domingo 13 de noviembre de 2011

Rock & Roll


Ya van dos fines de semana que no compro la prensa del domingo (tampoco la del sábado). De vez en cuando me asomo por el Twitter e intuyo que lo de los periódicos será más o menos lo mismo, pero a lo bestia. Que si #Rubalcayaestaba o #RajoyNoRespondeAlfredoNoSeEsconde (hastag, Dios mío, qué palabra). Imagino a los equipos de politólogos y especialistas en marketing intentando que uno y otro, barbudos, canosos, calvos, más bien lechosos y cheposos, se parezcan al moreno, glamouroso, afeitado y joven Obama y a su famosa y ya nada original campaña electoral en las redes sociales. Pero ya estoy metiendo los pies en el barro que quería evitar. Así que vamos a otra cosa. La semana, laboralmente hablando, ha sido cojonuda (JAJA) pero en lo personal, jodido-jodido (JOJO) porque tengo una epidemia de Ich (también llamado punto blanco, no confundirlo con la marca de calcetines) en mi acuario. Los peces responden bien al tratamiento a base de azul de metileno y verde de malaquita, pero en cuanto lo interrumpo vuelven a aparecer los putos puntos blancos. Así que mi intención de ampliar la población en mis sesenta litros de ecosistema artificial con habitantes de al menos dos continentes va a tener que esperar a que el parásito ciliado de los cojones muera. La anubia nana va bien, la vallisneria spiralis regular y la cryptocoryne parva fatal, en lo que a la flora se refiere. He suspendido el abono con CO2 porque parece coincidir con los brotes de Ich (o punto blanco, no confundirlo con la marca de calcetines).

Y lo que hay arriba del todo: el Sr. Lobo recordó un post mío en el expresaba (y luego personalmente a él se lo confirmé) que me hacía gracia la decoracion por Custo Dalmau (el de las camisetas) de una Harley-Davidson V-Rod (ahí va otra foto, tápate los ojos, Lobo).


Independientemente de que la foto anterior me recuerde en algo a Zoolander y a la inolvidable escena en la que cuatro personajes empiezan lavando un coche y acaban duchádose con gasolina (nudo del la película y motivo de la crisis del protagonista, Derek Zoolander, de ahí el nombre del filme) me sigue gustando la Harley Custo.


Pero debo reconocer que eso de que "Custo y sus deleznables bodrios conquistaron una vez su corazón (infausto recuerdo que roza la pesadilla). Cachis... si hubiera sido el Rock & Roll... En eso... tampoco tiene usted remedio... :-)" me ha picado.

Un poco.

Sólo un poco.

Lo de arriba son diez de mis canciones favoritas. No sé siquiera si es rock & roll, pero me gusta (por si no lo pilláis, parafraseo a los Rolling Stones con eso de I know, it's only rock'n roll, but I like it).

No todas son las versiones que me hubiese gustado colgar, pero sí las mejores que he podido encontrar.

Y para acabar este popurrí indecente, lo último de Pérez-Reverte. Copio y pego y enlazo la fuente:

Me llamó la atención el otro día, viendo un telediario, que en ningún momento de la información referida a un partido internacional de fútbol se mencionara la palabra España. El reportaje incluía una entradilla de la presentadora del informativo y otra de un redactor de deportes. Sumaba el asunto, entre pitos y flautas, unos tres minutos de información. Y ni una sola vez, en todo ese tiempo, pronunció nadie las palabras selección nacional o selección española. Todo el tiempo se habló de la Roja. Un nombre o apodo afectuoso, éste, que por otra parte me parece bien. Simpático, incluso. En principio. El problema es que, en este país fértil en cantamañanas -como dijo alguien, una ardilla podría recorrerlo saltando de tonto en tonto-, hasta lo simpático somos capaces de convertirlo en empachoso y desagradable, a causa de nuestra singular capacidad para combinar gregarismo y estupidez. Eso, naturalmente, en el mejor de los casos. En el otro, que ya entra en el terreno de la intención deliberada, estaría de por medio nuestra proverbial, probada, histórica, esquinadísima mala fe. Lo cierto es que sobre el uso y abuso de la expresión la Roja no tengo opinión formada. Ignoro si se trata de simple contagio mediático -se pone de moda una idiotez y todos nos abalanzamos entusiasmados sobre ella, olvidando cualquier alternativa-, o de instrucciones recibidas por los asalariados correspondientes -en su momento lo fui, y sé lo que digo- para que, en materia de fútbol, las palabras nacional y España, tan equívocas y molestas, se utilicen lo menos posible. No vayamos a irritar a alguien, por Dios. No contaminemos el sano deporte con conceptos discutidos y discutibles.

Pensaba en eso también, en conceptos discutidos y discutibles, hace unas semanas, cuando el rescate por tropas especiales españolas de una rehén francesa en poder de piratas somalíes. Quizá ésta sea la primera noticia que tienen algunos de ustedes del asunto; y no me extrañaría, porque en su momento el acomplejado ministerio de Defensa español hizo cuanto pudo por ponerle sordina. No por natural modestia castrense -la operación fue profesional e impecable- sino porque hubo una peligrosa situación de combate en la que varios somalíes resultaron heridos. Cosa, por otra parte, lógica cuando hay tiros. Pero claro. Según la doctrina oficial española, disparar contra africanos subsaharianos de color oscuro, o como carajo se diga, por muy piratas armados que sean, en lugar de afearles su conducta y apelar a sus nobles sentimientos humanitarios, es un acto reprobable de fuerza bruta, propio del más repugnante militarismo. Así que la instrucción para tratar el incidente con la prensa fue perfil bajo, información mínima y cuanto menos se sepa, mejor. No vayamos a liarla. Y de esa forma, una acción que de haber sido realizada por los gringos o los franceses habría abierto telediarios, aquí pasó casi inadvertida. O sin casi. No fueran a llamarnos fascistas.

Calculen ustedes mismos: océano Índico, anocheciendo, mala mar, esquife con piratas, mujer cuyo marido acaba de ser asesinado, y a la que llevan a tierra para cantarle bonitas coplas africanas típicas de allí. Y en eso, lancha neumática que llega con fuerzas especiales españolas. Tatatachán. Los malos se lían a tiros. Bang, bang, bang. Por parte de los buenos, tiroteo de precisión, impecable. Más bang. Vuelca el esquife, rehén cae al agua. Chof. Dos piratas con Kalashnikovs apuntándole a la pobre señora. Fuego de los buenos que neutraliza a los malos. Señora que se hunde en el mar. Capitán de fuerzas especiales que se tira al agua con veinte kilos de equipo de combate encima, casco, pistola, radio y dos cojones, y salva a la prójima. Éxito absoluto, beso de la rehén al capitán, final de película. Y entonces, en vez de difundir el episodio, enorgulleciéndose de que en 45 segundos un grupo de infantes de marina españoles haya resuelto tan difícil situación, con algún pirata herido pero sin dar matarile a nadie, la ministra de Defensa y quienes le llevan el botijo deciden perfil bajo y poco ruido. No vayan a criticarnos, dicen, que les disparemos a negros famélicos y tal. Nosotros que los queremos tanto. Y una vez más, como de costumbre, se nos llena de cagadas de rata el arroz de la paella.

Ahora imaginen ustedes, en el telediario y los periódicos que recogieron la noticia del incidente camuflada entre otras, de pasada y por encima, cuáles habrían sido los titulares si ese día hubiera ganado la Roja un partido de fútbol. El delirio, las banderas, los canutazos alcachofa en mano, la sonrisa feliz de los presentadores. Los rostros sudorosos y triunfales, en primer plano, de los héroes de la jornada.


Sin comentarios.

3 comentarios:

Perogrullo dijo...

Borde rockea.

Lobo dijo...

... y "V-Rodea" con la fea ... :-)

Borde dijo...

"Perrea, perrea", como diría Rodolfo Chiquilicuatre.