se lo está poniendo fácil. Con todo, él quiere seguir en este trabajo (puedo haberle recordado que hay otros que pueden seguir, si él abandona). Y puede sentirse tentado a considerar de forma relativamente sencilla las consecuencias de su decisión para con su mujer: “Probablemente, no será fatal para ella. Lo superará, quizá se volverá a casar”, y así sucesivamente. Por otro lado, podría ser de otra manera. Podría ocurrir que la amara profundamente y aun así todavía podría pensar que, incluso en el caso de dejar su trabajo, no sería un buen marido. Esta es su vida y si renuncia a ella hundirá también a su mujer. Aquí podemos afirmar que tenemos todos los ingredientes de una tragedia; y sólo podríamos decir: “Bien, que Dios te ayude”.

Sea lo que sea lo que finalmente haga, el resultado puede afectar a su actitud. Puede decir: “Bien, gracias a Dios que la abandoné, se mire como se mire era lo mejor”. O quizá: “Gracias a Dios que me aferré a ella”. O bien que no pueda decir “gracias a Dios” sino todo lo contrario.

Deseo afirmar que ésta es la solución de un problema ético.

O mejor dicho: lo es en relación al hombre que carece de ética. Si, por ejemplo, actuara de acuerdo con la ética cristiana, entonces podría decir que está absolutamente claro: tiene que permanecer con ella, pase lo que pase. Entonces el problema es otro: ¿cómo sacar el mayor provecho de dicha situación?, ¿qué debería hacer para ser un buen marido en tan alteradas circunstancias?, etc. La pregunta
¿Debería dejarla o no, en este caso, no constituye un problema.

Alguien podría preguntar si el tratamiento de esta cuestión en la ética cristiana es correcto o no. Yo diría que esta cuestión carece de sentido. Quien lo preguntara podría decir:
Supongamos que contemplo este problema desde un ética distinta -quizá la de Nietzsche- y digo 'que no, que no está claro que él tenga que permanecer con ella, que por el contrario... etc.' Seguro que una de las dos respuestas tiene que ser la correcta. Debe de ser posible decidir cuál de las dos es correcta y cuál errónea.

Pero no sabemos cómo seria dicha decisión, cómo se determinaría, qué clase de criterios se usarían, y así sucesivamente. Es comparable a afirmar que debe de ser posible decidir cuál es el más correcto entre dos modelos de precisión. Ni tan siquiera sabemos lo que pretende quien ha formulado tal pregunta.

O bien imaginemos que alguien dice:
Uno de los sistemas de ética debe ser el correcto, o el que se halle más próximo a serlo. Bien, supongamos que afirmo que la ética cristiana es la correcta. En tal caso, estoy formulando un juicio de valor. Lo que equivale a adoptar la ética cristiana. No es lo mismo que decir que entre varias teorías físicas ha de haber una que sea la correcta. La manera en que alguna realidad se corresponde -o entra en conflicto- con una teoría física no tiene contrapartida aquí.
 
Afirmar que existen diversos sistemas de ética, no equivale a afirmar que todos ellos sean igualmente correctos. Esto carece de sentido. De la misma manera que carecería de sentido afirmar que cada uno es correcto desde su propio punto de vista. Lo único que significaría es que cado uno juzga como lo hace».

3 comentarios:

chose dijo...

Hola.
No entiendo muy bien la disyuntiva. Pero sí entiendo que te comas el coco.

HaTu dijo...

Wittgenstein es muy interesante aunque siempre ando de forma muy poco ortodoxa conociendo a los grandes pensadores. Saludos y gran blog, se va a seguir esta paguina =)

Borde dijo...

Hola, Chose. Era un ejemplo que utilizó Wittgenstein para explicar el Tractatus. Eso que le gusta tanto a Agustín Fernandez Mallo (el punto 7 del Tractatus, o más exactamente la proposición número 7: de lo que no se puede hablar, hay que callar). Wittgenstein sostiene que el lenguaje humano tiene unos límites, que son las fronteras del mundo "natural", la realidad física. Entiende que lo metafísico excede de esos límites, y que todo empeño en establecer afirmaciones científicas acerca de lo metafísico fracasará. Eso no significa que no exista aquello "de lo que no se puede hablar", pero únicamente puede ser mostrado, no dicho. Podía haber tomado otros ejemplos, y los tomó. Hay un enlace en este blog que remite a la Conferencia sobre ética con algunas explicaciones adicionales, donde los puedes encontrar. Se me ocurrió colocar esto porque el otro día lo utilicé en una clase, y coincidió que pocos días antes había leído la cita de Weber, también como ejemplo pero esta vez para dar su opinión acerca de los razonamientos que a veces emplean los políticos para justificar lo que no tiene otra explicación más allá de su ambición. Me hizo gracia que dos pensadores de principios del siglo XX pero entregados a disciplinas distintas -filosofía y sociología- emplearan el matrimonio como modelo para hacerse entender en cuestiones tan alejadas entre sí como la teoría de vocación política o el universo de lo inefable.

Vaya tostón. Si has llegado hasta aquí, un beso. Te echaba de menos, ya sabes donde estoy (y yo donde estás tú, mea culpa, tengo un poco "fandango" desde que acabó el verano).

HaTu: te comprendo. Yo me he acercado a Wittgenstein por caminos vecinales: sus diarios, sus cuadernos y su biografía, la de Ray Monk, que te recomiendo si no la conoces. Y su Conferencia sobre ética, que como digo más arriba puedes encontrar enlazada abajo, en la primera columna de la derecha. Otro seguidor de Tolstoi que renunció a su fortuna y buscó una vida sencilla, sin demasiado éxito en mi opinión. Una estrella que no pudo dejar de deslumbrar, a pesar suyo.