domingo, 13 de marzo de 2011

Mierda de perro mojada

¿Os habéis fijado alguna vez en el aspecto de una mierda de perro en la acera después de varias horas bajo la lluvia? Se parece mucho a un montoncito de arena. Andaba yo a lo mío, intentando no resbalar en el suelo mojado, y veía más mierdas de perro y otros montones de arena con trozos de madera ligeramente quemada, restos de un probablemente desastroso concurso de paellas de la noche anterior. Unos barrenderos recogían la basura. Más leña mojada en otro montón, parecía de encina. Así que me vino a la cabeza Cifra, el que estaba harto de la mugre del mundo real, el que lamentaba no haber elegido la píldora azul, el que pedía al agente Smith que le reinsertara en Matrix. Como actor famoso, para que no hubiera malentendidos.


"Pero si yo ya estoy en Matrix, ¿dónde cojones quiero que me reinserten?", pensé.

Un poco después cambió la luz, las cosas se veían de otra manera, incluso las mierdas de perro mojadas. Fue uno de esos momentos en los que creo que estoy percibiendo el mundo como la mayoría de la gente, pero que a mí me resulta extraordinario, irreal. Aprovecho y alargo el paseo, hago los recados que me habían encargado. Pienso en cómo vivo el tiempo, es algo que debe pasar rápido, todo lo que está en el tiempo suele ser molesto, desagradabe o directamente insoportable.

"Eso es poco Zen", me oigo decir.

Nada Zen. Y qué. Yo no soy budista.

Por la tarde vamos a ver Rango. Se supone que es una película para niños, pero resulta ser simplemente una película de animación. Demasiadas alusiones a la frustración, a la especulación, a la impostura, a la crisis, a la manipulación ("la gente necesita creer en algo"). Salimos tres a uno: únicamente le ha gustado a mi hijo.

Después de la cena, fútbol. Nos tomamos un gin-tonic. Los gin-tonics, cada vez más cortos de gin. Con mi nueva afición a los tragos de diseño, he de acordarme de que "es un cocktail, no una ensalada". Después de llegar a la conclusión de que la tónica que más me gusta es la Schweppes, sigo probando con las ginebras. La que compré por la mañana aconsejan aliñarla con canela en rama. No queda mal, no es una leche merengada, pero me digo a mí mismo que la próxima vez usaré corteza de limón  (¿o de naranja? A la leche merengada también se le pone corteza de limón).

Me acabo el gin-tonic. La familia se queda viendo como el Valencia pierde frente al Zaragoza, yo me voy a ver la tele al dormitorio. Ley y orden. Sale el detective ese que parece un psicópata, (Robert Goren) con la cabeza siempre ladeada y sin parar de gesticular con las manos. Nunca le he visto sacar la pistola, seguro que se le caería al suelo. Me quedo medio dormido, vienen los niños a darme el beso de buenas noches. Aquí caigo en una contradicción. No quiero que pase el tiempo. No quiero que se hagan mayores, con la condición de tampoco la Sra. Pérez ni yo nos hagamos mayores. Ni mis padres, ni mis amigos, ni nadie. Que se pare el tiempo. Quizá eso signifique algo, a pesar de todo, a pesar de las mierdas de perro mojadas sobre la acera.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Consejo vital

Acabo de recibir esto por correo electrónico. Está por ahí en otros sitios de Internet, pero me ha hecho gracia:

Estimados amigos:

Necesito vuestro consejo en lo que puede ser una decisión crucial.

Desde hace un tiempo sospecho que mi mujer me engaña. Ya sabéis, las cosas típicas como esas llamadas a casa que cuando descuelgas no contesta nadie.

Mi mujer sale con amigas últimamente, pero le pregunto sus nombres y me dice que no las conozco, que son amigas del trabajo...

Me quedo despierto para verla llegar en taxi, pero ella baja por la calle a pie y a lo lejos escucho un coche alejarse del que se ha bajado a la vuelta de la esquina. ¿Quizás no volvió en taxi...?

El otro día cogí su móvil sólo para mirar la hora y se puso como loca gritándome que nunca cogiera otra vez su móvil y que si la estaba espiando.

Nunca he hablado de esto con mi mujer. Creo que en el fondo no quiero saber la verdad, pero anoche ella volvió a salir y decidí que iba a investigar.

Aparqué mi moto cerca del garaje y me escondí detrás de ella de manera que tuviera una buena visión de toda la calle cuando ella llegara a casa.

En ese momento, agachado detrás de la moto, me di cuenta de que la tapa de balancines perdía algo de aceite. Y aquí viene mi pregunta:

¿Reaprieto y me la juego a que se pase de rosca o me lío y cambio la junta?