sábado, 5 de octubre de 2013

Epicidad o la vida no es un anuncio


Epicidad. La primera vez que oí la expresión fue en boca de Willyrex, un muchacho que sube a YouTube vídeos comentados de gameplays. Y cada vez que veo el último anuncio de Nespresso, o alguno más antiguo de Red Bull o Voll-Damm, me viene a la cabeza el palabro. Me entran ganas de ser ejecutivo rompedor, músico, bailarín, explorador, tenista, surfero, motorista vagabundo, boxeador, jugador de rugby, paracaidista, bombero, reportero de guerra, pintor, pedorra, ecologista pro, mafioso de depósito de contenedores, montañero, skater, biker, piloto de avión o de Fórmula 1, traceur, espeleólogo, jugador de basket, piragüista de aguas bravas, saltador, DJ, astronauta. Me entran ganas de ir a por ello aunque me equivoque, aunque me cueste el coche, un par de dientes, mi próximo ascenso, pasar frío, hacerme daño, perder la cabeza, las formas o la legalidad, aunque haga el ridículo, me gane el desprecio o la soledad. Pero viviendo como yo quiero hasta las últimas consecuencias. Y quizá, y sólo quizá, llegar a ser quien soy. Y tomarme una cerveza a morro que acaba de servirme una camarera jamona en un bar mostoso, o un cafelín de máquina en mi despacho de doscientos metros del ático de un rascacielos de cristal en la City. Un barbudo con chupa de cuero raída o un master of the Universe con perfecto peinado y afeitado y nudo de corbata de precisión.

La cosa es que ya soy quien soy, supongo que el creativo quiso decir "ser quien quieres ser", y eso es lo más difícil de saber. Supongo que algunos se conforman con pasarlo bien, o con ser ricos, famosos, poderosos, o con tener una vida trascendente, mirar atrás y ver algo de grandeza. O con todo a la vez.

Si miro hacia atrás lo que veo no me gusta demasiado. Si miro hacia delante tampoco. Doy un segundo vistazo. ¿Como quién quiero ser? Difícil. Hasta hace poco no me cambiaba por nadie. Obviamente, querer ser como alguien y cambiarse por ese alguien no es exactamente lo mismo. No querer cambiarse por nadie añade un matiz: la esperanza de poder ser uno mismo, pero mejor. Continúo sin cambiarme por nadie, pero fantaseo con ideas absurdas. Un trasplante de cerebro o de cuerpo. Volver a nacer, retroceder en el tiempo. Una segunda oportunidad. Eso puede significar que creo sinceramente que la he cagado de manera irreversible. Que ya no puedo ser mejor.

Me cuesta mucho escribir. Puede que no tenga nada que decir.

2 comentarios:

theuc dijo...

Las crisis de identidad son jodidas porque son como una enfermedad rara sin síntomas cutáneos o demasiado salvajes a priori. Se nota que está ahí, pero se justifica en milésimas de segundo para seguir otro día más, otro rato más.

"Me habrá sentado mal la ensaladilla".

El problema de estar siempre con la mosca detrás de la oreja es que te acostumbras. Te acostumbras a que sea normal que no quieras levantarte de la cama, o que no quieras hablar con absolutamente nadie, o que prefieras beberte unas cervezas en tu cuarto que en un bar. Pero esa rutina no hace que sea más sano o más normal, en todo caso es más jodido cuando en los momentos de claridad te das cuenta de que tienes que ponerte a cambiar cosas, a tu edad.

Pienso como un viejo sin ilusión, pero la realidad es que sé que todavía me queda una cantidad ingente de mierda por ver.

La única esperanza es tomar las decisiones correctas desde ahora, y hacer X cambios para que ese futuro que se cierne sobre nosotros y tiene una pinta de mierda, no sea tan miserable como parece.

Trabajar con pequeños hitos. Ver a tal grupo. Visitar un país nuevo. Sonreír a la cajera del supermercado.

No sé. A veces me digo a mi mismo que mi método funciona, pero no se si tengo un método siquiera.

Ánimo.

Borde dijo...

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Un saludo.