martes, 7 de diciembre de 2010

El último trimestre

El último trimestre del año siempre ha sido mi favorito, desde hace 20 años. Empieza el otoño, y con él el frío y las lluvias, la ropa de invierno, las bufandas, las botas. La probabilidad de dos o tres puentes antes de Navidad. Y la Navidad. Siempre recordaré las Navidades con mi familia, y los pequeños ritos que tácitamente habíamos acordado, rutinas agradables, casi sagradas, que debíamos seguir antes de abrir los regalos que Papá Noel dejaba en el comedor de nuestra casa después de la Misa del Gallo.

Todo eso acabó, y este año ha sido más evidente que ningún otro. El frío ya no me resulta tan agradable, será que me hago viejo. La ropa de invierno está vieja, los puños de las camisas rozados, las chaquetas con coderas, y la alegría consumista de renovar el fondo de armario ya no lo es tanto. Pesa más la preocupación. El acto de abrir la billetera y verla vacía. De mirar el saldo de la libreta de ahorros el día 4 del mes y leer una cifra de dos dígitos a la izquierda de la coma decimal.

Mi mujer explicaba ayer a los niños el Título Primero de la Constitución. Yo procuraba callar, pero no podía evitar sorprenderme cuando, cada vez que recitaba un derecho fundamental, me daba cuenta de que muy pocos lo disfrutan (disfrutar, me ha traicionado el subconsciente). Y los que los pueden ejercer empiezan a considerarse privilegiados. Derechos fundamentales y libertades públicas. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Nadie puede ser privado de su libertad. Se garantiza el derecho a la intimidad personal y familiar. Se garantiza el secreto en las comunicaciones. Los ciudadanos tienen el derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos. Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos. Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social. La enseñanza básica es obligatoria y gratuita. Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad. La Ley garantizará el derecho a la negociación colectiva laboral entre los representantes de los trabajadores y empresarios, así como la fuerza vinculante de los convenios. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo. El Estado velará especialmente por la salvaguardia de los derechos económicos y sociales de los trabajadores españoles en el extranjero, y orientará su política hacia su retorno. 

Paro aquí. No puedo evitar un gesto amargo mientras copio y pego.

Y la prensa de hoy: 

«Ha remarcado el Presidente [Bono que] la Constitución "sabiamente ha ofrecido la fortaleza de su letra para alertarnos a todos de que quienes recurren al chantaje para defender privilegios siempre son los culpables, los únicos culpables". Y también ha lanzado una advertencia, porque a su juicio "ni han vencido en esta ocasión, ni vencerá quien lo intente de nuevo; nos va demasiado en ello y los culpables deben perder toda esperanza frente a los españoles y frente a la Constitución", concluyó Bono» (Informativos Telecinco).

Mi hijo se ha levantado tarde. Ha venido a buscarme, para contarme cómo su mejor amigo pasa de nivel en Lego Star Wars-The Complete Saga. De vez en cuando callaba y yo le miraba. Sus ojos apuntaban a algún sitio inexistente. No sonreía. Tragaba saliva. He intentado descubrir que expresaba su cara: aturdimiento, desconexión, angustia. Espero que no. Serán los mocos. No lo sé. No estoy seguro.

2 comentarios:

perogrullo dijo...

Mi objetivo estas navidades será el de colocar el mayor número posible de ejemplares de la constitución en las estanterías de ciencia ficción junto a Asimov y Terry Pratchett.

Borde dijo...

O en las de autoayuda.