martes, 9 de agosto de 2011

Día 3-26

Tercer día. El smartphone hace sonar Give Me Shelter a las 6:20, a pesar de haber quitado la alarma (suprimida, borrada, tirada a la papelera). Me despierto, la apago y me vuelvo a dormir, hasta las 9 más o menos. En ese tiempo he soñado una vida entera, o he conectado sueños recurrentes que forman una historia. No sé si es posible que el guión de esa historia, que podría ocupar varios años, lo escriba el cerebro en algo más de dos horas.

Ya levantado, cuando subo la persiana veo a dos hombres mirando hacia la playa, esperando. Llegan tres más. Da la impresión de que estaban durmiendo en la arena. Tienen entre 30 y 50 años. Imagino enseguida que son vagabundos, y me viene a la cabeza Los vagabundos del Dharma, de Kerouac. Me da por pensar que en algún momento fueron esposos, novios, padres, encofradores. Uno de ellos quiere irse a Madrid, se queja que no tiene dinero, otro le pregunta que para qué quiere irse a Madrid y responde que para tomarse un café y fumar. El otro le contesta que él le busca tabaco, intenta calmarlo. Abren su coche y aparecen unas guitarras, son músicos ambulantes. Tocan bien y con gusto. Los beatniks españoles tienen un aspecto bastante castizo, pero comparten algunos gustos con los americanos. La hierba, por ejemplo. Mi hijo me descubre mirando por la ventana, y a él también le llaman la atención. Me hace algunas preguntas, le contesto que parecen buena gente, que no pasa nada.

Pero en realidad no me recuerdan Los vagabundos del Dharma. Me recuerdan Las uvas de la ira.

Mal día de playa. Lo paso escribiendo. Como, duermo algo de siesta, doy una vuelta por el paseo, vienen unos amigos a tomar unos GT de South. Eso es todo.

Leo en la espalda de mi camiseta:


Quizá la crisis no sea el problema.

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