lunes, 30 de diciembre de 2013

Another brick in the wall

En estos momentos soy incapaz de escribir.

¿Por qué? Llevo haciéndolo, de una forma u otra, desde los 18 años.

lunes, 23 de diciembre de 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

Sobre la Ley 10/2010, de 9 de julio, de Ordenación y Gestión de la Función Pública Valenciana

Este post se aparta bastante de la temática habitual del blog. Trata sobre una cuestión que probablemente importe poco a los que (aún) se pasan por aquí, pero es una cuestión a mí me ocupa y me preocupa. Así que aviso de qué va esto (el título de la entrada ya es una pista): la Ley 10/2010, de 9 de julio, de Ordenación y Gestión de la Función Pública Valenciana (LOGFPV).

Voy a intentar escribir todo esto sin mirar ninguno de los textos legales a los que haré referencia hoy. Por agilidad y por no aburrir demasiado. Toco de oído, pues.

La Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP) establece, en el marco del artículo 149.1.18º de la Constitución, las bases del régimen estatutario de los empleados públicos. Esto significa que contiene una serie de preceptos que constituyen el núcleo de la regulación de la Función Pública (permitidme que lo escriba con mayúsculas, aunque hoy en día sea política y seguramente ortográficamente incorrecto), núcleo de obligado cumplimiento en todo el Estado pero que puede ser desarrollado por el propio Estado, en el exclusivo ámbito de su Administración, y por las Comunidades Autónomas en el propio respectivo.

Se dice que el EBEP es una norma asimétrica: sus aspectos básicos descienden a cuestiones que podrían entenderse como parte de la potestad de autoorganización de las Administraciones públicas (como el régimen de permisos y licencias) con rango de mínimos, mínimos que inicialmente pusieron el listón tan alto que nadie protestó. Quiero decir que no levantaría ampollas, al menos entre los empleados públicos, una norma que con carácter básico reconoce (por primera vez que yo sepa) el derecho a percibir dos pagas extras anuales que incluyan la totalidad de las retribuciones básicas y las complementarias del puesto de trabajo, o que establece el número mínimo de días de vacaciones (por poner dos ejemplos simplones) y en muchos casos por encima de lo que estaba regulado de manera uniforme, aunque no básica, por todas las Administraciones públicas (AAPP). Y además permitía que cada AAPP añadiera las mejoras que considerara oportunas en lo que a condiciones de trabajo se refiere (salvo cuestiones salariales, cuyo límite máximo global lo establece anualmente la Ley de Presupuestos Generales del Estado; no era mi intención hacer tantas salvedades, no creo que esto lo lea mucha gente, pero si lo lee algún experto creo que son necesarias). En otras materias fundamentales y que en mi opinión requieren una mínima uniformidad en todas las AAPP, como las situaciones administrativas (más) o régimen disciplinario (menos) deja amplio margen de desarrollo a las Comunidades Autónomas (CCAA). Para acabar de esbozar el panorama general, determinados preceptos básicos entraron en vigor transcurrida la vacatio legis del EBEP, mientras que otros lo harían cuando por las CCAA se dictara la normativa de desarrollo correspondiente.

A fecha de hoy, salvo error u omisión, las únicas leyes de desarrollo del EBEP dictadas por las CCAA son la Ley 10/2010, de 9 de julio, de Ordenación y Gestión de la Función Pública Valenciana, la Ley 4/2011, de 10 de marzo, de Empleo Público de Castilla-La Mancha, y como rara avis, la Ley 3/2007, publicada sólo unos días después al EBEP, por lo que no lo desarrollaba inicialmente (la tramitación fue paralela) y sigue ajustándose a lo básico de la Ley 30/1984, de 2 de agosto, de medidas para la reforma de la Función Pública, aunque su posterior modificación por Ley 9/2012 si debió tener en cuenta el EBEP.

En estas líneas voy a ceñirme a la ley valenciana, la LOGFPV, que puede presumir de ser la primera norma autonómica de desarrollo del EBEP, con lo todo lo bueno y todo lo malo que tiene eso de ser los primeros en algo.

La pregunta es ¿por qué los primeros? Y no es fácil la respuesta. Y se me ocurren varias razones por las que resulta difícil entender las prisas valencianas en desarrollar el EBEP. Por ejemplo, la peculiar configuración del empleo público de la Generalitat (valenciana). La ya derogada Ley 10/1985, de 31 de julio, de la Función Pública Valenciana y sus sucesivos textos refundidos mostraban una Administración en la que inicialmente los cuerpos de funcionarios no existían, y posteriormente nacieron unos pocos como algo raro.

Acabo de hacer una pausa y me ha dado por pensar para qué escribo esto, si la cagada ya está hecha y arreglarla, si es que se puede, requerirá tantos años como los que hicieron falta para que el experimento de la Ley 10/1985 (Administración sin cuerpos) fuese lo suficientemente estable para funcionar. Porque yo creo que al final funcionaba, en un equilibrio inestable, pero equilibrio a fin de cuentas. Pero lo que yo crea sobre la difunta Ley de la Función Pública Valenciana es otra cuestión.

Bien, el caso o la cosa es que una Administración sin cuerpos, en la que únicamente se hablaba de puestos de trabajo de administración general, especial y laborales (perdón, y eventuales, claro) tuvo que ir organizándose en colectivos (rebaños), distinguiéndose unos por las funciones para cuyo desempeño fue seleccionado el personal (las de los puestos de administración general: participación en la producción de actos administrativos) y otros, aunque teóricamente estaban destinados también para facilitar la producción de actos administrativos, en realidad se caracterizaban bien por la titulación exigida en el acceso (ingenierías varias, Arquitectura, Psicología...) bien por propio contenido de las pruebas selectivas, que limitaba el desarrollo profesional de los seleccionados a los puestos de trabajo reservados para el colectivo. Por decirlo de alguna forma, los colectivos eran algo parecido a los cuerpos, pero mucho mas difusos tanto en cuanto a la identificación de sus integrantes (simplemente intuida) y a su creación: no por ley, sino por una sencilla resolución administrativa no publicada ni notificada. El concepto de colectivo pretendía ser un dato instrumental pero iba mucho más allá, como ya habréis sospechado.

A este gazpacho debemos añadir la inicial laboralización de la Administración, con su origen en la Ley 30/1984 y a la que puso fin la Sentencia del Tribunal Constitucional 99/1987, tras la cual los gestores del Estado y de las CCAA tuvieron que ordenar nuevamente sus relaciones de puestos de trabajo (RPTs) a través de lo que coloquialmente se llamó "funcionarización". Este término no existe en el diccionario de la RAE, pero podría definirse como "acción o conjunto de acciones cuyo fin es convertir un contratado laboral de la Administración en funcionario de carrera". El Estado optó por la modalidad concurso-oposición con cupo restringido, una version ultra-light de lo que es o era el acceso por turno libre, mientras que la Generalitat (valenciana), a través de la Ley 1/1996, de cuyo nombre completo soy incapaz de acordarme (algo así como de adaptación del régimen jurídico del personal la naturaleza de los puestos que ocupa) estableció una innovadora modalidad de forma de acceso a la condición de funcionario que fue ni más ni menos el curso selectivo con evaluación continuada. El modelo estuvo a punto de acabar en el Tribunal Constitucional, y sospecho que no llegó a ese punto por el hecho de que el PP acababa de llegar al Gobierno de España cuando el PP también gobernaba en la Generalitat (valenciana). El invento tuvo tanto éxito que fue copiado por unos y otros, y por supuesto volvió a incluirse en la LOGFPV a pesar de que poco antes fue declarado inconstitucional con ocasión de una modificación de la ley de la función pública asturiana. El resultado de la funcionarización en la Generalitat (valenciana) fue el nombramiento de funcionarios de carrera de administración general (de fácil identificación) y de administración especial sin identificar el colectivo al que pertenecían. Esto reventó un poco la estructura, pero no supuso gran obstáculo por ello al tratarse de una Administración relativamente pequeña en la que todos se conocían y sabían de dónde venía cada cual. De hecho, desde que culminó la primera funcionarización en 1999 hasta la fecha no se ha intentado solucionar el problema, por lo que probablemente no lo fuera.

Desde 1985 hasta 2010 los puestos de trabajo se fueron configurando a medida de las necesidades de la Administración de la Generalitat (valenciana), de los acuerdos suscritos con los sindicatos y de los fallos de las sentencias de lo contencioso-administrativo. Se aprendió mucho, algunas cosas elementales, otras no tanto, y otra vez en mi opinión, en lo que a RPTs se refiere, en los últimos años pocas veces la Generalitat (valenciana) tuvo que acatar fallos que exigieran adaptaciones del sistema. Alguna cosa hubo, sí, pero explicarla aquí y ahora costaría más que el interés que pueda tener. La cuestión es que funciones y requisitos de puestos singularizados y no singularizados fueron perfilándose de manera que las retribuciones se adaptaron a su contenido, en cuanto a requerimientos de preparación, dedicación, responsabilidad, experiencia y dificultad técnica. El detalle de las funciones de los puestos llegó, en casos, a ser muy exhaustivo; y los requisitos de acceso, definidos a través de colectivos, adecuándose a las exigencias de formación de quienes debían desempeñarlos.

A estas alturas del post supongo que alguno se preguntará qué tiene que ver todo esto con la LOGFPV y cuándo empezaremos a entrar en materia. Dadme algo de cuartelillo.

El EBEP contiene muchas cuestiones nuevas y desarrollables que permiten configurar un nuevo modelo de Función Pública, aunque no tantas como proponía el famoso informe de 2005 de la conocida como "comisión de expertos": el directivo público profesional, la evaluación del desempeño y la carrera profesional horizontal (por ejemplo). Y luego otras que quizá no pretendían tener mayor relevancia pero que en el caso de la Generalitat (valenciana) eran cruciales. Me refiero concretamente a la organización de los funcionarios en grupos, subgrupos, cuerpos, escalas y agrupaciones profesionales funcionariales. Me explico: si bien en la mayoría de las AAPP el personal pertenecía a cuerpos y escalas, en la Administración de la Generalitat (valenciana) no (salvo esos pocos cuerpos de los que os he hablado más arriba y que se salían del planteamiento general). Porque los cuerpos tenían su origen, en su mayoría, en normas anteriores a la Constitución, y la Ley 30/1984 lo único que hizo fue poner algo de orden en el ámbito de la Administración General del Estado. Pero NO con carácter básico. Sin embargo, el EBEP es básico en lo referente a la pertenencia de los funcionarios a cuerpos, escalas y agrupaciones profesionales funcionariales. Quizá sin medir las consecuencias que pudiera tener en AAPP como la valenciana. O sí. Ni idea.

Si leemos en diagonal la LOGFPV, veremos que introduce pocas novedades. El directivo público profesional queda bastante pobre, y la evaluación del desempeño no se regula, se deja su desarrollo a la aprobación de posteriores normas reglamentarias. En la práctica, la entrada en vigor de la LOGFPV no supuso ningún cambio importante, aparte del derivado del desconcierto de los gestores, que no entendían como era posible que se derogara la anterior normativa y sin embargo se siguiera aplicando.

Por fin llegó el primer desarrollo reglamentario: el Decreto 56/2013, sobre el procedimiento de clasificación de puestos de trabajo y aprobación de las RPTs. Y unos meses después, el 17 de septiembre de 2013, la primera RPT en la que se definían los puestos de trabajo haciendo referencia los grupos y subgrupos del EBEP y a cuerpos, escalas y agrupaciones profesionales funcionariales en lugar de a administración general, especial y a colectivos de titulación o funcionales. Y aquí se abren varios melones. Los requisitos deben reconducirse a cuerpos, escalas y agrupaciones profesionales funcionariales, con restricciones que antes no existían y que requieren un proceso de análisis que no fue demasiado transparente. Las funciones también se definen de nuevo en la mayoría de los casos por remisión a las de los respectivos cuerpos, escalas o agrupaciones profesionales funcionariales. Y los anexos de la LOGFPV las definen en ocasiones de forma excesivamente genérica. En lo que se refiere a los funcionarios (y la mayoría de los laborales), deben integrarse en esos cuerpos, escalas o agrupaciones profesionales funcionariales, pero no siempre cuentan con las titulaciones exigidas para acceder a los mismos, lo que nos conduce a una serie de normas a veces algo oscuras e incluso contradictorias recogidas en las disposiciones adicionales de la LOGFPV. Algo que me intriga particularmente es como se determinan las funciones de un puesto susceptible de ser desempeñado por funcionarios de más de un cuerpo o escala, cuando se definen como "las propias del cuerpo o escala al que esté adscrito". Quiero decir, si los requisitos de acceso a un puesto son pertenecer a la escala de Trabajo Social, o a la de Educación Social, o al cuerpo de Psicología, y las funciones de unos y otros son distintas, ¿qué se espera del ocupante del puesto? ¿Que las desarrolle todas, aunque sólo pertenezca a un cuerpo o escala, o que las funciones del puesto sean las del cuerpo al que pertenece quien lo desempeña? Nos encontramos ante un rompecabezas de difícil (no imposible) encaje cuya finalidad es que cada funcionario o trabajador continúe haciendo lo mismo que venía haciendo con anterioridad y por el mismo precio. Esto es una simplificación, lo reconozco, pero también es mi percepción.

Entonces, si la LOGFPV supone para la Función Pública valenciana un giro de 360º (sí, de 360º) ¿para qué tanta prisa por ser los primeros?

No sé si continuará esto.

sábado, 5 de octubre de 2013

Epicidad o la vida no es un anuncio


Epicidad. La primera vez que oí la expresión fue en boca de Willyrex, un muchacho que sube a YouTube vídeos comentados de gameplays. Y cada vez que veo el último anuncio de Nespresso, o alguno más antiguo de Red Bull o Voll-Damm, me viene a la cabeza el palabro. Me entran ganas de ser ejecutivo rompedor, músico, bailarín, explorador, tenista, surfero, motorista vagabundo, boxeador, jugador de rugby, paracaidista, bombero, reportero de guerra, pintor, pedorra, ecologista pro, mafioso de depósito de contenedores, montañero, skater, biker, piloto de avión o de Fórmula 1, traceur, espeleólogo, jugador de basket, piragüista de aguas bravas, saltador, DJ, astronauta. Me entran ganas de ir a por ello aunque me equivoque, aunque me cueste el coche, un par de dientes, mi próximo ascenso, pasar frío, hacerme daño, perder la cabeza, las formas o la legalidad, aunque haga el ridículo, me gane el desprecio o la soledad. Pero viviendo como yo quiero hasta las últimas consecuencias. Y quizá, y sólo quizá, llegar a ser quien soy. Y tomarme una cerveza a morro que acaba de servirme una camarera jamona en un bar mostoso, o un cafelín de máquina en mi despacho de doscientos metros del ático de un rascacielos de cristal en la City. Un barbudo con chupa de cuero raída o un master of the Universe con perfecto peinado y afeitado y nudo de corbata de precisión.

La cosa es que ya soy quien soy, supongo que el creativo quiso decir "ser quien quieres ser", y eso es lo más difícil de saber. Supongo que algunos se conforman con pasarlo bien, o con ser ricos, famosos, poderosos, o con tener una vida trascendente, mirar atrás y ver algo de grandeza. O con todo a la vez.

Si miro hacia atrás lo que veo no me gusta demasiado. Si miro hacia delante tampoco. Doy un segundo vistazo. ¿Como quién quiero ser? Difícil. Hasta hace poco no me cambiaba por nadie. Obviamente, querer ser como alguien y cambiarse por ese alguien no es exactamente lo mismo. No querer cambiarse por nadie añade un matiz: la esperanza de poder ser uno mismo, pero mejor. Continúo sin cambiarme por nadie, pero fantaseo con ideas absurdas. Un trasplante de cerebro o de cuerpo. Volver a nacer, retroceder en el tiempo. Una segunda oportunidad. Eso puede significar que creo sinceramente que la he cagado de manera irreversible. Que ya no puedo ser mejor.

Me cuesta mucho escribir. Puede que no tenga nada que decir.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Encefalograma plano

Tengo la manía de buscar explicaciones para todas las cosas. Hasta para las que no las necesitan: esto ha pasado, no ha tenido impacto en el funcionamiento del mundo ni de las vidas de los que lo habitan, es banal, irrelevante, punto. Pero no. Hay que pensar y pensar y pensar, con interrogatorio, tortura incluida si es preciso, versión cilicio o autoflagelación.

Un blog. Un puto blog en el que he escrito de todo, desde historias de amor hasta mi propia versión de la técnica del contramanillar en motocicleta. Una especie de fuerza ajena me empujaba al teclado cuando me venía una idea a la cabeza, y la escribía y la reescribía, publicando, revisando y volviendo a publicar. Así durante 5-6 años. Y de repente  o de repronto, nada. Desapareció el fondo y la forma. Las motos están en el garaje cubiertas de polvo, igual que el acuario vacío, las botellas de Canadian Club, los amigos, las cajas de legos y los libros. Dejar hacer y oír en lugar de vivir y contar lo vivido.

Quizá sea porque he visto cosas que jamás creí que ocurrirían y me han dejado pasmado. O simplemente, porque todo es  más plano. Encefalograma plano.

lunes, 10 de junio de 2013

Ensaladilla penal y estupidez







"Si uno es ingeniero ladrón, químico chorizo y futbolista, se le abren todas las puertas del mundo".
Mariano.

jueves, 2 de mayo de 2013

Con Rajoy es posible
































Parodias de carteles que se usaron realmente en campaña... ¿adivináis cuáles son los auténticos?

Solución:


sábado, 27 de abril de 2013

Llevo un tiempo pensando en una portada de Antonio Mingote

Concretamente ésta:


y pensando eso de "si Mingote levantara la cabeza". Luego he leído el titular y me he quedado algo desconcertado (no me había fijado antes o no lo recordaba). Así que he buscado más viñetas:







El resultado ha sido más desconcertante aún.


jueves, 18 de abril de 2013

Promesas incumplidas

Penúltimo post: "A pesar de no querer hacerlo, sí que ha habido propósitos de año nuevo". Pues vale, uno de ellos era publicar al menos un par de veces al mes, y ha pasado marzo sin pena ni gloria. Ni un post, a pesar de las abundantes vacaciones que hemos tenido por estas tierras de las flores, de la luz y del amor (yo también os quiero un huevo. Si no pilláis el chiste no pasa nada, es malo de cojones). Y añadí en el apartado "comentarios" la frase "debido a la monstruosidad de spam recibido he tenido que modificar la configuración y solicitar confirmación de palabras. Procuraré que la publicación de todo lo que no sea spam no exceda de 24 horas. Perdonad las molestias". Pues ni molestias ni hostias, el único comentario que tuve desde entonces me ha entrado en la bandeja de moderación tres veces, supongo que por no atenderlo antes de 24 horas. Además era un comentario de un buen amigo.

Pero no sé por qué le doy tanta importancia a no cumplir mis promesas. Mis propósitos de Año Nuevo. Mis compromisos con los pocos que pasáis por aquí de vez en cuando. Se lleva, joder, se lleva. No hace falta que me explique más, porque acabaré escribiendo una mierda como mi penúltimo post. En realidad es lo que quería hacer, pero no lo haré. En los editoriales de El País o de El Mundo o del ABC hay material de ese tipo mucho mejor que el que yo pueda producir.

Salud.

domingo, 24 de febrero de 2013

Miserias

A pesar de no querer hacerlo, sí que ha habido propósitos de año nuevo. Unos pocos van arrancando, con más o menos éxito, poca cosa, los preliminares podría decirse. En cambio con otros no hay forma de empezar. Porque no encuentro el momento, o precisamente por culpa de los propósitos que parece que avanzan. Uno de esos propósitos era cuidarme, ir a algún médico, practicar algún deporte suave. Bien, no hay nada de malo en ello. Así que llevé la bici al taller para que le ajustaran el desviador y le limpiaran la cadena y pedí cita a mi dentista para una revisión. La bici estaba perfecta, muy poco usada. En cambio el dentista, además de una punta rota en una muela encontró (o exactamente no encontró) algo en el esmalte de mis dientes, y por las noches he de colocarme un chisme para no acabar de cargármelo. Ese chisme se limpia con el mismo producto que las dentaduras postizas, y cuando voy a la farmacia a comprar el detergente en cuestión doy explicaciones que a la boticaria ni le van ni le vienen. Pero no puedo evitar darlas porque no quiero que piense que llevo dentadura postiza. Aún no.

Unos días después estaba en el trabajo sentado como suelo hacerlo (no lo intenten en sus casas), con las piernas cruzadas sobre el asiento de la silla. Se me durmió el pie no sé si por la flexión de la rodilla, por el peso del otro muslo o por todo a la vez. Ya me había pasado con anterioridad, así que como siempre no le di importancia y me levanté sin esperar a que volviera a circular la sangre por ahí abajo, sin sensibilidad. No apoyé con el pie plano y me torcí un tobillo. Me hice bastante daño, en el tobillo y en el orgullo: dicen que me quedé blanco como la pared. Tenía miedo. Miedo de ir a un médico de verdad y de tener que cogerme una baja. Afortunadamente fue poca cosa, pero ando (nunca mejor dicho) con pomadas, vendas, compresas frías y calientes y antiinflamatorios, acudiendo más frecuentemente a la farmacia de lo que es habitual. Yendo a trabajar en moto (a 500 metros de mi casa) y sin hacer deporte, claro.

Todo el rollo del tobillo, además de ser la exhibición de una de mis miserias, enlaza otra: no me caben los pantalones que me compré en las rebajas del año pasado. Están apenas sin estrenar, y me aferro a mi talla como una modelo bulímica y nimileurista. Chalecos que me quedaban bien ahora se suben, enseñan el cinturón, casi la camisa, marcan lo que llevo en el bolsillo del pecho. Quiero pensar que han encogido al lavarlos. Parezco una morcilla. Por eso me jode lo de no poder hacer deporte e ir a trabajar en moto, cada vez tengo más hambre y me muevo menos. La bici la tengo a mis espaldas descojonada de la risa, con las ruedas flojas.

Más: quedé con una amiga a la que no veía hace mucho. Es algo mayor que yo y la encontré como siempre. Ella en cambio miró mis pelos: casi todos blancos. Nunca he querido hacer nada al respecto  Mis canas son como mis cicatrices, me las he currado una a una. A veces pienso que pueden ser una señal, la señal de que es el momento de dejar que otras ratas corran por el laberinto buscando el Queso que no existe. Pero ese es otro asunto.

Cambiando de tema y volviendo a los propósitos de año nuevo, también pretendía convertir esto en un blog temático, no sé, como el de Sevach o el de Javier Pinazo, salvando las diferencias (que son grandes). Así que me he puesto a seguir en Twitter a varios santones de la Función Pública (aún con mayúsculas), y francamente creo que los tiros no van por ahí, y lo peor es que sospecho que lo saben. Me refiero a lo siguiente:





Etcétera (sobre todo les preocupa la reforma local).

Lo que quiero decir es que ni reforma ni pollas. Aquí nadie quiere reformar nada. Bueno, yo quiero reformar mi casa, cambiar el suelo por otro mejor y más bonito (o más a mi gusto), hacer huecos para los libros, llevar cables de datos a todas las habitaciones para no depender de una red WIFI un tanto deficiente (demasiada fibra de vidrio entre el PLADUR™), adaptar el cuarto de baño para poder entrar en la ducha con silla de ruedas, etc. Es decir, hacer mejoras. Pero en el contexto actual de las Administraciones públicas españolas, reforma equivale a dejar el suelo como está, que cada uno se busque la vida para tener Internet, y si no puedes entrar en la ducha con silla de ruedas lávate con una palangana. De libros ni hablamos. Pero no me quiero meter en ese jardín. Bueno, sólo un poquito. La edad media de los funcionarios de la GVA se sitúa entre los 48 y los 51 años. Cuadra bastante bien con el hecho de que en determinado momento las ofertas de empleo público, si las había, quedaron muy por debajo de la tasa de reposición de efectivos. Y con la que está cayendo (odio la expresión, la odio con toda mi alma, pero creo que es como mejor me explicaré) dudo mucho que en los próximos lustros se incorpore sangre joven a la cosa pública, gente de carnet aparte. De manera que el personal de la GVA continuará envejeciendo hasta que todos los que accedieron a ella entre 1982 (aprobación del Estatuto de Autonomía) y 1992 (la última y magra OPE antes de la desaparición del IVAP como organismo autónomo) se jubilen. Si no cambian las políticas de RRHH en los próximos 10 años no soy capaz de imaginar cómo será la Administración autonómica dentro de 20. Más cutre que la imagen más cutre de Jan Banning, me temo. Una Administración de la Edad Media.

Aunque tampoco era esto lo que quería decir. Ha sido como sacar el informe del comité de sabios del EBEP, airearlo un poco, lamentar que no se le hiciera caso y encargar otro. O ver como la OCDE en 2005 consideraba adecuados los salarios de los funcionarios españoles, mientras que ahora los ve excesivos (han sacado una publicación que se titula algo así como "gestionar los gastos de personal en tiempos de austeridad", con trampa en los gráficos además, y buscando el enlace descubro que encima cobran por bajar el PDF, de dónde lo sacaría yo). Y no hacer nada al respecto. Todo eso es una bufa de pato. Lo que acojona es ver como en 14 meses a España no la conoce ni la madre que la parió, por obra y gracia del Tribunal Constitucional y de ese señor que según el Financial Times sólo lee Marca y El Faro de Vigo. Preocuparse por una gripe porque te pueden dejar la nómina temblando, darte cuenta de que con el mismo trabajo no puedes mantener el nivel de vida que modestamente llevabas en 2003, o leer en El País a un señor complacido por las limitaciones del BdE a las retribuciones del ahorro de las familias ("la denominada guerra del pasivo era una guerra cainita de todos contra todos por nada" dice; por nada no, por el pasivo, no te jode. Y luego podríamos hablar de la libre competencia, y de por qué el Banco de Santander -por poner un ejemplo- retribuye más en Italia que en España, y de por qué un residente en España no puede abrir un depósito en Italia-UE, y de qué pasa con la libre circulación de capitales, y de si se trata de una forma de colocar deuda soberana a mejor precio para bajar la prima de riesgo, sorprendentemente clavada alrededor del 3,5 cuando escribo esto y desde hace ya algún tiempo). Y con las encuestas del CIS, la primera página de los periódicos y el “todo es falso menos alguna cosa”, el único que abandona su (sagrado) ministerio es justamente Ratzinger (“el Papa ha renunciado a ostentar un cargo cuyo desempeño aceptó de forma libre, alegando falta de fuerzas. Su decisión es de sentido común. Sin embargo, el matrimonio canónico contraído válidamente y consumado es indisoluble, a lo sumo sus contrayentes pueden separarse pero nunca divorciarse canónicamente, con independencia de la edad que puedan llegar a vivir los cónyuges, su felicidad o estado de ánimos”, dice Oscar Celador Angón). Pero mejor callar de lo que no se puede hablar. No hagamos nada, ya estamos saliendo de la crisis. Y maricón el último y cuando salga que apague la luz.

Voy a darle al botón publicar. Y suenan tracas.

¿Me explico?

sábado, 16 de febrero de 2013

Visión, misión, valores


Estoy confuso. Pero como no tengo claro que el término confuso sea el correcto, será mejor que lo explique. Desde un punto de vista introspectivo, sé de donde vengo pero no estoy muy seguro de donde estoy ni de donde quiero estar. Tampoco estoy seguro de donde quisiera estar ni de donde estaré. Esto sobra, por ser un fenómeno universal (o así lo creo) y porque lía. Pero ahí queda, forma parte del conjunto de detalles que adornan mi confusión. Además sospecho que a algún donde le falta la tilde.

Desde el otro punto de vista, el extrovertido o extrospectivo (extrospectivo, Dios mío, que-palabra-me-acabo-de-inventar), estoy confuso en el sentido de que no entiendo lo que pasa ahí fuera. Más correctamente debería usar el término gilipollas en lugar de confuso, pero da igual. Hace ya algún tiempo (no sé si mucho o poco pero se me ha hecho largo, eterno, esto es interesante aunque mejor lo dejo para otro día) tuve una revelación acerca de: a) mi visión y mi misión, b) unos valores que no encajaban demasiado bien con la misión que realmente estaba desarrollando y c) la importancia de la amistad verdadera. La mayoría de los elementos de esta tragedia (como diría W.) pertenecen al entorno laboral, supongo que lo habrán adivinado. Y si la adivinación no es tan fácil aquí justo acaba aclararse el ámbito de la cosa.

La revelación tuvo consecuencias, para variar. Tomé una decisión y expliqué mis razones (algunas, no todas). Quienes las escucharon compraron varias (es decir, no todas las que dije) y posiblemente otra u otras que no eran mías pero que alguien encontró en el pasillo a mi nombre. O puede que no, estoy ya fantaseando y sólo llevo unos minutos al teclado, quizá sucediera que entre mis verdaderas razones y las que realmente quedaron en la consciencia colectiva hubiera un gap (¡gap!) importante (insisto en fantasear). Volviendo a la realidad, la decisión consistía esencialmente en quitarme de en medio. Yo solito. Había dos formas de hacerlo: seguir ahí sin molestar o desaparecer totalmente. Las planteé como alternativas y me invitaron a desaparecer. Debían atender un compromiso incompatible con mi permanencia. Después averigüé que era mentira, claro. Se trataba simplemente de lo que los anglosajones llaman “ayudar a los tuyos”, costumbre que en su cultura es éticamente aceptable (acuérdense de las series americanas que tienen que ver con el empleo público, policías, fiscales, bomberos: el nuevo que entra sin recomendación suele estar mal visto). En la nuestra creo que no es tan aceptable aunque sí tradicional, como lo de tirar la cabra desde el campanario. Qué cojones, si estamos más pendientes de la próxima temporada de Homeland que del desmantelamiento del Estado español (perdón por la mayúscula), ¿por qué no importar el nepotismo e incluirlo en el pack global-Spanish Edition de lo correcto (que no es lo mismo que lo justo)?

Dejo de andar por las ramas y bajo al suelo: la conclusión era obvia, no soy “uno de los suyos”.

Pasaron los meses y la amistad verdadera se devaluó. Eso es malo y bueno, según se mire: si una amistad no vale nada, no duele perderla. Queda compensado lo uno por lo otro. La causa: una disparatada inflación afectiva y mi actitud, no vayan a creerse que no quité mi granito de arena de esa pared levantada durante casi 20 años.

La visión sencillamente desapareció. Era una visión imposible. Si alguien con dos dedos de frente no entiende que era una visión imposible, ese soy yo. O lo fui, hace año y medio. O quizá no tengo esos dos dedos de frente. O intenté cumplir un sueño y no perder una amistad.

De la misión no es necesario hablar, por consiguiente. No visión, no misión. Y decidí saltar desde no visión, no misión a no brain no pain. Mínimo esfuerzo máximo beneficio, dentro de la legalidad vigente. Por lo que pueda venir será mejor no apostar a la yegua vieja, artrítica, desnutrida e hija de puta. Apostemos al caballo ganador: no brain no pain.

Pero siempre queda algo ahí. No es brain precisamente, si bien se relaciona con él y a veces se convierte en idea o en ilusión. O bajando un poco el nivel, en expectativa. Sí, hubo expectativas de volver a donde se corta el bacalao, de estar otra vez en el ajo, to be in the garlic que decía otro ex-amigo mío, ya casi olvidado, aún no del todo. Hay que joderse, ni perdono, ni olvido, valiente imbécil. Corrijo, sí olvido, normalmente lo más importante: que el que se mueve no sale en la foto (como decía Alfonso Guerra). Y hasta aquí puedo leer (como decía Kiko Ledgard). Me desencanté una vez, dos veces, a la tercera ya parecía coña y me dije “no pain no brain”.

Lo que descubrí es que se puede no estar en la foto y sí en la orla de los comemierdas. Pero eso es otra historia. Una historia de despropósitos.

Hace un rato, mientras esperaba a que me trajeran el puto bocadillo que se supone que es mi comida, pensaba que me estaba pasando eso de que “el que se mueve no sale en la foto”. Entonces veo a un tipo sentado que se parece a otro tipo que trabajaba allá por donde ocurría todo (la capital de la aldea burocrática, donde se corta el bacalao y hay ajo). Y me acuerdo de que hizo un potente amago de movimiento, una salida del Casal y de la Nación (otra vez pido disculpas) con papas (patatas, este texto descontextualizado necesita aclaraciones), olivas (aceitunas), cervezas y regalo de despedida (pagado del bolsillo de cada cual). Pero finalmente no se fue, algo se traspapeló (no hay que celebrar nada sin papeles, chicos y chicas). Y ahí sigue, y sin devolver el regalo. Ergo el que se mueve no sale en la foto, o sí. Depende de lo rápido que lo haga, o de cómo lo haga, o de yo qué sé qué cojones tiene esa gente en la cabeza. (dudas otra vez con las tildes en qué).

O de si, en definitiva, no está en la foto pero sí en la orla de comemierdas.

En este texto descontextualizado no sé si se entenderá lo que voy a decir ahora: oferta y demanda no casan. O me infravaloran o me sobrevaloro. Así que los que dicen que tengo la autoestima baja vayan cerrando la boca, por favor.

Voy a pulsar el botón publicar. Creo que me arrepentiré. O no. O yo qué sé. Qué más da.

domingo, 20 de enero de 2013

«La moto de mi padre...»

Hace algún tiempo ya colgué este post.




Lo he tenido que rescatar, porque no me pareció que fuera lo bastante interesante para mantenerlo a la vista. En realidad, me daba mucha vergüenza. Generalmente y con el tiempo me avergüenzo de todo lo que escribo. Y de esto es especialmente vergonzoso. Pero lo que importa es que unos meses después de publicar el vergonzoso post me compré una Ducati, otro modelo. El elemento decisivo para decidir qué modelo elegir uno y no otro, aparte de que me gustara gustaba, fue un comentario que hizo un amigo al ver una foto de catálogo de la moto en cuestión: "Cuando la vea tu hijo le dirá a a sus amigos: «la moto de mi padre...» "(léase con entonación admirativa).

Luego vinieron los hechos. Tuve un accidente con otra moto (sí, tengo dos) del que milagrosamente salí casi ileso. Seguí montando, pero mucho menos que antes. Desplazamientos cortos, utilitarios. Desde entonces no he vuelto a salir a pasear con ninguna de mis motos. Y mi hijo se muestra bastante indiferente cuando las ve. Quizá porque está acostumbrado a ellas. La primera la compré teniendo él 3 años, y la segunda, 7. Acabo de preguntarle si se acuerda de cuando compré estrené la Harley y dice contesta que no. Y al revés: si recuerda cuando yo no tenía la Harley y dice que tampoco. Para él siempre he tenido una Harley.

Pese estar acostumbrados a que su padre tenga motos, a mis hijos les da miedo subir montar, sobre todo en la Ducati, es alta como un caballo. Dicen que en un scooter sí lo harían (con transportín trasero para agarrarse, y si por ellos fuese, con un baúl de esos acolchados que también sirven de respaldo).

Y mi mujer se hizo una quemadura de segundo grado con uno de los escapes de la Ducati, y tampoco le tiene mucho aprecio. En cambio la Harley le gusta, pero a la Policía Local no. De manera que las circunstancias aconsejan cambiar una de las dos motos grandes por un scooter. Parece que La Harley forma parte de la familia (siempre ha estado ahí). Además, he gastado bastante dinero en ella para hacerla diferente, dinero que no voy a recuperar. Los tasadores no tienen en cuenta los extras: el doble disco delantero, el tacómetro, el segundo juego de escapes, las estriberas del pasajero, el asiento de cuero y alguna cosa más que ahora no recuerdo esas cosas. Así que la Ducati está en venta. No se ha interesado demasiada gente por ella. Y si os digo la verdad, no me importa demasiado. Aún tengo la esperanza de que mi hijo, algún día, diga: «mi padre tenía una Ducati que era alta como un caballo» (léase con entonación nostálgica).

P. S.: he deshecho todos los cambios en la configuración DNS de ayer. Tarda mucho en resolver la dirección. Ya se me ocurrirá algo más elegante para separar primera temporada de la segunda. Y si no, tampoco es tan grave. Imagino que el resultado tardará unas horas en repartirse por todos los servidores. Entre pitos y flautas espero tenerlo todo arreglado para el martes.

P. S. 2 (editado a las 16:50): mi hija me ha dicho, hace unos minutos, que no quiere que venda la Ducati.

:-)

sábado, 19 de enero de 2013

¿Togo?




Publicado en noviembre de 2001 por la Internacional de Servicios Públicos. Documento íntegro aquí (el original no aparece en la web del PSI). Pasen y lean. Y díganme si les recuerda algo.