domingo, 20 de enero de 2013

«La moto de mi padre...»

Hace algún tiempo ya colgué este post.




Lo he tenido que rescatar, porque no me pareció que fuera lo bastante interesante para mantenerlo a la vista. En realidad, me daba mucha vergüenza. Generalmente y con el tiempo me avergüenzo de todo lo que escribo. Y de esto es especialmente vergonzoso. Pero lo que importa es que unos meses después de publicar el vergonzoso post me compré una Ducati, otro modelo. El elemento decisivo para decidir qué modelo elegir uno y no otro, aparte de que me gustara gustaba, fue un comentario que hizo un amigo al ver una foto de catálogo de la moto en cuestión: "Cuando la vea tu hijo le dirá a a sus amigos: «la moto de mi padre...» "(léase con entonación admirativa).

Luego vinieron los hechos. Tuve un accidente con otra moto (sí, tengo dos) del que milagrosamente salí casi ileso. Seguí montando, pero mucho menos que antes. Desplazamientos cortos, utilitarios. Desde entonces no he vuelto a salir a pasear con ninguna de mis motos. Y mi hijo se muestra bastante indiferente cuando las ve. Quizá porque está acostumbrado a ellas. La primera la compré teniendo él 3 años, y la segunda, 7. Acabo de preguntarle si se acuerda de cuando compré estrené la Harley y dice contesta que no. Y al revés: si recuerda cuando yo no tenía la Harley y dice que tampoco. Para él siempre he tenido una Harley.

Pese estar acostumbrados a que su padre tenga motos, a mis hijos les da miedo subir montar, sobre todo en la Ducati, es alta como un caballo. Dicen que en un scooter sí lo harían (con transportín trasero para agarrarse, y si por ellos fuese, con un baúl de esos acolchados que también sirven de respaldo).

Y mi mujer se hizo una quemadura de segundo grado con uno de los escapes de la Ducati, y tampoco le tiene mucho aprecio. En cambio la Harley le gusta, pero a la Policía Local no. De manera que las circunstancias aconsejan cambiar una de las dos motos grandes por un scooter. Parece que La Harley forma parte de la familia (siempre ha estado ahí). Además, he gastado bastante dinero en ella para hacerla diferente, dinero que no voy a recuperar. Los tasadores no tienen en cuenta los extras: el doble disco delantero, el tacómetro, el segundo juego de escapes, las estriberas del pasajero, el asiento de cuero y alguna cosa más que ahora no recuerdo esas cosas. Así que la Ducati está en venta. No se ha interesado demasiada gente por ella. Y si os digo la verdad, no me importa demasiado. Aún tengo la esperanza de que mi hijo, algún día, diga: «mi padre tenía una Ducati que era alta como un caballo» (léase con entonación nostálgica).

P. S.: he deshecho todos los cambios en la configuración DNS de ayer. Tarda mucho en resolver la dirección. Ya se me ocurrirá algo más elegante para separar primera temporada de la segunda. Y si no, tampoco es tan grave. Imagino que el resultado tardará unas horas en repartirse por todos los servidores. Entre pitos y flautas espero tenerlo todo arreglado para el martes.

P. S. 2 (editado a las 16:50): mi hija me ha dicho, hace unos minutos, que no quiere que venda la Ducati.

:-)

sábado, 19 de enero de 2013

¿Togo?




Publicado en noviembre de 2001 por la Internacional de Servicios Públicos. Documento íntegro aquí (el original no aparece en la web del PSI). Pasen y lean. Y díganme si les recuerda algo.

Una aclaración tecnológica

Pues sí, ayer estuve trasteando en la configuración del nombre de dominio de este sitio, y después de una noche de actualizaciones de servidores DNS y esas cosas oscuras que intuyo pero no comprendo, el resultado ha sido el siguiente:

Si introducís en la barra de direcciones de vuestro navegador favorito http://elexperimentoludovico.com/ o simplemente elexperimentoludovico.com os llevará directamente a las entradas correspondientes a la Segunda Época.

Si introducís en la barra de direcciones de vuestro navegador favorito  http://www.elexperimentoludovico.com/ o simplemente www.elexperimentoludovico.com os llevará al blog completo.

En cualquiera de los casos, tenéis arriba las pestañas de cada una de las series, con lo cual podéis acceder fácilmente a lo que os interese.

Es una chapuza, lo sé. La única manera de separar limpiamente las dos épocas requeriría, con Blogger y hasta donde yo sé, alojarlas en URL's distintas, podrían ser dominios de segundo nivel bajo http://www.elexperimentoludovico.com/, pero en cualquier caso dos blogs, con lo que ello implica (dos sitios que administrar, doble faena). Si alguien sabe de esto y quiere aportar algo, le estaré muy agradecido.

viernes, 18 de enero de 2013

Convaleciendo

Estoy intentando escribir sobre una entrada que Ángel Gabilondo publicó en su blog El salto del Ángel y no consigo quitármelo de las manos. Además esta mañana, en la ducha, me he dado cuenta de que lo que estaba escribiendo no tenía nada que ver con lo que Gabilondo piensa o escribe, sino con lo que piensa otra persona acerca de algunas cuestiones que plantea ese artículo. La conclusión es que los asuntos particulares mejor tratarlos particularmente. Así que toca redactar una entrada empezando desde cero.

La ducha. Lo bueno y lo malo de los pensamientos en la ducha es que calan hondo. Son los primeros del día (si uno se ducha antes del desayuno). Es como cuando oyes una canción de la radio por la mañana nada más despertarte y no puedes dejar de repetirla dentro de tu cabeza, o incluso de tararearla. Igual es una canción de mierda, horrorosa, El baile del caballo o cualquier otra cosa semejante, pero ahí lo tienes, como un taladro percutor, chunda-chunda. Pues lo mismo con los pensamientos en la ducha. Esta vez ha sido Forrest Gump:

"Jenny, I don't know if Momma was right or if, if it's Lieutenant Dan. I don't know if we each have a destiny, or if we're all just floating around accidental-like on a breeze, but I, I think maybe it's both. Maybe both is happening at the same time".

No recuerdo exactamente cómo se dobló al castellano, y soy algo maniático con las citas, de modo que para poder entrecomillar la frase he buscado en Google lo que dice en el guión de la versión original. Creo que en castellano quedó algo así como:

Jenny, yo no sé si mamá tenía razón, o la tenía el Teniente Dan. No sé si cada uno tiene un destino, o si sólo flotamos en la brisa porque sí. Pero creo que quizá sean las dos cosas. Quizá sean las dos cosas a la vez.

En estos momentos estoy a punto de cerrar de un paréntesis que abrí hace menos de un año, aunque la decisión la tomé algo antes, en el verano de 2011. Y resulta que el período coincide, más o menos, con el tiempo que he tenido abandonado y cerrado El experimento Ludovico y el principio de esta segunda época. Es posible que sea casualidad, pero lo dudo. Lo cual me hace pensar en el destino y esas cosas. En las vacaciones de Navidad vimos con los niños Forrest Gump, enchufamos el vídeo para poder ver la película, la tenía en VHS (qué rápido pasa el tiempo), y me quedé con esa frase que pronunció Forrest frente a la tumba de Jenny (la peli ya tiene unos años, pero perdón por el spoiler).

No quiero darle demasiadas vueltas al pensamiento de la ducha. Con el paréntesis tenía un objetivo claro a medio plazo, un cambio "vocacional". Va a ser que no, y además supongo que tengo que estar agradecido, aunque las cosas no son lo que eran ni creo que vuelvan a serlo nunca. "Vocacional" entrecomillado porque esto no es una vocación, ni una profesión ni nada de nada, por mucho que dijeran los traductores de Max Weber. Weber, por cierto, sufría profundas depresiones, quizá por intentar convertir la política en una ciencia. Pero bueno, en aquella época alguna gente como Weber heredaba y podía vivir de rentas, así que aunque deprimido no tenía que ir a currar todas las mañanas.

Y en cuanto al experimento Ludovico, estoy trasteando en la configuración DNS de este blog, espero que no se me caiga el sitio.

Lo dejamos por hoy. Me siento un poco convaleciente.

domingo, 6 de enero de 2013

Feliz 2013


Publiqué esta entrada con precipitación. Quería decir algo sobre el 2013, y me llamaron tanto la atención los doodles de Nochevieja y Año Nuevo que pensé que merecían algún comentario. Si pasas el cursor por el doodle de Nochevieja versión "English only" descubres enlaces a otros que se publicaron para conmemorar los acontencimientos más importantes del 2012. Alan Turing, Rodin, Star Trek, el Mundial (de fútbol), los cuentos de Grimm... Lamentablemente he sido incapaz de reproducirlo, tiene mucho código que no entiendo. Pero podéis comprobarlo en el sitio de los doodles de Google, pinchando aquí (intento ponerlo fácil). El de Año Nuevo representa la misma escena, pero ya sin muchos de los protagonistas de la fiesta. Desaparecen personas, animales y objetos móviles (la Enterprise, por ejemplo), y cuando no, los enlaces. Las letras que forman la palabra Google parecen las anfitrionas, sirviendo y atendiendo a sus invitados por la noche y limpiando la mañana siguiente.

Esta mañana del día de Reyes me he levantado, y después de abrir los regalos he entrado en Google. El logo era el de siempre. El de todos los días. Supongo que eso no significa nada en particular, he repasado años anteriores y sucedió lo mismo. Pero parece que éste necesitaba a los Reyes Magos. Algo a lo que agarrarme para no pensar en mañana.

Se acabaron las fiestas. Volvemos al mundo real. En 24 horas los niños volverán al colegio, al menos los míos. Los mayores retomaremos nuestras rutinas después de una interrupción provocada más o menos por las vacaciones escolares, las comidas familiares y los regalos. Nos esconderemos de la prima de riesgo, de las elecciones en Alemania, de los consejos de ministros y fliparemos con el FMI y el BCE (a pesar de que también intentaremos huir de ellos). 2013 no tiene propósitos para el nuevo año. No he visto en la tele anuncios de colecciones de juegos de té, muñecas. Sólo una maqueta del acorazado Bismark. Un barco de guerra alemán, vaya por Dios.

Suerte.